La tormenta se intensificó tanto que los dejó empapados cuando Hugo se detuvo frente al antiguo local, que se escuchaba muy silencioso desde adentro. Pero que una leve luz se reflejaba desde las vitrinas. Hugo no pudo creer que en serio se había detenido frente al local de Madame Bondú, y que de verdad iba a entrar a esa extraño lugar por primera vez. Pero estaba desesperado tanto como su hermana, porque la quería ayudar. Y él estaba empezando a creer en la maldición de la isla Cara. Por eso dejó de ver los cientos de postes que cubrían las vitrinas para evitar la vista hacia el otro lado de los curiosos, y decidió llamar a la puerta de ese viejo y destartalado local. Caminando hacia la entrada con Pandora en su espalda, y tocando dos veces sin titubear cuando estuvo frente a ella. Al p

