Rodé los ojos, apretando la mandíbula. —No, Ethan. —¿No? —Se rió con incredulidad—. ¿Cómo que no? Zayn, está buenísima. Y con todo respeto, está mejor que Amaya. —Alzó las manos en señal de paz antes de que lo fulminara con la mirada—. Digo, solo es sexo, no la vas a amar ni a invitarla a cenar. ¿Qué tienes en la cabeza? ¿Celibato, neta? Lo pensé un segundo, buscando aire mientras corría. —No es que Ingrid no sea guapa. Lo es. Pero para mí… no hay nadie más. Solo Amaya. Él frenó un poco, volteando con cara de “no mames”. —¿Y cómo carajos le haces? ¿Tres meses aquí y ni un roce? Yo no aguanté ni dos semanas. —¿Qué? —Me giré sorprendido. Ethan soltó una carcajada. —Me revolqué con una suiza de la cafetería. Estaba loca por los extranjeros. Fue fácil. Negué, medio riéndome. —Eres u

