Fred y Sara eran un matrimonio envidiable, joven, enamorado, con un buen nivel económico y con un futuro prometedor. Fred, a sus 32 años había alcanzado el máximo nivel ejecutivo en su empresa, acababa de ser designado m*****o del consejo de dirección y gozaba de un gran prestigio entre sus compañeros de trabajo, muchos de los cuales envidiaban su visión comercial y su capacidad de trabajo. Sus sesiones de gimnasio y su afición a la comida sana le mantenían con un envidiable aspecto físico. Sara, por su parte, a sus 25 años, era una de las asesoras financieras más reputadas en el difícil mundo de la inversión industrial y, gracias a su capacidad de iniciativa y a sus dotes de negociación, había alcanzado, en poco tiempo, un nivel profesional más que envidiable; con un cuerpo que estaba a

