Ardiendo en la tormenta

2033 Words
ZAYN Horas después, todos se han ido. Los amigos de Amaya, incluso los míos. Ella decide irse a dormir, se despide sin mucho alboroto y sube las escaleras. Yo sé que no quiero que esta noche termine así. Voy a subir al cuarto de Amaya, decidido a terminar lo que empezamos en la cocina. Pero mi celular vibra. Alejandro. Contesto sin ganas. —¿Qué quieres? —Deja las tonterías y pásame a Elías —responde con su tono autoritario de siempre. —No está conmigo. ¿Por qué no llamas a mamá? ¿O es que solo usas a Elías para joderla, como siempre? —No empieces, Zayn. —Eres un cabrón. Un hijo de puta que juega con la vida de un niño para hacerle daño a su madre. A tu maldita exesposa. Siempre fuiste un jodido egoísta. —Cuida tu maldita boca, mocoso. Cuelgo. Estoy hirviendo. Subo las escaleras, molesto. Abro la puerta de Amaya. Está acostada, con las sábanas hasta la cintura. Me mira sin sorpresa. Me está esperando. Cierro la puerta con seguro. Ella está ahí. Acostada. Con ese puto silencio que dice más que cualquier palabra. Me mira. No se mueve. Solo espera. —Solo una vez más —le digo con la voz baja, ronca, cargada de todo lo que no debería sentir. Sus ojos se clavan en los míos. No dice nada. Solo asiente. Lenta. Descarada. Camino hacia la cama, como si cada paso me quemara por dentro. Me subo encima de ella y la beso. No es suave. No es tierno. Es hambre. Es maldita necesidad. Mis manos la recorren con deseo, el maldito deso contenido de todo el día. Mis manos bajan por su cintura, suben su camiseta, la arranco. Ella hace lo mismo con la mía. Mis dedos amasan sus tetas, perfectas, no son grandes, pero su tacto es delicioso, caben en mis manos... y su pezón se pone tan duro solo con un roce —Caben perfecto—Le digo, apretando uno, bajo mis besos a su cuello, su clavicula... hasta alcanzar mi primer objetivo, rodeo su pezón con mi lengua, y mas duro se pone, gruño solo con ver su reacción, sus manos se van a mi cabello, mientras que las mias se deshacen de su short, y su pantaleta... No tengo que pedirselo, porque ella de inmediato me quita el pantalón, me coloco a un lado, con una de mis piernas entre las suyas, mientras marco su cuello con la intención, pero ella lo nota, se aparta y me entierra las uñas en el pecho —Ni se te ocurra marcarme, animal—Me riñe y yo sonrío con malicia, pero no planeo marcarla... por ahora... ya verá su amiguito Nico aquien le pertenecen los orgasmos de esta tormenta... —Tu puedes marcar lo que quieras—Le digo—Porque vas a necesitar como descargarte mientras te meto la v***a tan duro... que te vas a correr en segundos —Promesas—Me reta la cabrona...llevo mi mano a su v****a sin ningún preambulo, ella se sorprende, cuando sin aviso mis dedos se colocan sobre su c******s, jadea bajo, se gira un poco hacia mi, pero con su pierna en escueadra, para darme acceso a tocarla —Eres una cabrona deliciosa Amaya—Le digo con voz ronca, y es tan jodidamente mala, que con sus dedos toca mi miembr0 duro, solo es un roce, lo suficiente para hacerlo brincar, mis dedos ya estan moviendose en circulos en ella, sacandole gemidos... pero ella solo juega con mi pene, dejo su c******s en paz—No ya no puedo Saco un condón y me lo pongo a toda velocidad, ella observa cada movimiento de mi mano sobre mi m*****o, y muerde su labio inferior. Me subo sobre ella, entre sus piernas, que estan mas que abiertas para recibirme... solo la punteo un poco, en la entrada, sin entrar completamente, gruñe frustrada, y yo solo sonrío... —Dime que quieres que te folle, tormenta —le susurro, apretándole el muslo, haciéndola arquearse. —Lo quiero —responde entre jadeos, tirando de mi pantalón—. Quiero sentirte... jodidamente dentro de mí. Eso me enloquece. Me truena la cabeza. Me hace perder el poco control que tengo. —¿Así me extrañaste? ¿Con las piernas abiertas y ese coño mojado por mí? —Estoy empapada desde que entraste a esa maldita cocina —dice, clavándome las uñas en la espalda—. Me haces enojar. Me haces arder. La penetro de golpe, con rabia, con necesidad. Ella ahoga un grito mordiéndose el labio, y yo tengo que taparle la boca con la mano para que no nos descubran. Pero no puedo evitar emitir un gruñido de placer al sentirla apretarse a mi alrededor —Shhh... así... calladita, pero sintiéndolo todo—Le digo en su oído mientras comienzo a moverme... que maravilla, dios como necesitaba esto, siento su pecho con cada embestida, calido suave—Que apretadita estas, hermanita... —Más —suplica contra mi oído—. No pares... no te detengas...—Me pide en un ruego, y yo obedezco, me encanta sentirla... mierda es justo como lo recordaba anoche, no era el alcohol, ella se siente bien, es estrecha, y me aprieta la v***a con sus espamos musculares de sus paredes vaginales, es agonicamente delicioso... sabía que anoche lo sentí... pero estaba borracho y excitado... pero ahora, dios es mejor, mucho mejor de lo que recordaba... —Te encanta cuando te follo así, ¿verdad? Cuando te aprieto la cintura y te hago mía sin permiso—Le digo sin mas apretando su cadera, con fuerza, deteniendola para ir mas adentro, mi cuerpo choca con el suyo, mierda si sigue ese sonido, voy a despertar a todos, pero carajo, no quiero detenerme... quiero llenarla, quiero vaciarme. —Sí... —jadea—. Me gusta... me gusta cuando me tratas como si no fueras mi hermano... como si solo quisieras romperme de ganas. —Porque eso eres ahora mismo. Solo mía. Solo para que te reviente de placer. La beso de nuevo, rudo, desesperado. Bajo la mano entre nuestros cuerpos y la toco, provocándola más. Ella se estremece. Tiembla. Sus caderas se levantan para recibirme más profundo. Ella grita, pero alcanzo a callarla con mi boca, sus besos son adictivos... y yo necesito liberar la jodida tensión del día, lo caliente que estuve todo el tiempo, me dolían las bolas de lo excitado que estaba... luego el imbecil de mi padre, y los malditos recuerdos de anoche... Mientras estamos a punto de llegar al climax, ella arquea su espalda, muerde mi labio cuando la hago callar de nuevo —Eso correte, nena, aprietame así rico—Le pido, mientras entierra sus uñas y sus contracciones alrededor de mi v***a son intensas... cada vez mas... —Eso... así... mierda...—Le digo, cuando la explosión en mis sentidos en mi cuerpo ataca, con una ultima embestida, mi cuerpo se tensa, y el chorro sale de golpe... otra embestida, otro chorro... un par mas, hasta vaciarme...—Mierda... gracias, lo necesitaba... Le digo saliendo de ella... siendo consciente de que me acabo de follar a mi hermanastra en su cuarto el día de su cumpleaños —A ti—Me dice y lejos de ser la tipica chica que quiere un abrazo, un beso o palabras tiernas medice—Ahora vete de aquí antes de que nos descubran... —Dice quitandose de mi tacto y buscando su ropa—Y esto no puede volver a pasar... Me avienta mi ropa y me apura a irme... Me visto, salgo del cuarto confundido ¿Que mierda acaba de pasar? ¿Me hecharon? AMAYA Me recuesto apenas cierra la puerta. El silencio es inmediato. Pero dentro de mí hay un puto caos. ¿Qué carajos acabo de hacer? Mi respiración aún está agitada, mi cuerpo tembloroso… No puedo negar que me encantó. Me estremeció. Me hizo tocar un cielo jodido. Pero también me deja un vacío que me muerde por dentro. Zayn. Mi hermanastro. ¡Maldita sea! Me tapo los ojos con el antebrazo, intentando contener las