ZAYN Estaba todavía dentro de ella, la respiración agitada, los latidos reventándome en los oídos. Todo su cuerpo temblaba sobre el mío, y el orgasmo estaba ahí, al borde, como una maldita ola lista para estallar... hasta que sonó el maldito celular. El tono de Elías. Abrí los ojos con furia contenida. Amaya me miró, jadeando, aún sin parar. Sentía cada fibra de su piel, cada latido, cada roce de su cuerpo contra el mío. No quería detenerme, no ahora, no así. Pero el celular seguía sonando como una condena. Con un gruñido, estiré la mano y contesté sin dejar de moverme. —¿Qué quieres...? —gruñí, tratando de mantener el control. Del otro lado, la voz de un oficial. No de Elías. Se me heló la sangre. —¿Puede venir por su hermano? Está detenido. Lo encontramos con otros jóvenes en poses

