Viernes, 21 de Mayo de 2004.
Desde los sucesos con la criatura del océano, habían pasado tres días. Y nadie más que Benny Tybur sabía lo que ocurrió en esa catastrófica noche, porque el niño fue el único sobreviviente del ataque de ese colosal monstruo marino, que se ocultaba entre las profundidades del mar esperando el momento perfecto para volver a salir a la superficie a devorar nuevos cuerpos.
Y desatar el caos.
El horror que presenció Benny aquella noche fue tal que el niño solía tener pesadillas con esa letal criatura que lo llamaba con su encanto de sirena. Por suerte, esa cosa no lo vio muy bien por la fuerte tormenta que estaba azotando al barco, y porque ese monstruo se había aburrido un poco. Además, enseguida que el pequeño se dio cuenta de que todos habían sido asesinados, y antes de que esa cosa se volviera hacia él. Corrió devuelta sobre sus pies con mucho silencio hacia la pequeña habitación del barco, dónde se tiró sobre la cama abrazando sus piernas sin parar de mirar directo al pasillo, por sí esa criatura volvía y entraba a por él.
Pero eso no pasó esa noche. Esa larga noche en la que Benny tenía los ojos extremadamente enormes, y yacía atento, mirando fijo hacia el pasillo y escuchando los relámpagos que caían. No durmió en ningún momento, y estaba agotado tanto física cómo mentalmente. Pero al menos sobrevivió a aquello y gracias a la corriente y la fuerte brisa el barco volvió a su punto de origen, y el mar lo dejó cerca de las costas de la isla Cara. Dónde allí un grupo de turistas que yacían bañándose en las playas, subió para ver porqué el barco se encontraba tan solo. Topándose al entrar, con el pequeño y perturbado Benny Tybur, quien seguía cómo una garrapata abrazando sus delgadas piernas. Y con los ojos demasiado rojos por no parpadear en ningún segundo.
Y todavía, después de tantas horas más tarde, el horror se podía percibir en su rostro.
El grupo de jóvenes turistas llamó a las autoridades de la isla Cara cuando notaron que el pequeño no diría nada, y que estaba demasiado perturbado cómo para hablar. Era cómo sí estuviese en un estado de shock. Además, Benny no tenía pensado hablar con ninguno de esos malditos extraños. Él solo quería estar en su casa con su rana Gumther, y que su mamá lo estuviese mimando. Eso le haría sentir mejor después de lo que pasó. Entonces, fue por eso qué la policía se encargó de contactar a la familia Tybur para que pasaran recogiendo al menor, quien lo único qué dijo cuando lo interrogaron suavemente, para preguntarle sobre qué había pasado con su tío Frank y el resto de la tripulación, fue: «Esa criatura del océano se los comió a todos...»
Y aunque su cuartada sonaba tan convincente y realista. Ninguno de los oficiales creyó en sus palabras exactamente, porque no encontraron rastro alguno de las víctimas de aquel abominable monstruo marino. Todo había desaparecido, quizás por las lluvias. Ellos creyeron que la tormenta qué había caído esa noche había sido tan fuerte que logró tambalear tanto al barco que su tripulación se cayó por la borda, y qué el pequeño Benny al ver todo eso y por el pánico de la situación lo que hizo fue entrar y quedarse asustado en la habitación. Esa fue la explicación que los oficiales le dieron a todo, y por eso enviaron a un escuadrón en la búsqueda de todas esas personas. Sin embargo, a pesar de no creer en las palabras de Benny, retuvieron el barco y se lo llevaron para que fuese inspeccionado a detalle.
Porque después de que la policía presenció cómo un grupo de niños se convirtió en árboles. Ellos pensaban ahora... que todo era probable en esa isla que poco a poco se volvía extraña.
