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El Alfa CEO No Me Dejara Ir

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Blurb

Raine ha pasado la mayor parte de su vida sobreviviendo en silencio, atormentada por un pasado que no puede recordar por completo y por un mundo que nunca le ha mostrado bondad. Para todos los demás, no es más que una chica rota.Pero el destino tiene otros planes.La noche en que se cruza con Torak, un temido Alfa Lycan conocido por su fuerza despiadada, su vida da un giro peligroso. En lugar de rechazarla, él la reclama… no como una presa, sino como alguien a quien debe proteger a cualquier precio.Porque Raine no es una chica ordinaria.Oculto bajo su frágil apariencia yace un poder capaz de alterar el equilibrio entre los mundos. Mientras antiguos enemigos resurgen y una guerra enterrada durante siglos comienza a despertar, Raine se convierte en el centro de una profecía que amenaza tanto a los Lycans como a los demonios.Unida al destino, perseguida por la oscuridad y dividida entre el miedo y la confianza, Raine deberá descubrir la verdad sobre quién es realmente.Y Torak tendrá que decidir…¿La protegerá por deber o arriesgará todo por un amor que podría destruirlos a ambos?

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Capítulo 1
Cientos de años después… La pequeña Raine estaba arropada en su cama después de que su madre terminara de contarle su cuento antes de dormir. Su cabello rizado, n***o como la tinta, estaba esparcido sobre la almohada blanca, mientras sus labios color cereza formaban un pequeño y adorable bostezo y sus ojos parpadeaban, intentando luchar contra el sueño. Todavía quería escuchar el cuento de su madre, pero el sueño terminó venciendo. Raine Tatum era una adorable niña de ocho años que cumpliría nueve pasado mañana. Estaba muy emocionada por la fiesta de cumpleaños que sus padres habían organizado para ella. —Buenas noches, Raine… —Su madre besó su frente antes de levantarse y apagar la luz mientras salía de la habitación. —Buenas noches, mami —dijo Raine mientras abrazaba a su osito de peluche. Segundos después, la pequeña cayó en un sueño profundo. La noche estaba en silencio. Demasiado silencio. La inusual oscuridad, espesa como la niebla, parecía rodear a Raine. La sensación de una mano fría tocando sus piernas la despertó. Intentó apartarla y volvió a dormir, pensando que solo había sido un sueño. Lo siguiente que supo fue que el agarre se hizo más fuerte. Solo entonces los ojos de Raine se abrieron de par en par. Miró hacia sus piernas y allí se encontró con un par de ojos tan rojos como la sangre. Estaban clavados en los suyos. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo al instante. Y aquella «cosa» de ojos rojos también estaba trepando sobre ella. Tenía una cavidad rodeada de dientes afilados en el lugar donde debería haber una boca. Las frías manos de aquella cosa subieron desde sus piernas hasta su cuello, intentando estrangularla. Su aliento caliente le golpeó el rostro, dejando a la pobre niña aterrorizada. Paralizada y en estado de shock, no podía respirar, mucho menos gritar pidiendo ayuda. Su cuerpo temblaba de manera incontrolable. Era como si le hubieran arrancado el aire de los pulmones. Estaba sin aliento. No sabía qué iba a suceder, pero el dolor en su pecho provocado por la falta de aire la hacía sentir cada vez más incómoda. Su cuerpo convulsionaba como consecuencia de lo que estaba ocurriendo. Raine intentó patear a la «cosa» que la estrangulaba, pero fue otro intento inútil. Cuando su visión comenzó a volverse borrosa y la oscuridad estaba a punto de envolverla, la puerta se abrió de golpe, acompañada por la voz áspera y aguda de un hombre. —¡Detente! —gritó. El hombre de ojos rojos se apartó bruscamente y la soltó. Raine aprovechó la oportunidad para llenar sus pulmones de aire mientras su cuerpo caía al suelo, adolorido. —Mami… —logró llamar débilmente a su madre. —Mami… —la llamó nuevamente entre sollozos, pero su debilitada voz apenas era un susurro. Con las pocas fuerzas que le quedaban, Raine levantó lentamente la cabeza para mirar al hombre que estaba de pie en la entrada de su habitación. Llevaba un suéter n***o y unos jeans rasgados. Su largo cabello n***o estaba atado en la nuca, y su sonrisa… Su sonrisa era tan cruel que dejaba al descubierto sus colmillos alargados. Raine soltó un fuerte jadeo antes de comenzar a llorar desconsoladamente. —¡Cállate! —gruñó él. Raine estaba aterrorizada y su llanto se hizo más