La atmósfera en el departamento de Hernán es pesada, cargada de una tensión que parece estar a punto de estallar. En un momento de debilidad, mi corazón me lleva a hacer lo que nunca pensé que haría de nuevo. Nuestros labios se encuentran, y el mundo exterior desaparece. El beso comienza con un roce suave, pero pronto se convierte en algo más ardiente, desesperado. El calor de su cuerpo me envuelve, y siento cómo sus manos recorren mi espalda, explorando cada curva con un toque que me hace estremecer. La suavidad de su piel contra la mía despierta un fuego interno que había estado apagado, y mis manos responden, entrelazándose en su cabello mientras lo acerco aún más. La habitación se siente más pequeña a medida que nos movemos hacia el sofá, nuestro beso se vuelve más intenso, lleno de