Por otro lado el resto de los miembros de la familia Tybur estaban consternados por todo eso. Mientras, que Hugo se mostraba muy compasivo y atento con Benny, su hermana Pandora no le creía en lo más mínimo al pequeño y creía que él tenía la culpa de eso. Porque Pandora, aunque no lo admitiera en voz alta, desde siempre vio a Benny cómo un posible sociopata. Porque no era normal que Benny se la pasara torturando animales, ni mucho menos que le hubiera sacado las tripas al gato de Hugo.
No era normal qué él fuera tan sádico.
Isabella por otro lado se había vuelto más depresiva, y había pedido unos cuantos días libres en el trabajo por la desaparición de su hermano Frank y todo lo ocurrido. Era la que más se mostraba dolida por la situación, y aunque no hacía más que pasársela consintiendo a Benny a cada rato (ya que este pataleaba y hacía berrinches por su atención). Por las noches, Isabella lloraba en su habitación por su hermano perdido, quien probablemente estaba muerto.
Cuando la mujer se enteró de lo que había pasado, y vio que Benny estaba extrañamente diferente desde lo que le pasó. Se preocupó, y se culpó tanto de todo qué empezó a complacer a su hijo menor en cada uno de sus caprichos. A pesar, de que el pequeño no hacía nada más que estar encerrado en la oscuridad de su cuarto sin ventanas, tirado sobre su colchón, abrazando a su rana Gumther y pensando una y otra vez en esa espeluznante criatura que sus ojos habían visto. Cuando tenía la oportunidad de controlar a su madre, y de hacer berrinches, los hacía. E, Isabella le obedecía obedientemente por remordimiento. Cosa de lo que Pandora se dio cuenta pero no hizo nada al respecto ya que estaba demasiado concentrada en sus pensamientos egoístas y en su gato Copito. Mientras, que Hugo estaba igual de servicial con Benny que su madre.
Sin embargo, la madre de la familia Tybur terminó de deprimirse por completo cuando un policía se apareció en la casa la noche del día anterior. Y le dio la cruel noticia de que habían encontrado los restos del cuerpo de Frank en el mar, y que probablemente lo que había dicho Benny era cierto. Pero eso no le importó tanto a Isabella cómo el hecho de que había perdido a su único hermano, y que todos sus seres queridos se le estaban yendo poco a poco, justo cómo pasó con su difunto marido: quién se había muerto de un ataque al corazón hace cuatro años, mientras que trabajaba cómo vigilante del acuario Bismuto.
Y fue entonces por aquella triste noticia qué Isabella se encerró en su habitación, y no salió de la cama. Pensando una y otra vez en la perdida de su marido, y en la de su hermano Frank. No tenía apetito, y tampoco ganas de hacer absolutamente nada. Lo único que hacía era estar quieta cómo un muerto dentro de las sabanas, sin parar de lamentar esas dos perdidas.
No había pescado el sueño, y por ende tenía enormes surcos negros debajo de los ojos. Su apariencia se veía más demacrada, cómo el de una mujer que sufría. Ya no era la misma mujer que era antes. Ya no era despampanante cómo Pandora. Ahora era muy delgada, por las preocupaciones que la hacían enflaquecer. Cargaba siempre ojeras, y la mayor parte del tiempo estaba triste y preocupada por la pésima situación económica por la que estaban pasando, y porque su jefe solía humillarla por su encargo cómo mucama.
Por eso algunas veces... la palabra «suicidio» pasaba cómo una brisa fantasmal por su cabeza, y ella lo consideraba.
Pero Isabella Tybur jamás tuvo el coraje de matarse. O, quizás solo tenía valentía para seguir viviendo, porque amaba demasiado a sus tres hijos y no le quedaba nada más en el mundo que eso.
Y ella lucharía hasta el final por ellos.
