Capítulo 4

1502 Words
-Preguntaré de nuevo, ¿si ustedes deben llegar vírgenes, por qué quieres aprender del sexo conmigo? -Porque necesito que cuando ese momento llegue, yo lo haga fenomenal para evitar avergonzarme con ella. -Pero ella será virgen e inexperta - dije. -Exacto, así será entonces yo como el hombre, podré guiarla y enseñarle lo que se ¿entiendes? -Claro, quieres ser un experto en el sexo para no humillarte como ella cuando lo hagan - asintió - me parece algo muy estúpido e hiriente. -¿Por qué? - cuestionó acomodándose los lentes. -Porque se supone que es algo especial para ella que ustedes aprendan de ese mundo juntos, por primera vez y tú me contratas para que te enseñe así quedando mejor que ella. Esto si que es estúpido. Ni siquiera Samantha Jones fue tan idiota en el sexo. -Por favor, es un trabajo solo hasta que aprenda a ser muy bueno - suplica- te pagaré cada viernes. -Ah, entonces ¿piensas hacerme trabajar toda la semana? -pregunte. -Es un trabajo como cualquier otro, solo que tiene sexo involucrado- miro hacia el volante tratando de aguantar la risa- te pagaré más de lo que se supone que te paguen en un trabajo común y corriente. -¿Cuánto más?- lo mire de reojo. -Tal vez, esto - saco un papel de su saco y me lo entrego. Virgen santa de todos los infiernos, esto tiene más ceros que las calificaciones de Brooks. Wow de verdad este tipo se pudre en dinero. -¿Esto será lo que me pagarás en total? - soltó una risita. -Eso es lo que te pagaré cada viernes. -madre mía, esto es más de lo que ganaría en la tienda trabajando diez años. Pero no puedo rebajarme a este nivel, de aceptar idioteces por un mísero sueldo de demasiados ceros. -No me interesa, Richard. Pero agradezco la confianza. Tiene la boca abierta y un poco sonrojadas las mejillas. El pelo parece de caricatura al caerle en la frente. -¿Por qué no aceptas? Se nota que te interesó. Saco de mi bolsillo otra goma y me la meto en la boca. Agh fresa, que horror. -No necesito que más gente, que me llame zorra o puta, cuando sepan lo que hago contigo. -Nadie se enterará, es secreto, mi Diana no puede saber que hago esto- confesó. -Al diablo, ya te lo dije, Coleman no aceptaré la oferta. -¿Y si te pago más?- insistió. -No lo haré, ahora sal de mi auto. -exigí. -De acuerdo, respeto tu decisión, pero, si cambias de parecer toma- me da una tarjeta de presentación ¿Quién con dieciocho, tiene una?- llámame, la oferta expira el sábado. No dice más y sale de mi auto. Y yo que pensé anoche que mi día sería relajado. Dejo caer mi cabeza contra el volante y la estúpida radio de enciende. -¡Mierda! - grite en el auto. *** La puerta de la casa está entre abierta y eso nunca es buena señal. Baje corriendo del auto para entrar de prisa a casa. -¡Mamá! ¡Mamá! - grite y casi me caigo con las botellas de alcohol tiradas en el suelo. -¡Aquí está mí, dulce Rory! ¡Dale a mamá un beso! - dice arrojándose sobre mí. -Mamá, aléjate me pones azul - se ríe y de pronto el olor me abofetea la cara. Miro las botellas en el suelo y hay demasiadas junto con un par de papeles. - ¿Mamá? ¿Estás bebiendo otra vez? -pregunte y enseguida me suelta. Es inconfundible su cara está roja al igual que sus ojos, se tambalea cada que camina y sin mencionar el llamativo olor a whisky que sale de su ropa. -Un poquito - confiesa con una sonrisa boba. La tomó de los hombros para que me mire -Mamá, escúchame bien, te voy a preguntar algo y quiero que me respondas. Asiente sonriendo. -¿De dónde sacaste el dinero para esto? - se ríe a carcajadas y me señala el suelo. -Ahí está la paraíso -miro el suelo buscando alguna cosa que me diga de dónde salió esto, me cruzo con varias bolsitas de coca, pero no con otra cosa. -¡Mamá! ¡Dime cómo conseguiste dinero! - ordene y mi pie choco con algo duro cuando me agache para mirarlo era mi peor temor... -¡No, no, no, no, no y no! ¡Puta madre! - grite sosteniendo en mis manos la caja donde estaba la