—Eso es tan tú —se burló Derek—. No te enamoras, solo confundes personas. —No me enamoro. Punto —dije, y Ethan me lanzó una mirada que decía "sí, claro". Seguimos así. Copa tras copa. Coqueteos sin compromiso. Una morena se me acercó, me dijo que me conocía de la clase de mecánica, que le gustaban mis manos. Le sonreí, le agradecí, pero no fui más allá. No quería más. Porque entre toda esa gente, esas luces, esos tragos... ninguna tenía la puta sonrisa torcida que me hacía perder la razón. Ninguna era ella. Pero no importaba. Esta noche era de locura. De amigos. De no pensar. Así que levanté mi vaso, choqué el de Ethan, el de Derek, el de Stella. Y me reí. Me reí como si el mundo no estuviera hecho pedazos. Como si por una noche, pudiera olvidarla. Como si pudiera engañar a mi co