Pero, ahora solo quería estar ahí en la cama sin que nadie la molestase, mirando fijamente al techo y soltando un llanto silencioso cuando lo veía venir y colapsaba desconsoladamente. Oh, qué triste mujer era Isabella Tybur, y Pandora y Benny no se daban cuenta de eso, nunca. Ellos querían seguir chupándole la sangre a su progenitora sin importar nada cómo sí fuesen garrapatas pegadas en un perro, y fue justo eso lo que quisieron hacer en la tarde de ese Viernes.
Cuando Pandora llegó a la casa con Hugo del colegio, enseguida corrió al cuarto de su madre, quien preocupadamente seguía tendida en el colchón con una cara vacía y deprimente. Estaba exactamente igual cómo la dejaron antes de qué salieran en la mañana. Hugo le habló a su madre con mucha preocupación, él estaba demasiado asustado por el comportamiento de su progenitora, pero Pandora dejó eso de lado y empezó a pedirle dinero descaradamente.
- Mamá quiero que me des dinero hoy para salir con Naomi y Katie al centro comercial- le pidió Pandora más cómo una orden qué un favor, mientras que se ponía de rodillas y se inclinaba hacia su madre para verle a la cara. O, intentarlo, ya que Isabella tenía la mitad del rostro entre las sabanas-. Nos iremos a comer unos helados, y a conocer a unos chicos guapísimos, y no puedo salir cómo una pobretona sin plata. ¿Entiendes?
Hugo entonces la miró con el ceño fruncido, y le dio un fuerte tirón de oreja que la hizo chillar como una niña de cinco años.
- ¡No seas descarada, Pandora!- exclamó él por lo bajo; para no molestar todavía más a su melancólica madre. Mirando a la adolescente con desaprobación, mientras que esta se sobaba su oreja y fulminaba a su hermano mayor con sus ojos de serpiente.
- ¡Y tú no te metas en mis asuntos, imbécil!- le replicó con arrogancia, y se volvió hacia su madre para decirle con mayor intensidad-: ¡Mamá, te dije que necesito dinero para salir ahorita con mis amigas! ¡Y el dinero lo necesito para ya!
El desagrado de Hugo se volvió mayor, y su madre continuó debajo de las sabanas sin decir ni una palabra con una mirada tan vacía y perdida, qué hasta se hacía incómoda de ver después de un rato.
- ¿¡Qué te pasa, Pandora!?- le contestó Hugo con enfado en lugar de su madre, y volvió a tirar de su oreja para levantarla del suelo y apartarla fuera del colchón de su progenitora para intentar sacarla de la habitación así, y reclamarle en un tono duro pero moderadamente bajo-: ¿Cuál es tu jodido problema? Mamá se siente mal por la perdida del tío Frank y tú vienes y le pides dinero, ¿en serio? ¡Deja de ser egoísta!
Pandora entonces frunció todavía más el ceño, y con la impotencia del momento le gritó a su hermano sin escrúpulos, antes de posicionarse, y con la punta de su zapatos darle una fuerte patada en la entrepierna:
- ¡Deja de meterte en mis asuntos, y ve a chuparle el pene a tu novio!
La patada de la joven atinó justo ahí, y el muchacho se encogió de dolor enseguida. Cubriendo su m*****o lastimado con sus manos y ahogando un gemido de dolor. Cosa, de lo que Pandora se burló, diciendo casualmente:
- Qué divertido es patear a un hombre en dónde más le duele.
Y Hugo estuvo a punto de gritarle fuertemente que se podía ir muy al diablo, y más todavía porque Pandora se había metido con su orientación s****l y su novio. Cosa que no le sorprendía mucho, ya qué Pandora solía insultarlo llamándolo "maricón" cuando se enfadaba con él. A diferencia de Benny, quien solo maldecía a su hermano mentalmente porque le temía al fuerte carácter de Hugo. Y a pesar de todo, no era sorpresa para nadie lo del hermano mayor, ya que todos sabían que era homosexual desde hace dos años, cuando un día llegó a la casa diciendo que tenía novio. Desde ese momento la relación que tenía con Oliver se volvió algo legal, y él reveló abiertamente para todos que era gay.
