Ella se tensa. Lo veo en sus ojos. Esa línea delgada entre el deseo y el odio que tanto nos define. Esa jodida tensión que siempre termina en lo mismo: en violencia, o en sexo. O en ambos. —Vete a la mierda, Zayn. —¿Qué? ¿Ahora esperas que te mande flores después de que tú viniste a follarme como si no hubiera un mañana? No te hagas la inocente, Amaya. Tú viniste sola. Sabías lo que querías. —¡Claro! Solo era sexo, Zayn. Una v***a más. De esas que puedo conseguir con cualquiera. Nada especial. Y ahí es cuando me salta la vena. Me levanto de golpe, abrochándome el pantalón con movimientos torpes por la rabia. Mi corazón late con fuerza, como si fuera a romperme el pecho desde adentro. Ella me está comparando. A mí. Como si fuera reemplazable. Como si fuera cualquier imbécil con una v**