fuerte mientras llamaba desesperadamente a su madre. —Mami… Mami… —¡CÁLLATE! —rugió. Su mano derecha golpeó la parte superior de la cómoda de Raine, haciéndola pedazos. La pequeña inhaló bruscamente y retrocedió gateando hasta esconderse debajo de la cama, refugiándose allí mientras temblaba de miedo. —¡Cambia de forma! —ordenó al hombre de ojos rojos. Con un gruñido, el cuerpo de aquella «cosa» comenzó a sacudirse de manera extraña mientras sus dedos largos y fríos se encogían hasta adquirir un tamaño humano normal. La cavidad de su rostro se transformó en un par de labios que se curvaron en una sonrisa burlona, y su cuerpo se convirtió en el de un hombre humano con el torso desnudo. Sus ojos rojos permanecieron sin cambios. —¿Por qué me detuviste? —preguntó. El hombre se sentó deliberadamente sobre la cama, haciendo que el colchón se hundiera bajo su peso. Raine se estremeció y soltó un chillido mientras permanecía acurrucada debajo de la cama. —Ella es la chica que Lucifer ha estado buscando durante el último siglo. —¿Cómo sabes que es ella? —El hombre de ojos rojos se encogió de hombros mientras hablaba con el hombre que estaba en la puerta, quien lo observaba con los ojos peligrosamente entrecerrados. —Puede verme cuando cambio de forma. Cualquier humano común jamás habría podido ver a un cambiaformas en su otra forma. Por lo tanto, Raine no debería haber podido verlo como lo había hecho antes. Pero podía hacerlo. Lo veía con absoluta claridad. Los ojos del otro hombre brillaron mientras se acariciaba la barbilla. —La llevaremos ante Beelzebub. Viva. Al terminar sus palabras, un aterrador gruñido del hombre de ojos rojos llenó la habitación. Su voz hizo temblar la cama y Raine gimió de miedo debajo de ella. El suéter n***o del hombre se había rasgado en pedazos mientras su largo cabello n***o caía detrás de él. Raine gimió cuando, sin previo aviso, su mano ensangrentada agarró la parte trasera de su pijama y la sacó violentamente de la habitación. Arrastró a la pequeña por el pasillo, alejándola de su dormitorio. Una vez más, gritó con todas sus fuerzas, intentando llamar a su madre y a su padre. Pero no hubo respuesta de ningún alma viviente a su alrededor. Imposible… El hombre aterrador acababa de pasar frente a la habitación de sus padres. No había manera de que no hubieran escuchado sus fuertes gritos, sin importar lo profundamente dormidos que estuvieran. Raine lloró e intentó liberarse del fuerte agarre del hombre. Le arañó la mano con las uñas, pero su piel era increíblemente dura, como si estuviera hecha de mármol. Intentó golpearle la pierna, pero su intento fue igualmente inútil. Él ni siquiera se movió. Entonces mordió la mano que sujetaba su pijama. Y solo entonces logró llamar la atención del hombre. El hombre dejó de caminar y levantó a Raine con su mano izquierda. El intento de la niña por escapar lo irritó hasta el punto de enfurecerlo. Con un gruñido bajo de rabia, lanzó a Raine contra la vitrina de cristal donde su padre guardaba su colección de miniaturas de torres que había conseguido durante sus viajes. El cristal se hizo añicos en el instante en que el cuerpo de Raine chocó contra la vitrina. En cuestión de segundos, pequeños fragmentos de vidrio se clavaron en diferentes partes de su cuerpo, haciendo que la niña llorara de dolor. Los cristales rotos quedaron esparcidos por todo el suelo. —Mami… Papi… —lloró mientras los fragmentos le cortaban los pies cuando intentaba ponerse de pie. Pero el miedo al hombre que tenía delante la dejó paralizada. Retrocedió antes de correr hacia la puerta abierta de la sala de estar. Mientras Raine corría hacia la entrada, vislumbró dos cuerpos sin vida tendidos en el suelo. La sangre brotaba de las heridas abiertas en sus cuerpos. ¡Los conocía! —¡Mami! ¡Papi! —gritó horrorizada. La escena era demasiado aterradora para ella. Traumatizada por lo que tenía delante de sus ojos, Raine cayó al suelo mientras un desgarrador grito escapaba de sus labios. Temblaba y se estremecía de manera incontrolable. Se cubrió los ojos con las manos. Entonces sintió que el hombre se acercaba nuevamente y la levantaba del suelo de un tirón. Raine gritó al sentir que su cuerpo volaba por el aire antes de estrellarse contra la pared. El dolor era simplemente insoportable. Sin embargo, ella no fue la única que gritó de dolor. Extrañamente, aquel hombre también soltó un grito agudo mientras sufría un intenso dolor por alguna razón desconocida.

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