Nos sentamos en una mesa más grande con nuestra comida. Si hubiera sabido que David iba a estar aquí, al menos me habría esforzado un poco más en elegir qué ponerme esta noche. Llevaba un top corto de lana gris con mangas, unos vaqueros sencillos y unas botas negras.
—Disculpas, tengo que contestar esto, probablemente sean mis padres, que vienen aquí—, nos anuncia David.
Sale, pero cruzo la mirada con él y me hace un gesto para que lo siga. Laura me sonríe y me guiña un ojo.
—Yo te cubro—, me susurra.
Me levanto de mi asiento cuando mi padre y los demás no miran y me dirijo hacia la puerta de salida. Siento que una mano me agarra del brazo y me lleva a un callejón. Cuando me empujan contra la pared y veo que es David, le sonrío.
—Hola—, dice mientras sus labios se posan en mi cuello.
Gimo un “hola” y lo atraigo hacia mí agarrándolo por el cinturón. Él gruñe:
—Cariño, no hagas eso, no voy a poder controlarme—. Le sonrío y me inclino hacia él para poder besarlo.
—Te deseo—, le susurro contra los labios.
—No podemos, cariño, tenemos que volver dentro. Si lo hiciéramos, quiero que sea especial—, me aparta el pelo de la cara y yo hago pucheros mientras él suspira. —Deja de hacer eso—, me besa en una mejilla antes de besarme en la otra, luego se desplaza hacia mi nariz y me da numerosos besitos en los labios. Se detiene cuando estoy riendo a carcajadas.
Nos miramos un rato y le tiro de la corbata para profundizar el beso. Sonreímos mientras nos besamos, pero nos separamos al oír que alguien carraspea.
Miramos a la persona que nos ha interrumpido y vemos a un hombre que parece tener unos cincuenta años, con el pelo corto y canoso. Mide alrededor de metro ochenta y tiene una expresión seria en el rostro.
—Papá, aquí no hay nada que ver —le dice David al hombre. El hombre se burla y me mira, pero luego vuelve a mirar a David.
Mi3rda, el padre de David nos acaba de pillar. ¿Qué pasará ahora?
—Bueno, ¿vas a presentarme o te vas a limitar a mirarme como si fuera un pollo sin cabeza?—, dice el padre de David, molesto.
David carraspea.
—Eh, papá, esta es Frida... mi alumna—. El hombre abre mucho los ojos ante la elección de palabras de David y suspira mientras se lleva los dedos al puente de la nariz.
—Hijo, tienes suerte de que tu madre no te haya pillado, porque te habría echado una buena bronca... Hola, cariño, soy Stefan—. Le estrecho la mano y sonrío nerviosamente.
—Y... ¿cómo ha pasado esto?—, nos pregunta.
—Simplemente pasó, padre... No puedo explicarlo, pero si tienes que saberlo, tiene diecinueve años y este es su último año de universidad—, le explica David a Stefan.
—Ya veo... Bueno, no esperaba a una estudiante ni a alguien más joven, pero si de verdad crees que esto es algo que los hace felices y puede alejar tu enfado de Renata, entonces me alegro por ustedes—. Stefan nos sonríe, lo que nos hace suspirar aliviados.
—Gracias, padre, pero debo advertirte de que nos hemos reunido con su padre, su madrastra y su hermanastra, así que, por favor, no hagas que parezca sospechoso—, suspira Stefan y luego asiente con la cabeza mientras atravesamos las puertas.
—¿Dónde has estado?—, me pregunta Lily.
—Como te dije, recibió una llamada de una compañera de clase sobre los deberes que había que entregar... ¿Por qué nunca me escuchas?—. Laura la mira fijamente mientras me siento a su lado.
Thomas se baja del regazo de Laura y se sube al mío.
—No me gusta Lily ni la chica que está con ella—, me susurra al oído. Le sonrío y lo acomodo bien en mi regazo.
—Vaya, mi hija se lleva bien con los niños, así que no me sorprende que a Thomas le haya caído bien nada más conocerla—, sonrío con torpeza mientras Thomas arruga la nariz, confundido, y está a punto de hablar, pero lo detengo haciéndole cosquillas.
Se calma y apoya la cabeza en mi hombro mientras ve Los Octonautas en mi teléfono. Crecí viendo películas y serie, así que decidí enseñarle a Thomas una de mis series favoritas que solía ver cuando tenía su edad. Le encanta.
Termino de comerme el curry y me siento allí observando la mesa. Lacey está mirando demasiado a David. Ni siquiera estoy celosa.
La madre de David es la persona más linda que he conocido. Me estaba enseñando fotos en su móvil de cuando David y Laura eran pequeños. Aunque le costó un poco acostumbrarse a la aplicación de la galería. También estaba charlando conmigo sobre cómo va la universidad y si los métodos de enseñanza de David están ayudando, a lo que respondí a todas sus preguntas con sinceridad.
—Bueno, David, ¿cómo van Renata y tú?—. Todos se detienen y miran a David, excepto yo. La madre de David y Laura lanzan miradas asesinas a Lily. Aparto la vista de ella y le cojo la mano bajo el mantel para que nadie pueda verlo. Se la aprieto y él suspira. Baja la vista hacia Thomas, que se ha quedado dormido en mis brazos, y sonríe.
—De hecho, nos estamos divorciando.
—Sí, ella mencionó que lo había solicitado—, dice Lily.
—Bueno, lo que ella dijo era mentira, porque fui yo quien presentó los papeles del divorcio—, dice él.