Capítulo 16

919 Words
Claudio no vio a Darío. Caminó hasta la otra punta de la barra y dejó la bandeja de vasos sobre la barra. Comenzó a colocarlos rápidamente de uno en uno sobre un estante. Darío le observaba fijamente. No llevaba camiseta y su cuerpo brillaba por el efecto de la purpurina dorada. Era un cuerpo fibrado, atlético, perfectamente definido. El cabello iba mojado, ligeramente peinado hacía atrás. Sólo vestía unos pantaloncitos cortos transparentes que no dejaban nada a la imaginación. Darío observó que la polla iba colocada hacía un lado. Era más grande que las otras que había visto de los otros camareros. "¡Qué pedazo de polla tiene!" "¡La quiero toda!" La polla se le puso muy dura. Tenía que saludarle, no podía demorarlo más. Quería conocerle aunque solo fuera para una noche, tenía que ser suyo. Deseaba ese cuerpo desnudo para él solo y saborear su polla tranquilamente, sin prisa. Darío notó cómo la excitación recorría todo su cuerpo. Frotó disimuladamente su polla contra la barra. Dejó la copa, se armó de valor y se fue hasta donde se encontraba Claudio. Sonaba la música de Jenifer López. Desde la pista de baile se oían los gritos de la gente enloquecida bailándola. Darío se puso al lado de dos chicos que habían pedido dos copas. Claudio echaba la bebida en los vasos levantando la botella de whisky en alto. Aún no había visto a Darío, estaba concentrado echando la bebida. Darío oyó cómo les dijo el precio de las consumiciones. Le entregaron un billete y se dio la vuelta para ir a la caja registradora a por el cambio. El culo se le transparentaba. Era respingón y daban ganas de mordisquearlo. Regresó con el cambio devolviéndoselo a los chicos y se giró hacía Darío. Dio un pequeño brinco moviendo las manos al ritmo de la música y sonrió feliz al verle. Se acercó a Darío rozándole suavemente la oreja. Darío se erizó. - ¡Hombre! ¡Ya estás aquí! No te había visto chico... ¿Estás mucho tiempo? - ¡Qué va! No hace mucho que he llegado! He estado dando una vuelta por la pista. Vino otro camarero y le dijo algo al oído a Claudio por detrás. A Darío le pareció que le estaba llamando la atención. - Lo siento es que estoy trabajando y tengo que seguir... luego hablamos más tranquilos, si te parece. A Darío no le dio tiempo a contestar porque Claudio ya se había marchado a atender a un grupo de chicos que se habían colocado impacientes en la barra. Claudio ya ni le miraba. No entendía Darío porque extraña razón se había puesto celoso. Se apartó de la barra y comenzó a andar por la sala. La discoteca estaba llena de gente que transitaba de un lado para otro. Se sentía observado. Un chico pasó y le guiñó el ojo. Después le sacó la lengua moviéndola obscenamente. A Darío no le gustó nada y lo esquivó. De pronto se sintió perdido, sin rumbo. Pensó que lo mejor que podía hacer era irse a casa porque no quería estar de colgado toda la noche. Buscó con la mirada los baños. A lo lejos vio un cartel luminoso que indicaba donde se encontraban. Fue hasta allá. Caminó por un pasillo que desembocaba en dos puertas a los lados: la de la izquierda ponía escrito en la pared "baños" y en la de la derecha "cuarto oscuro". Darío se detuvo sin saber a cuál entrar... Le dio mucho morbo entrar al cuarto oscuro... Decidió entrar a los baños a orinar porque no aguantaba más. Estaba todo lleno de hombres que se miraban lascivamente. Al entrar se encontraban unos urinarios para ponerte de pie y al fondo había unas hileras de puertas. Darío se quedo en los primeros y se puso de pie a orinar. Se desabrochó el pantalón y se sacó la polla. Al lado suyo había un chico también orinando. Comenzó a mirar a Darío de reojo y después ya más descarado. Se hizo hacía atrás y Darío comprobó que estaba completamente empalmado. Darío se empalmó también. Quería orinar pero no podía con la polla tiesa. Intentó relajarse mirando hacía el techo para poder orinar pero nada, no había manera, no se concentraba. Volvió a mirar al chico y se estaba masturbando frenéticamente sin pudor. Alguien llegó y se puso al otro lado de Darío. Era una Drag Queen enfundada en unos impresionantes tacones. - Hola Darío... ¿Qué tal estás? A Darío se le cayó toda la excitación y la polla se le quedó en nada, chiquitita. Se ruborizó. - Ho-la, perdona ¿Me conoces? No sé quien eres... La Drag ni se inmutó. Orinó, se abrochó los pantalones metalizados y miró a Darío: - Querido te conozco más de lo qué tú crees... pero ya te enterarás quien soy a su debido tiempo... ¡Disfruta la noche bellezón! Fue hasta un espejo a retocarse el pelo, se repasó los labios con carmín rojo y se marchó desapareciendo entre la gente. Darío la perdió de vista sin saber quien era. Había descubierto su secreto. El chico también había desaparecido, ya no había rastro de él y no le volvería a ver nunca más. Salió de los baños. En el cuarto oscuro observó una cortina de terciopelo granate en la entrada. Darío se armó de valor y ladeó con la mano la cortina. Ante él se abrió un pasillo completamente oscuro con pantallas de televisión que proyectaban cine porno. Decidió entrar...
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