❃ Capítulo 2 ❃

1904 Words
— ¡Zoe! —. Grita Sarah, haciendo que me asustará. —Vi como lo miraste, te gustó mucho verdad —. Insinúa de forma pícara, no podía negarlo me dejó encantada, de hecho, parecía estar en un sueño en el momento que lo vi, su tierna y profunda mirada me cautivo, por  un momento me sentí perdida en sus oscuros ojos que me hicieron estremecer.   — Te entiendo Zoe, era un chico de ensueño, ¿Viste todas esas chicas? Morían por él, era obvio, incluso nosotras ja, ja, ja —. Dijo soltando una carcajada, ella tenía razón, parecía un príncipe sacado de una historia romántica con final feliz. Decidimos retomar nuestro camino hacia el restaurante y dejamos que ese bello hombre fuera simplemente parte de nuestros recuerdos, llegando al lugar todo parecía muy romántico, era un lugar totalmente apartado al centro comercial, las paredes con un lindo color dorado elegante, la mesas bien ordenadas y preparadas, hermosos manteles color crema con pequeños centros florales sobre la mesa y una inigualable acústica. Sarah sabía perfectamente que ordenar en lugares tan distinguidos y cómo comportarse con ostentosidad. Nos presentamos con la recepcionista a solicitar una mesa para dos, nos indicaron una primorosa mesa cerca de la ventana donde se puede apreciar la bella ciudad nocturna.  Sarah decidió ordenar Asado agridulce de Baviera, un platillo muy caro, como era de esperar, yo opte por uno que simplemente sonaba delicioso, Strudel de carne y queso, nos mantuvimos hablando de lo deslumbrante que es la ciudad y como Yale parece un hermoso castillo rodeado de abundante naturaleza, los pasillos tan enormes y los salones organizados de par en par. Logramos divisar al mesero acercarse con nuestra orden y en un pestañeo veo como el mesero sirve nuestros platillos sobre la mesa.  — Huele exquisito, se ve apetitoso —. Exprese con una sonrisa mientras parto un trozo para que Sarah lo pruebe.  — Ten, saborealo —. Dije mientras lo colocaba en su plato, aprecie el deleite que le provocó el sabor de la comida mientras que ella trocea un poco de su carne que luce suculenta, acercando hacía mi su platillo dice. — Abre la boca, di “aaah” —. Exigió con su enternecedor tono de voz, siguiendo su juego decidí extenderme y hacer lo que me pidió, la carne estaba deliciosa, por su consistencia, sabor y color pude darme cuenta que esté restaurante está más allá de cualquier otro al que haya podido tener la oportunidad de conocer. Comimos sin parar y nos tomamos nuestro tiempo charlando sobre cosas triviales del día, sobre la prueba que tuve en el café y lo genial que es ese trabajo, a Sarah le encanta hablar de maquillaje y las formas de usarlo, a mi me encanta oirla aunque no me maquillo mucho, ella dice que me veo mejor al natural, con mis lindos pómulos rellenos y rojizos, el tiempo se fue casi en un suspiro, se ha hecho muy tarde.  — Sarah, creo que deberíamos volver al apartamento, mañana me espera un día igual de ocupado —. Insistí porque moría por caer tendida en la cama y tener un sueño placentero, a pesar de que no trabaje mucho me siento cansada, se llena mucho el café por las noches, es de esperarse, un buen lugar y buena comida que no son muy caras, es perfecto para las personas locales, principalmente los estudiantes. — Está bien, pero prometeme que nos tomaremos el tiempo de recorrer cada rincón de esta ciudad —. Menciona Sarah, mientras me lanza una seria mirada señalándome con su pequeño dedo índice.  —Sííí, te lo prometo, ahora vámonos —. Supliqué mientras tomaba las bolsas de las tiendas y nos apresuramos a caminar a la estación. Mientras agarramos el metro, pensaba en lo afortunada que fui al ser aceptada en el empleo que no solo pagaban bien sino que podía hacer media jornada sin interrumpir mis estudios y sobre todo la distancia entre los dormitorios de Yale y la cafetería que era mínima, apenas tardaba 11 minutos en llegar de un lado a otro.  Sin embargo aún teniendo tantos pensamientos reconfortantes a mi mente se aparecía siempre uno, el chico de la tienda, esos segundos que lo vi fueron suficientes para intrigarme.  -Me intriga su voz -Me intriga su pensar -Me intriga su manera de ver la vida Quisiera conocerlo y saber más sobre él, pero obviamente sé que un chico como él no se  fijaría en alguien tan común como yo.  Por otro lado Sarah parecía tener la cabeza inundada de pensamiento como yo, me atreví a preguntarle en qué pensaba a lo cual ella responde —Zoé, en unos días empiezan nuestras clases, estaremos juntas en nuestro dormitorio pero nuestras carreras serán distintas, llegará el momento en que nos tendremos  que separar  y deseo que me hagas otra promesa —. La miré atentamente y a la vez un poco confundida. — Quiero que me prometas que siempre querrás contar conmigo y nunca dejarás de ser mi mejor amiga —. La miré seriamente para luego reírme un poco.   — Sarah esa promesa es muy fácil de cumplir —. Dije mientras no paraba de reír entonces me percate que ella tenía la cabeza observando algún punto del suelo, puse mi mano sobre su espalda y dando unas palmaditas le musité  —  Te lo prometo ¿Pinky promise para reforzar esta hermosa propuesta? —. Mencione con un ligero tono cálido, al escucharme ella se gira entrelazando su dedo meñique con el mio y sonríe de forma tierna —  ¡Pinky promise! —. Afirma sonriendo por lo feliz que está. En el resto del trayecto aprovechamos para sacar algunas fotos y mandarselas a mi madre  ya que le había prometido enviarle por lo menos una al día, elegí la foto con la pose más rara que hicimos Sarah  y yo y adjunte un mensaje contándole a mi madre todas esas emociones que experimente hoy, me despedí esperando que ella y Zac se encontraran bien, me di cuenta que mi telefono quedo sin bateria asi que decidí apagarlo. Era el momento de bajarnos del metro y caminar cuadra y media hasta el departamento. Una vez afuera de la estación me detuve a apreciar el cielo hermosamente despejado pero inundado de estrellas, pasó por mi mente si alguna persona en el mundo estaba apreciando las mismas estrellas que yo. Sarah me jala del brazo haciéndome volver a la realidad, me insinúa que muere de frío y que mejor apresuremos el paso. Llegamos al Room Housing de Yale subimos hasta el tercer piso donde se encontraba nuestra habitación, antes no tuve el tiempo de apreciarla pero esa habitación es hermosa, sus paredes totalmente blancas y el piso de parquet perfectamente limpio, la puerta estaba colocada justo en medio y se podía apreciar una cama individual en cada lado de la habitación, en la pared en medio de ellas se observaba  un ventanal enorme con cortinas azules y  enfrente dos escritorios cada uno con una pequeña lámpara de mesa perfecta para el estudió. Debajo de las camas se encontraban compartimentos para meter nuestras pertenencias, la habitación contaba con una puerta la cual dedujimos que daba al baño y acertamos, pude notar  un retrete, un espejo con lavamanos y al fondo una ducha color gris con una delgada cortina transparente oscuro, el piso hecho de cerámica azul y las paredes blanca como la parte principal del dormitorio. Me puse mi pijama favorito de leones y decidí tener una plácida noche, quedé dormida casi de inmediato. Me despertó escuchar a los pájaros cantar, veo la ventana entre abierta y ya es de mañana, los rayos de sol atraviesan las suaves cortinas azules, me acerco hacia la ventana para ver la nueva vida que nos espera, afuera un día tan soleado y verde, tal paisaje parece una hermosa y detallada pintura magistral. Los árboles azotan con fuerza por los vientos matutinos y la imperturbable luz del sol se puede sentir en el rostro. Al sentarme sobre la cama veo a Sarah aún durmiendo, me acerque a despertarla y dispusimos a repartirnos algunas reglas entre la habitación.     — Sarah quiero que me escuches atentamente —. Alce la voz, mostró seriedad en su cara y procedí a dictar lo que habíamos acordado.  — Regla número uno, el retrete será tallado 2 veces por semana, una vez por ti y otra por mí. — Regla número dos, no traer chicos a dormir —. Mencione, viéndola fijamente — Esto va más para mí que para ti —. Mofo con una sutil risa.  — Regla número tres, haremos las dos del mercado cada semana. — Regla número cuatro, debemos tener siempre limpio y ordenado nuestro lugar de trabajo y parte de nuestro dormitorio —. Procedimos a pegarlo en la puerta poniendo nuestra huellita en un lado de la página en forma de firma. — ¡Pido usar el baño primero! —. grito Sarah entrando al baño. Aproveche y ordene un poco mi ropa entre las gavetas que están debajo de mi cama, deje sobre la cama la ropa que seleccione para ir a mi trabajo en la cafetería por la tarde. Empecé a escuchar sonidos provenientes de mi estómago así que decidí salir a comprar algo de comer para las dos.  — Sarah, saldré a comprar unas cosas, no demoraré —. le alce un poco la voz mientras salía por la puerta. Me dirigí a un supermercado que vi ayer de camino a los dormitorios, parecía bastante variado, había muchos productos enlatados y comidas instantáneas, así como pastas y muchas frutas y verduras. Cogí un cesto del supermercado y metí en él dos sobres de ramen instantáneo, junto con unas salsas de tomate, especias, carne picada y dos paquetes de pasta. La fila hacia el cajero parecía vacía así que no tardé mucho en pagar e irme hacia el campus.  La gente en las calles suele colgar información sobre empleos o buscar ayuda así que me acerque a un mural lleno de anuncios que estaba cruzando la calle y visualice uno en especial, ¡Necesitaban una cosmetologa! y aunque Sarah no tenga ningún certificado que avale que lo es, sé que es la mejor para ese trabajo. Muy emocionada corrí hasta llegar a nuestro piso, ella ya estaba radiante como todos los días.  — Sarah, tienes que leer ésto, necesitan una cosmetologa, es tu oportunidad de empezar a desarrollarte en lo que te gusta —. Comente mirando ansiosa su reacción. Sarah tomó el papel y con unos brillantes ojos color miel me expresó.  —  Zoé, my time to shine, es perfecto para mí y podré tener mi primera experiencia trabajando con maquillaje.  — Ven, celebremos con ramen, compre uno de carne de cerdo para ti y otro de mariscos para mí  —. Devoramos ese ramen en seguida, mire la hora en mi móvil y me indicaba que debía alistarme para ir a la cafetería. Puse una canción para ducharme, mientras lavaba mi delicado cuerpo con una esponja, me di cuenta que cuando tenía tiempo para mi sola aparecía la mirada de aquel chico en mi mente, lo cual me hacía erizar.  — Pero está vez no, ¡deja de pensar en él, Zoé! , concéntrate en tus estudios  —. me regañé antes que ese sentimiento dentro de mí creciera sin control.
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