—¡No es una aventura! —vociferé, avanzando también—. ¿Qué parte no entiendes? ¡La amo! —¿La amas? —dijo, con un dejo de ironía amarga—. ¿Y si mañana se van a la cama con alguien más, también va a ser por amor? ¿Así vas a justificarlo? —¡No somos ustedes! —escupí, furioso—. No somos tus errores, ni tus frustraciones. No tienes idea de lo que esto significa para mí. Ni para ella. Leonardo volvió su mirada hacia Amaya, con una expresión endurecida, como si ya hubiera cruzado un límite mental del que no pensaba volver. —Si tan adulta te crees por follar en una casa ajena, sin respeto por nadie, entonces compórtate como tal. Si te vas a entregar así, sin pensar en consecuencias, entonces no te quedes aquí. Vete. A ver si ese amor sigue siendo tan fuerte cuando no vivan bajo el mismo techo

