Mientras nos dábamos el morreo, la esclava empezó a acariciarme suavemente las tetas, pellizcándome los pezones con delicadeza y provocando mi excitación inmediata; al poco, la esclava bajó una de sus manos hasta mi entrepierna y, sin ninguna delicadeza, metió sus dedos en mi coño, comprobando que estaba mojado, lo que hizo que finalizara el morreo y se girara al criado para decirle: - Mi señor, la cachorra tiene el coño encharcado y los pezones duros y tiesos, lo que indica que ya está cachonda; si al señor le complace, puede colocarnos en la posición que le apetezca para que empecemos a follar. Sin ningún miramiento, el criado me cogió por los brazos y me empujó encima de la mesa, donde me tumbó de espaldas al mismo tiempo que me abría completamente las patas; una vez me tuvo colocada

