- ¡Jesucristo!- el chico exclamó con horror, tapándose la boca y mirando fijamente como la herida de su madre había empeorado-. ¡Mamá hay que llevarte a un hospital cuanto antes! ¡Santo Dios! ¡Santo Dios! Él se apartó de ella y se incorporó para sacar su celular y llamar a la ambulancia para que pasaran a recogerla. Pero cuando marcó al número otro relámpago se escuchó, y él oyó a su madre decir con una voz muy bajita y rasposa: - Se ha ido la luz por toda la parte comercial de la isla, por eso no hay luz en el departamento, ni afuera- murmuró, y volvió a mecerse tranquilamente mirando por la ventana-. Y por eso no creo que tu llamada vaya a caer… Él no creyó en las palabras de su madre, pero como dijo, así fue, y la señal se cayó por esa fuerte lluvia. No podía llamar a la ambulancia,

