Capítulo 6

949 Words
Treinta días habían transcurrido desde que pactamos encontrar el apellido que escondía la letra “K”. Aún no habíamos llegado a ninguna parte. Lemos sobre por sobre, analizamos lugares de los que se hablaban en ellos segun las fotografias de google eran muuy bonitos. Un llamo particularmente mi atencion, se tratba de un hermoso lago en las afueras de Liverpool segun las fotografi estaba rodeado de un frondoso bosquesito y una hermosa cascada lo llenaba, pude ppor un momento imaginarlos en aquel pedacito de paraio, podia ver a Cris levantando a Kimi en hombros y lanzandola al mismo para luego saltar detras, comenzando a peleear por arruinjar su maquilaje y ropa, pero tiempo despues terminar jugando y haciendo bromas. A veces me ppongo a pensar, el amor entre Cris y Kim habria surgido luego de una adolecencia cargada de buenos y malos momentos, fruto de una hermosa amistad, aqui es donde mi cabeza comienza a trabajar a mil por hora, ¿nuestra amistad hubiera tenido oportundad de acabar igual?, esa seria una interrogante para la que no encontraria respuesta nunca por que ya no estas.  Por que has decidido no estar. *** Los últimos días fueron un caos, todos corriendo desorientados y cansados, ¿Se avecinaba el fin del mundo?, No, pero parecido la palabra correcta es “parciales”. Últimamente nos la pasamos estudiando en grupo, cuando se daba la oportunidad de un tiempo libre continuábamos con la búsqueda de Cris. Eran las seis de la tarde, nos encontrábamos con Albert en la biblioteca estudiando derecho. Una de sus materias favoritas. Estaba muy metida en un texto tratando de entender una ley bastante confusa e injusta para mi gusto, cuando su vos rompió el silencio.  —¿Tú crees que lo encontraremos? —despegue la mirada del libro dándole toda mi atención, por la expresión en mi rostro pareció entender que no me daba cuenta de a qué se refería —hablo de Cristian, ¿Tú crees que de verdad exista?.  —Claro, lo considero. No preguntes por qué, sin embargo así lo siento —él me oía muy atento —los escritos son intensos, profundos, es como si ella fuera su persona favorita… o como su lugar favorito en el mundo al cual no pudo volver, o contemplar aunque sea de lejos —mis ojos vagaron por los estantes repletos de libros cercanos a la mesa donde nos encontrábamos sentados hasta posarse en un chico el cual caminaba por uno de los pasillos, no le di mucha atención y volví a Albert —nadie puede fingir amar de esa manera.  —Lo amaste demasiado —afirmo, no pude esconder la sorpresa en mi rostro me había tomado desprevenida —tuviste que haberlo hecho como para saber lo que se siente —me encogí de hombros.  —Cuando él llego a mi vida no lo estaba pasando bien, llevaba un año lidiando con la muerte de mi padre, encerrada en mí misma cuestionándome el porqué seguía con vida —tomo suavemente mi mano, observé su acción, pero no me retiré —él fue calma en mi pequeño infierno interior, mi lugar seguro ese lugar favorito en el mundo —mi vos se quebró y una lágrima traicionera rodó por mi mejilla y él la limpio. «Creo que solo yo fui quien amo en esa relación»  —Fue muy imbécil —afirmo trayéndome a sus brazos, no lo dude y me perdí en su abrazo, enterrando mi rostro en su pecho aspirando su aroma. Acariciaba tiernamente mi espalda y recargaba su mejilla en mi cabeza. Cerré los ojos un instante, se sentía bien, tranquilo. De un momento a otro me sentí extraña, abrí los ojos y localizar el motivo de mi incomodidad. El desconocido ahora se encontraba en una mesa frente a nosotros observándonos con suma atención. —¿Estás bien? —pregunto, me alejé de sus brazos de manera suave rompiendo el contacto visual con el extraño. —Si, gracias por tu amistad —dije acariciando su mano —no sé que haría sin y los chicos. En verdad agradecía su amistad, no puedo imaginar un solo día sin ellos, ya no. —Estarías pérdida —dijo riendo de manera exagerada, lo cual me contagio. Gire por acto reflejo hacia donde me había topado con aquella mirada, pero ya no estaba ahí —vamos con los demás así puedes darles un poco de “amor” —esta última palabra la resaltó con comillas. *** Otro mes paso, otro y otro. Cuatro meses no habíamos podido resolver el enigma sobre Cristian K. Me encontraba muy desanimada, las esperanzas se me agotaban. Como último recurso intentamos pedir información en alumnado, sin embargo no podía darnos ayuda sin nombre completo.  Albert y yo discutíamos un tema referido a un de las materias que compartimos, en fin nos ayudábamos entre nosotros, cuando alguien cayó… literalmente cayó al llevarse por delante una silla, pronto nos dimos cuenta de quién se trataba, se levantó sin importarle nada y volvió a correr rumbo a nuestra mesa.  —James, ¿Te encuentras bien? —se veía nervioso y feliz  —Keller… —susurro casi sin aire, su pecho subía y bajaba de manera abrupta —¡KELLER! —volvió a decir, pero esta vez fuerte y claro. De igual manera algo no andaba bien. No tenía sentido.  —Ya hombre, siéntate. Nos estás asustando —Al estaba realmente preocupado intento hacer que tomara haciendo sin embargo sé Safo. —NO, ¡CHICOS ESCUCHEN! —grito haciéndonos sobresaltar, luego muy lentamente declaró —Cristian K, es Cristian Keller, lo hemos encontrado —la campana sonó, el receso había terminado y nuestra búsqueda, también.
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