Acaricio su brazo con la yema de mis dedos, despacio, como si tocarla pudiera arreglar todo lo que rompimos. Y en ese silencio lleno de deseo contenido, de palabras no dichas y corazones tambaleantes, me permito solo una cosa: No soñar. Solo sentirla. Porque por esta noche… ella está conmigo. AMAYA El suelo no es cómodo. Ni la alfombra, ni el frío que se cuela por debajo del edredón, ni el dolor en la espalda que empieza a instalarse. Pero hay algo —mejor dicho, alguien— que hace que todo eso me importe una mierda. Zayn. Estoy acurrucada sobre su pecho. Su calor me envuelve. Su perfume también. Y aunque no dice nada, su mano está en mi espalda, subiendo y bajando con una calma casi desesperante. Sé que tampoco duerme. —¿No puedes dormir? —le susurro bajito, con los labios rozando l