imágenes, los sonidos, su voz en mi oído, sus manos recorriéndome como si fuera suya. Porque lo fui. Aunque sea por un instante… lo fui completamente. Y eso es lo peor. No debió pasar. No otra vez. Y sin embargo, lo busqué con la mirada, lo provoqué, lo permití. Todo. Lo quería. Lo quiero. Pero también lo odio por eso. Por lo fácil que me hace olvidar lo que está bien y lo que está mal. Me siento sucia. No por lo que hicimos, sino por lo que siento después. Porque una parte de mí lo desea aún más. Una parte de mí quiere que vuelva y me empuje contra esa cama otra vez. Y eso me da asco… porque él no debería provocarme eso. ¡Es mi jodido hermanastro! Muerdo el borde de la almohada, furiosa, frustrada. Siento que me ardo por dentro. Necesito bajar esta fiebre, este desastre. Me levanto y me encierro en el baño. Me meto bajo el agua caliente y dejo que me queme la piel. Pero no borra sus huellas. No borra sus besos. Ni su voz. Ni cómo me sentí cuando estuvo dentro de mí. Cierro los ojos y me obligo a no llorar. No quiero hacerlo. No por él. Salgo del baño con el cuerpo más ligero, pero la mente más rota. Me acuesto con la esperanza de que el sueño me borre las ganas, la culpa, y el sabor que dejó su maldito nombre en mi boca. Zayn. Esto no puede volver a pasar. (...) Han pasado un par de días desde aquella noche. Zayn y yo nos hemos evitado. O al menos eso creo. Cada vez que lo escucho subir las escaleras, mi cuerpo se tensa, como si esperara que tocara mi puerta. Pero no lo hace. No me habla. No me mira. Y yo… agradezco el silencio. Aunque también lo odio. Trato de enfocarme en lo importante: la universidad. El primer día de clases ha llegado y me levanto temprano. Me arreglo frente al espejo, con ropa sencilla pero linda. Me recojo el cabello y maquillo apenas mis ojeras. Me siento rara. Como si llevara un letrero en la frente que dijera "pecadora". Bajo a desayunar rápido, sin encontrarme con nadie, y agarro mi mochila. Mi papá ya se ha ido al trabajo, Victoria está con Elías, y Zayn... quién sabe. Mejor. Al llegar a la universidad, Nico me espera en la entrada. Su sonrisa familiar me reconforta. Estudia la misma carrera que yo, así que tenemos la mayoría de las materias juntos. Caminamos por los pasillos, nos instalamos en las aulas, escuchamos presentaciones eternas de profesores y alumnos. Todo es nuevo, pero al tenerlo a mi lado, me siento menos sola. Menos vulnerable. En los descansos, buscamos cafeterías escondidas, hablamos de las clases, de lo que esperamos, de lo que nos aterra. Nico siempre me ha hecho sentir segura. Y ahora más que nunca, lo necesito. Un par de días después, mientras estoy en casa haciendo apuntes, escucho ruidos en la sala. Bajo y me encuentro con Elías sentado en el sofá, el control de la consola en mano. Me ve y sonríe. —¿Juegas? —me dice, levantando uno de los controles de Mario Kart. No puedo negarme. Tomo el control, me siento a su lado, y empezamos a jugar. Al principio me hace pedazos. El niño es bueno. Pero pronto le agarro el ritmo y las risas llenan la sala. Jugamos por casi una hora. Peleamos por los atajos, gritamos cuando lanzamos caparazones, y Elías se ríe cuando lo dejo ganar una partida. Me siento bien. Olvido el peso en mi pecho. Olvido a Zayn. Olvido la incomodidad. Solo estoy yo, un niño adorable y una carrera virtual que se vuelve nuestra pequeña burbuja de paz. Cuando terminamos, Elías me dice: —Me caes bien, Amaya. Y yo sonrío. —Tú también me caes bien, peque. En ese momento, siento que quizás puedo encajar. Que quizás todo lo roto puede tener pequeños momentos de normalidad. Aunque sea solo por un rato.
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