Capítulo 15

1157 Words
Darío se giró y miró impaciente hacia donde le indicaba el camarero. Era una barra pequeña llena también de gente esperando su turno para pedir. Cuando volvió de nuevo la cabeza, el camarero ya había desaparecido, se había desplazado por la barra para atender a otras personas que esperaban impacientes. Darío le miró y observó como se le transparentaba toda la polla bajo el pantaloncito corto transparente. Se hubiera quedado ahí toda la noche mirándole. Aquello era ya más de lo que esperaba. Nunca había visto nada igual en ningún pub ni discoteca. Dio un sorbo a la bebida y cogió la copa. Se abrió paso entre la gente. El corazón le iba a mil, parecía que se le iba a salir por la boca. Estaba impaciente por verle, por conocerle, por saber de él... Hasta ahora todo se había limitado al intercambio de unos cuántos wasaps pero al mismo tiempo se moría también de la vergüenza, quizás porque no tenía la suficiente confianza en sí mismo y le daba miedo que Claudio le pudiera rechazar, por no ser lo que él esperaba. Caminó en dirección hacía la barra con paso firme. Se había armado de valor, ya nada ni nadie le detendría. No era la primera vez que perdía la oportunidad de conocer a algún chico por culpa de su timidez. Llegó a la barra y asomó la cabeza por entre la gente que comenzó a mirarle mal pensando que se quería colar. Darío levantó en alto la copa para que comprobaran que no era su intención. Detrás de la barra pudo contar hasta tres camareros. Se les veía agobiados. "Quizás ahora no sea el mejor momento... No sí lo es, déjate de chorradas, lo que tienes es miedo, lánzate y no seas cobarde o perderás la oportunidad de hablar con él y cuando llegues a casa, te arrepentirás..." Avanzó un poco más movido por una extraña fuerza y se coló por un hueco qué había quedado libre entre la gente. Llegó hasta uno de los lados de la barra con mucha dificultad porque la gente hacía barrera para que no se pudiera colar. "Desde aquí no me va a ver" "Me he puesto en el peor sitio" Un camarero rubio con los ojos azules se dirigió hasta dónde estaba Darío. "Que tío más guapo, es perfecto...a ver si fuera éste..." Iba vestido también con unos pantaloncitos transparentes que dejaban poco a la imaginación. A Daniel le parecía que llevaba la polla erecta porque tenía un gran bulto allá abajo... "Dios está para comérsela entera..." Cuando Darío pensó que se dirigía hacía él, se paró el camarero antes para atender a dos chicas que iban cogidas de la mano y se besaban apasionadamente. Darío pensó que tenían toda la pinta de que se hubieran conocido esa noche, por la pasión con la que se besaban. Darío descartó a ese camarero porque ni se molestó en mirarle. Solo quedaban dos camareros, uno estaba en la otra punta de la barra y el otro, en el centro de la barra. Se apreciaba que la barra se la habían dividido en tres partes para cada uno de ellos y poder así atender a todo el mundo a la vez. Darío observó a los otros camareros. Uno u otro le hubiera dado igual porque los dos estaban buenísimos. "Que cañones de tíos" "Cómo se ha fijado un tío así en mí, no lo puedo entender, iría borracho está claro..." Su baja autoestima comenzaba a manifestarse y a frustrarle. Estaba a punto de darse la vuelta y huir pero como Darío había aprendido a conocerse muy bien lo tenía todo controlado y ya sabía que aquellos pensamientos negativos eran para hacerlo sentir culpable y conseguir que huyera de allí, lejos, muy lejos...y volver a estar completamente solo pero Darío no quería terminar su vida solo, era una de las pocas cosas que tenía claras en la vida. "Pues no me voy a marchar" "Hasta que no le conozca no me voy a ir de aquí en toda la noche" "No voy a ser más un cobarde en mi vida" Apoyó los codos en la barra mientras daba sorbos a la copa sin quitar la mirada a los camareros. Esperaba alguna señal de ellos pero no notó nada. Apuró la copa y dejó el vaso sobre la barra. Decidió pedirse otra copa. Necesitaba beber para tener más valentía porque por sí solo no era capaz de lanzarse. Sabía que en el fondo era un cobarde. Levantó la tarjetita para llamar la atención del camarero. El camarero le hizo un gesto con la mano de que iba enseguida. A Darío las piernas le temblaban de los nervios. "Si no fuera este camarero, por exclusión tiene que ser el de la otra punta que no está nada mal tampoco...aunque me gusta más este. Además menuda polla tiene el colega, se le está saliendo por fuera del pantalón, le cuelga por la pierna..." "Es preciosa" El camarero se aproximó a Darío: - ¿Qué vas a tomar? le gritó al oído. Darío le sonrió pero el camarero no le correspondió, por lo que estaba claro que era el otro camarero pero éste tampoco le miraba. Era todo muy extraño. - Un Licor 43 con cola. El camarero se retiró y fue a por el vaso, los hielos y cogió de un estante iluminado con decenas de botellas, la botella de Licor 43. Darío miró al otro camarero descaradamente pero éste ni se inmutó. "¿Pero quién mierda es Claudio?" "A ver si el camarero me ha mentido y no está poniendo copas en esta barra..." "Mira qué me voy a casa a dormir" "Me estoy hartando ya de hacer el pringado esta noche" El camarero regresó con un vaso con hielo y la botella de licor. Echó la bebida sobre el vaso y le pidió a Darío la tarjetita para tachar la consumición. Se la devolvió de nuevo la tarjetita. Darío saltó: - Oye perdona, una pregunta... El camarero se aproximó a Darío agachando la cabeza para escucharle mejor. - ¿Trabaja en esta barra Claudio? Es que le estoy buscando y no doy con él... El camarero le miró extrañado porque no entendía muy bien que buscara a alguien a quien no conocía. - Sí, es aquí en esta barra. Vuelve enseguida, ha ido a por vasos. - ¡Ah gracias! Le espero entonces aquí. Pero el camarero no le había escuchado porque ya había desaparecido. Darío dio un sorbo a la bebida. La mano le temblaba, no lograba relajarse. Ahora sí que iba a conocer por fin a Claudio. Justo en ese momento observó cómo una puerta que había junto a uno de los extremos de la barra, se abrió. Apareció una bandeja con muchos vasos que portaba en las manos un chico alto, moreno y perfectamente musculado. Darío nunca había visto a alguien tan guapo. El corazón le dio un vuelvo.
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