salvación de la casa- ¿Por qué lo tomaste? ¡Era mi dinero y era para pagar esta maldita casucha de mierda! Solo me mira seria como si fuera una niña. Dios, que hago no tengo más dinero y el banco solo me dio hasta hoy. Tomé mis cosas de nuevo y salí de la casa ignorando los gritos de perdón que soltaba mi madre. No puede ser ojalá y se apiaden de mí. Tal vez logre convencerlos de nuevo para darme más tiempo, lo único que necesito ahora es perder mi casa. Entro al banco e inmediatamente me detiene un guardia. -Disculpe, ¿qué se le ofrece, señorita? - dice el hombre con un brazo detrás de la espalda. Miró hacia arriba pues es mucho más alto que yo. -Tengo una cita, con el señor, Bandur para resolver lo de un pago- se aparte de mi camino y sigo caminando deprisa harta llegar a la pequeña sección de cubículos donde están los encargados de esto. Preguntó a varias personas por el lugar del Señor Bandur, todos me guían hacia el último cubículo donde está sentado un hombre con traje gris claro y una corbata de moño roja. Me acerco y veo como su cara arrugada me mira dudoso. -Bienvenida al área de administración. ¿En qué le podemos ayudar el día de hoy? - se nota que no me reconoce. -Disculpe, soy Rory Ryland hablamos ayer por teléfono - informe y rápido sonrió. -Claro que tonto, no te reconocí, bien supongo que ya traes todo listo para pagar el adeudo- se acomoda en la silla y toma un par de papeles. Dios, ahora como le digo que no tengo nada. -Pues, en realidad sabe que ese era el motivo de que este aquí, pero he tenido una desgracia y he perdido el dinero. La cara del hombre dejo de mostrar alegría para convertirse en seriedad pura. -Señorita Ryland, esto no es un juego, usted necesita pagar esa deuda hoy sino mañana va buscando una calle donde dormir. Trago saliva e intento pensar qué más puedo hacer, no puedo vender mi celular, ni mi auto esto todo lo que me queda. -Claro, ahora vuelvo. Camino de regreso a la salida, varias personas me miran con desprecio después de escuchar lo que el hombre me dijo, no sé qué hacer de verdad me siento perdida, no puedo respirar bien y siento que todo se caerá sobre mí. Choco con un hombre y mi bolsa cae al suelo. Lo que me faltaba que los condones salieran. -Lo lamento - dice ayudándome. Me pongo en cuclillas para recoger todo. -No hay problema, fue mi culpa. Se levanta no sin antes sonreírme, se dio la vuelta y me dejó aquí recogiendo mis porquerías. Tomo los papeles y me levanto. Guardo todo en mi bolso, y una tarjeta se queda pegada en el cierre. - ¡Carajo! - dije en voz baja. En cuanto le quité el nombre de Richard Coleman aparece, no me gusta lo que estoy pensando de verdad, pero no sé qué hacer con todo esto. Mi celular está en el bolsillo y, lo tomo con cuidado. Un tono, dos tonos y, para el tercero una voz me responde. -Coleman, voy aceptar - solté y en la línea se escuchó una tos. -¿Quién habla? - pregunta. -¿A quien más le ofreciste dinero? - suspire molesta. -¿Ryland? ¿Eres tú? Espera ¿tú estás aceptando? - se escucha bastante sorprendido. -Con todo el dolor de mi alma, si lo estoy aceptando. -¡Genial! ¡En hora buena! - dice alegre. -Pero tengo una sola condición - admito. Todo mi cuerpo se siente tenso y de verdad no me gusta esta sensación de estar preocupada. -Dime. Suspiré y cerré los ojos. -Necesito que me adelantes un pago - murmure. -Me parece bien, ¿cuándo? Trago saliva-Tal vez ahora mismo. -¿Ahora? - pregunta y me estresa pensar que no tiene dinero ahora mismo. -Si, pero si no tienes el dinero ahora está bien. -Claro que lo tengo aquí, donde te lo doy. Mire a mi alrededor y me doy cuenta de que si me voy será más difícil volver para mi. -¿Conoces el banco palacio? -pregunte nerviosa. -Si, ¿quieres que te lo entregue ahí? - mi respiración vuelve. -Me salvarías la vida si me lo traes ahora mismo - solté. Se ríe -De acuerdo te veo ahí en unos veinte minutos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD