VICTORIA El sobre llegó como llegan los golpes que uno ya presiente: sin sorpresa, pero igual de devastadores. No hizo falta abrirlo para saber de qué se trataba. Lo supe en cuanto vi el sello del juzgado y el nombre de Alejandro impreso en la primera hoja visible a través del plástico. Leonardo estaba a mi lado. No dijo nada. Me dejó hacerlo a mi ritmo, como siempre hace cuando sabe que las palabras sobran. Lo abrí. “Solicitud de modificación de custodia… en beneficio del menor, Elías S.” Tragué saliva. “Beneficio del menor.” Hipócritas. Avancé con la mirada hasta encontrarlo, porque sabía que estaría ahí. Alejandro es predecible en sus miserias: “ambiente tóxico”. En negritas. Como si fuera la frase mágica que le abriría la puerta de un juez. “El menor se encuentra inmerso en un amb