- Pequeña, malcriada- gruñó Hugo entre dientes con enfado, intentando tragarse el dolor que sentía en la entrepierna; la cual se cubría con las manos todavía. Mirando, cómo Pandora caminaba triunfante como sí estuviese en una pasarela, devuelta al colchón de su madre para volver a pedirle dinero.
- ¿Entonces tienes dinero o no, anciana?- le volvió a preguntar a su mamá rápidamente, cruzándose de brazos y mirándola con poca empatía desde arriba.
Y Hugo estuvo a punto de abalanzarse sobre ella y sacarla del cuarto por los pelos. Pero en ese momento se vio interrumpido cuando Benny apareció bruscamente, para también colarse en la habitación y acercarse a su madre con su babosa rana entre los brazos, diciendo también:
- Quiero que me des dinero para ir a comprarle comida a Gumther mamá- entonces, en ese momento el sapo entre sus brazos soltó un «ribbit», y Pandora se apartó de su hermano menor con asco-, y también quiero dinero de sobra para comprarme un helado, porque me lo merezco y me lo tienes que dar.
Hugo se quedó sin palabras, viendo cómo sus dos hermanos estaban resultando bastante egoístas y desconsiderados. Y sí no hubiese tenido un fuerte dolor en sus testículos, le hubiese reclamado fuertemente a ambos en ese momento.
Aún así y a pesar de todo el escándalo que estaban haciendo, Isabella no había reaccionado ni un poco. Ella seguía inmóvil, respirando lentamente y mirando con un vacío muerto en sus ojos hacia el techo.
- Mamá, ¿me has escuchado?- soltó Benny con el entrecejo levemente fruncido, sentándose en el colchón junto a su madre, y acercando su cara demasiado a la de ella, para repetirle-: Quiero dinero para la comida de Gumther, y porque me quiero comer un helado.
El sapo volvió a croar, y Pandora interfirió llevándose una mano al pecho, diciendo:
- ¡Yo necesito más el dinero que tú, neandertal!- entonces se volvió hacia su madre nuevamente con mayor intensidad, y repitió fuertemente-: ¡Te he dicho que necesito dinero para salir con Naomi y Katie! ¡Lo necesito, lo necesito, lo necesito, mamá!
- ¡Qué Gumther coma es más importante qué lo que tú quieras, pedazo de Barbie plástica!- le escupió Benny, fulminando a su hermana con una mirada lunática y ojos enormes.
- ¡¿De qué me vas a hablar tú, fenómeno de circo?! ¡A mí qué me importa tu asqueroso sapo de mierda!
- ¡¿Qué has dicho de mi Gumther?!
- ¡Qué no me importa un carajo esa asquerosidad!
- ¡Las únicas asquerosidades en esta casa son tu feo gato, y tú!
- ¡Con mi Copito ni te metas, eh!
- ¡Cuando lo vea lo voy a dejar tan feo que ya no lo vas a querer, y te aburrirás de él cómo todos tus novios!
- ¡No serás capaz de entrar a mi cuarto y tocar a Copito siempre y cuando mi puerta siga cerrada y yo tenga la llave, fenómeno! ¡Así que jaque-mate!- le gritó Pandora, y le sacó el dedo del medio.
Cosa que terminó de hacer enfadar todavía más a Benny, porque su hermana se estaba metiendo con él. Porque no había podido hacerle nada a Copito, ya que se la pasaba en el cuarto bajo llave de Pandora. Y porque ella se había metido con su sagrado amigo: Gumther.
Entonces, cegado por su enfado y de sus ganas de venganza le dio un rápido beso a su sapo sin asco alguno en su baboso lomo. Y se lo lanzó con violencia a Pandora justo en medio de la cara. Ocasionando que la adolescente diera el grito más grande de su vida, y saliera corriendo del cuarto con asco directo a lavarse la cara en el baño. Enseguida qué Gumther saltó hacia el suelo y Benny lo volvió a sostener en un abrazo con una pequeña sonrisa triunfante al ver qué su hermana se había ido.
