Al llegar a la altura de Laura, Marcos la cogió por la cintura, sin dirigirle la palabra, le colocó una mano en el culo, empujándola hacia el centro del salón, allí, Marcos le acarició suavemente el pelo, se acercó a su oreja y le ordenó “Quédate así hasta que te lo ordene, no digas ni una palabra hasta que active tus instrucciones” y sentándose cómodamente en uno de los sillones, volvió a hablar: - Como algunos de vosotros sabéis, ésta es mi esposa Laura, aquellos que la conocíais de antes sabréis que era una desagradable bruja que me hacía la vida imposible con sus celos, sus reproches y sus exigencias. Por eso, decidí que la presentaría voluntaria para aplicarle la nueva versión avanzada de nuestro programa de modificación de conducta y comprobar los resultados, en mi opinión, era el c

