Bailu y Gyria se detuvieron frente a un mar de oro, el sembradío de trigo se extendía delante de ellos varias hectáreas, en verdad lucía como un mar de oro, al menos desde la altura en la que estaban parados. El lobo de Bailu empezó a olfatear buscando alguna señal del vampiro, habían demasiados olores de vampiros, varessias, humanos y algo que no había olido antes, un olor bastante extraño. Gyria decidió bajar y echar un vistazo entre las plantas de trigo, su alta figura pronto desapareció de la vista, Bailu solo podía seguir su rastro por los tallos de trigo que se inclinan ligeramente al paso de su compañera. Buscaron por más de una semana sin ningún éxito, no lograban encontrar ni el nido de los vampiros ni a ningún vampiro, por las noches podían verlos como nubes venenosas movié