- Perra estúpida...- murmuró el pequeño sádico entre dientes, y se volvió hacia su mamá con las intenciones de volver a insistirle, sorprendiéndose un poco cuando vio a su progenitora mirándolo fijamente.
Hugo se había hecho a un lado, sin poder creer que sus hermanos estaban siendo muy egoísta y desconsiderados con su madre. Sin embargo, fue demasiado tarde para Hugo de interferir cuando sus ojos se encontraron con qué su madre había retirado las sabanas con aquella fría expresión, y se había incorporado lentamente cómo un zombi del colchón. Su larga melena dorada le cayó en los hombros, y le cubrió una parte de la cara, provocando que su aspecto se viera más intimidante. Además, de qué Isabella Tybur era una mujer bastante alta.
Y por extraño que fuese, y siendo la primera vez que sucedía. Benny sintió cierto miedo hacia su progenitora, quien se irguió y lo miró con pocas ganas.
Gumther volvió a croar, y Benny habló torpemente:
- Mamá... Gumther necesita comi-
- No hay dinero en estos momentos...- le respondió Isabella finalmente, con un tono frío y distante que logró hacer que Benny no volviese a insistir y la mirase con cierto miedo-. ¿Por qué ninguno de ustedes lo entiende?- murmuró, y con el cabello aún cubriéndole la mitad del rostro y vestida todavía con la bata que usaba como pijama, caminó directo hacia afuera de su habitación, arrastrando los pies.
Y Hugo se sintió todavía peor al ver en las horribles condiciones que estaba su madre, y por eso cuando esta salió y empezó a caminar por el pasillo, directo a la entrada de la casa. Él fue detrás de ella, y antes de que Isabella saliera por la puerta justo como estaba vestida, la tomó del brazo, diciéndole:
- Mamá, ¿estás bien? Estoy preocupado por ti.
Isabella se volvió hacia él lentamente, y con aquel melancólico tono, dijo:
- Solo quiero estar sola, Hugo. Por favor, ve a tus hermanos mientras que no estoy.
- ¿A dónde vas vestida así?- cuestionó con preocupación el hijo mayor, y su madre desvió la mirada-. Mamá de verdad me preocupas, ya no quiero que te pongas mal porque de verdad nosotros no somos nada sin ti.
Hugo estaba a punto de llorar por el comportamiento distante y triste que había tomado su madre, y aunque Isabella lo había notado ella todavía quería irse de allí. Todavía quería estar sola. Y por eso se deshizo de su agarre, diciéndole:
- Iré a pasar un rato en el cementerio Perla para visitar la tumba de tu padre.
***
El cementerio Perla, o mejor conocido cómo el cementerio de los espantapájaros. Para algunos era un lugar sagrado y para otros un escalofriante sitio por la manera en la que los muertos se honraban allí. Era un camposanto pequeño que se ubicaba en el suroeste de la isla cerca del bosque, rodeado de cercas y un pasto verde muy corto y cuidado. Y aunque, no era un cementerio tan grande, siempre lograba albergar a todos sus muertos en cada lapida. Quizás, era por eso que Isabella también había ido al cementerio, para ver sí habría lugar para enterrar a su hermano.
Y aunque, el lugar había quedado completamente solo ya que la noche estaba cayendo poco a poco y no habían muchos que visitasen a sus difuntos parientes a tal hora. Eso no fue problema para Isabella, ella no le temía a los fantasmas y estaba bastante perdida en sus pensamientos melancólicos cómo para darse cuenta de qué el cementerio lentamente se estaba quedando a oscuras. Y que los espantapájaros que yacían frente a las tumbas sobre sus estacas empezaban a lucir de cierta manera espeluznantes con esas caras de paja, y esos enormes ojos negros que te seguían.