Se metió disimuladamente el móvil en el bolsillo del pantalón, sin quitarle la mirada a Sophie que parecía nerviosa.
- ¿Habrá visto el wasap de Claudio?
A Darío lo último que le apetecía en ese momento era hablar con ella.
Bueno, ni con nadie.
Quería estar a solas para localizar datos de Claudio. Necesitaba saber más de él aunque solo fuera por curiosidad, se decía para convencerse a sí mismo.
- Yo no quiero ir más allá con él... Esto me lo tomo cómo un juego e incluso puede ser hasta divertido. No me vendrá mal en mi aburrida vida de abogado.
Efectivamente él sabía que aquello era un juego, que no podía ir a más porque si algo bueno tenía él, era que sabía controlarse en el tema de los sentimientos. Cuando caía la noche y se escapaba por bares "poco recomendables" de la ciudad, salía con un escudo puesto y se decía a sí mismo una y otra vez: ¡No te puedes enamorar! ¡Eso nunca! ¡Solo divertirte! Y hasta ahora siempre había cumplido su palabra. Se sentía muy orgulloso de sí mismo.
Cuando salía por la noche a divertirse siempre lo hacía a escondidas de todos sus conocidos y familiares. Y si se liaba con chicos, no iba con ellos más allá de simples besos, morreos y algún que otro toqueteo en la entrepierna. Pero nunca iba a más porque el sentimiento de culpa se manifestaba y le paralizaba completamente, teniendo que dejarlo todo a medio y desapareciendo por completo toda la excitación.
Sus encuentros fugaces siempre tenían lugar en baños o cuartos oscuros de pubs de mala muerte, en los que se concentraba lo peor de lo peor pero a él no le importaba porque a lo que iba era a colmar su deseo de una manera rápida y fugaz.
Hasta la próxima vez que volvía a repetir.
Se sentía tan triste a veces:
- Mi vida íntima es una mierda, se lamentó para sus adentros. Siempre escondiéndome y cuando hago algo, lo hago rápido, para salir del paso, no disfruto nada del sexo. Si tuviera una pareja y me enamorara sería todo tan distinto... Sabría lo que es sentirme plenamente satisfecho. ¡Pero no! ¡Eso no va a suceder jamás! ¿Un novio? ¿Yo? ¿Cómo se me ocurren semejantes tonterías por favor? Y a mi edad.
Sophie le sacó de su ensoñación:
- Quería aclarar lo qué ha sucedido Darío en la sala de juntas. Quiero que sepas que no ha sido culpa mía que Don Juan te haya apartado del caso. Yo he sido la primera sorprendida...Jamás lo hubiera imaginado. Tú siempre has sido uno de los mejores abogados del despacho y yo soy una simple pasante que solo quiere aprender y ser algún día tan buena cómo tú.
Eres una víbora, pensó Darío. Ahora pretenderá que le crea y todo.
- Ya sé qué no es culpa tuya. Si Don Juan lo ha decidido así, tendré que acatar su decisión. Sé que si lo ha hecho es porque es lo mejor para el despacho. Ahora si me disculpas... Debo regresar al despacho. Llevo ya un buen rato fuera y me ha llamado Leo que Don Juan quiere hablar conmigo...
- Querrá disculparse para aclarar lo que ha sucedido pero vamos nada del otro mundo, estate tranquilo, no le des muchas vueltas a la cabeza o lo magnificarás. Ha sido un tanto violento para todos cuando has asomado la cabeza y has observado que la reunión había comenzado sin ti... Por cierto, al café invito yo. Puedes marcharte tranquilo.
Darío apuró el café y se levantó de la mesa.
Ella se sentó en su silla.
Y él se quedó con ganas de escupirle en la cara pero se contuvo.
- Esta víbora me quita la silla igual de rápido que me quita el trabajo. Así de fácil es para ella. Pero ya tendré ocasión de vengarme, tiempo al tiempo...
- Ciao, dijo ella despidiéndole con la mano.
Él se dirigió hasta la salida y salió afuera a la calle.
Comenzó a andar en dirección al despacho pero a medio camino se detuvo.
El corazón comenzó a palpitarle más rápido.
La ansiedad ya estaba ahí de nuevo.
Tenía comprobado que cuando hacía "algo" qué no debía y su conciencia le decía que aquello "no estaba bien", ese era el precio que días después pagaba: con la ansiedad.
Estaba claro que no podría seguir por mucho tiempo más llevando esa doble vida o le costaría la salud.
Y por lo que le había contado el tal Claudio, esta vez se le había ido la situación de las manos. Parecía que había bebido demasiado hasta tal punto que no recordaba nada de lo que sucedió el sábado. Pero estaba claro que nada bueno parecía...
Eran tantas dudas las que tenía...
Comenzaron a venirle de nuevo vagos recuerdos de esa noche.
Eran imágenes difusas.
Intentó concentrarse, tenía que lograr traer a su memoria más recuerdos que le ayudaran a recordar a Claudio.
Fue entonces cuando le vino a la memoria un pasillo alargado, oscuro, poco iluminado y con hombres a un lado y a otro que le miraban lujuriosamente. Algunos le sacaban la lengua, otros le guiñaban un ojo y otros le hacían un gesto con la mano para que les siguiera.
Y él se dejaba llevar cómo por una fuerza extraña que lo empujaba hacía el fondo de ese pasillo...que no recordaba donde finalizaba.
- ¡Dios! Espero que no me viera nadie conocido, se lamentó.
Notó cómo el móvil comenzó a vibrarle de nuevo en el pantalón.
Era un wasap.
Podría ser de Claudio.