«Lo último que debe escuchar tu presa son tus palabras» Los labios de Karima se acercaron al oído del vampiro quién tembló de emoción, su voz fue tan solo un susurro: — Yo, Nymoane, jamás reinaré sobre ustedes criaturas despreciables y repugnantes… Las manos de la muchacha se movieron con velocidad, y dos dagas de hueso se clavaron en la columna del vampiro al tiempo que sus palabras retumbaban en la consciencia de éste. — … pag@ con tu vida, las vidas que tu infame raz@ me arrebató. Las dagas salieron de la columna del vampiro dejándolo inmóvil, sus conexiones nerviosas habían sido destruidas, Karima retrocedió y Gardeq se lanzó sobre el vampiro cuyo rostro solo reflejaba incredulidad y de un mordisco le arrancó la cabeza. Las piernas de Karima temblaron, clavar las dagas en la

