13- La cita

2203 Words
-¿Y cómo fue tu última navidad? -preguntaba Jungkook, a la vez que acariciaba el borde de mi media. Ambos yacíamos acostados en el sofá, cada uno con la cabeza apoyada en un brazo y los pies a un lado de la cabeza del otro. Mis ojos entrecerrados de cansancio se habían fijado en la luz rosa-anaranjada que entraba por la ventana del balcón, pues nos habíamos pasado toda la noche en vela hablando sobre cosas tontas y otras no tanto. Jungkook siempre había sido un chico educado y aplicado, pues sus padres eran bastante estrictos aunque no por eso menos mimosos. Adoraba cantar, tomar fotografías a gente distraída y los cupcakes de banana y chocolate. Estaba muy seguro de su heterosexualidad y sus hormonas se alteraban con facilidad, como las de un adolescente. Le encantaba pasar tiempo con sus hyungs, jugar videojuegos y andar en bicicleta por el parque. Tenía una obsesión con lo limpio y lo ordenado, y detestaba con toda su alma que lo hicieran esperar. Su primera vez había sido con su profesora de literatura, y su primer beso en un juego de la botella en escuela primaria. Tenía especial devoción por las mascotas, pero odiaba que perdieran pelo por la casa y por eso no tenía una en el departamento. No leía mucho por cuenta propia, pero cuando lo hacía se trataba de comics e historias de terror. Los fuegos artificiales le encantaban, y también las atracciónes de velocidad y altura. Su color favorito era el rojo. Decía no tener un estereotipo de chica, pero que le gustaban las chicas inteligentes y altas y solía follarse a las estúpidas y plásticas, ya que según él "si tienen poco en la cabeza, lo nivelan con buenos movimientos en la cama". El lugar más extraño en el que lo había hecho era en el baño de un zoológico; y aludía que era incómodo pues todo olía a mierda en ese lugar. Al cumplir los veinte se había hecho un pequeño tatuaje que no quiso mostrarme, y a los veintiuno se había mudado solo por primera vez. -¿Navidad? -repetí, frunciendo el ceño. A esas alturas sabía que debía de lucir horrenda, con la cara hinchada y el cabello todo enmarañado pues había perdido mi turbante en una pelea con el emo-. No sé; odio la navidad. -¿¡Odias la navidad!? ¿¡Quién odia la navidad, tú... engendro de otro planeta!? Me encogí de hombros. -Simplemente la detesto. Nunca sucede nada bueno o divertido en navidad. Todo es bastante... no lo sé. -¿Festivo? ¿Cultural? ¿Hermoso? ¿Cálido? ¿Colorido? ¡Jincha! ¿¡Cómo puede no gustarte la navidad!? Es decir, ¿tan mala fue la última que...? -se detuvo. Se sentó y ladeó la cabeza-. Ya entiendo. -¿Ah, sí? -Estás lejos de casa. A nadie le gusta pasar navidad lejos de la familia -sonrió-. Pero imagino que Minha y tú... Me lo quedé mirando, seria y callada. ¿Qué iba a decirle? ¿Mentirle? No podría. Y aunque lo hubiera hecho, Jungkook me habría sacado la verdad de cualquier manera porque ese niño era poderoso. -Son sólo cosas comerciales, de todas formas... -murmuré. -¿Has pasado sola la última navidad? Tragué duro. -Ya te lo dije: son cosas comerciales y no me interesan. Es sólo un día más -sonreí-. En mi opinión, año nuevo es mucho mejor. ¡Siempre hay una fiesta a la cuál acudir! Y en lo posible te pierdes en el alcohol y al otro día no recuerdas el haberte quedado en una esquina mientras todos hacen la cuenta regresiva y terminan por darse un beso -hice una mueca. -No te preocupes: tampoco beso a nadie en año nuevo. -¿Tú? ¿Justo tú, Jeon MeGustaTuFalda Jungkook? Arrugó el entrecejo al oír mi apodo y luego se encogió de hombros. -Pues es algo así como decir "te prometo que estaré contigo todo el año"; y si llego a hacer eso con alguna chica el resto va a ponerse muy mal. ¿No te parece? Así que sólo desaparezco un rato y me voy a ver los fuegos artificiales. -Tu sí que eres increíble -negué con la cabeza y cerré los ojos, pues los párpados me pesaban terriblemente-. ¿Qué hora es? Luego de un rato en el que le sentí removerse a mi lado, respondió: -Seis y media. -Vaya. Se nos ha pasado toda la noche... -Y ha sido genial, ¿no te parece? -No. -¿¡Por qué no!? -sonó tan sorprendido que no pude menos que reírme. -Porque aún quiero ver tu tatuaje. -Es feo y tonto, y lo detesto. No te lo mostraré. -¿En dónde está? -En mi hombro. -Déjame verlo -abrí los ojos-. Por favor. -Déjame ver tus pechos. ¡Ay! -se corrió cuando le pegué en un costado-. ¡Es lo mismo! Si tu no me muestras lo que te da vergüenza mostrar, pues yo tampoco. -Si te los muestro, ¿me dejas ver tu tatuaje? -Me miró y abrió mucho los ojos. Asintió lentamente y yo solté una estruendosa carcajada-. Ni en tus sueños, cavernícola. -Deja de jugar con mis sentimientos. -¿Jungkook? -¿Mmh? -Tengo sueño. -¿Vamos a la cama? -Tu ve a la cama, yo me quedo aquí. -No voy a dejar que duermas en el sofá. -Pues tu duerme aquí y yo duermo en tu cama. Entrecerró los ojos, mirándome con malicia. -¡Es mi cama! -Entonces puedo irme a casa y dormir en la mía. -¡No te vayas! -Decídete, chico. -Durmamos juntos en mi cama -lo miré con alarma y él se rió-. Ya lo hicimos una vez, ¿no? -Y cuando me desperté te tenía encima como una garrapata. -Es que hacía frío, no es personal. -Si, ahá -me froté los ojos, exhausta-. ¿Sabes qué? Está bien. Pero no te me acerques. -Deja de tratarme como a un violador -se rió y se puso en pie. Estiró los brazos hacia arriba para estirarse y disfruté increíblemente de la visión de los músculos de sus brazos tensándose, y la pequeña parte de su abdomen plano que quedó a la vista al levantársele un poco la blusa. Cuando los bajó, me sonrió-. ¿Tengo que llevarte en brazos como a las princesas? -Como me tocas, te mato -me levanté y arrastré los pies hacia la habitación de Jungkook, quien me seguía pisándome los talones-. Más te vale que mañana te levantes temprano y te pongas en pos niño lindo, ¿eh? -¿Por qué? -Tienes una cita con la chica de la peluquería. -Oh... es verdad. Me giré a verlo, furiosa. -¿¡Lo habías olvidado!? -¿Realmente te importa que salga con esa chica? Rodé los ojos y seguí mi camino. Cuando entré en su habitación me limité a levantar las sábanas y meterme debajo de ésta. Jungkook se tiró como una ballena sobre la cama y se arrastró hasta quedar debajo de las sábanas, a mi lado. -Me importa que seas una buena persona y salgas con ella. ¿No dijiste que no eras la clase de chico que no juega con los sentimientos de otra? -Por eso mismo no pensaba ir. Me giré con la mejilla sobre la almohada para verlo. El muchacho yacía boca abajo, con el rostro hacia mí. -¿Al menos puedes presentarte, pagarle una cena o una entrada al cine y demostrarle lo imbécil que eres para que sola se de cuenta de que no vales la pena y se olvide de ti? -¿Siempre eres así de sincera? -¿Puedes hacerlo? -Tal vez... -sonrió-. Si me despierto. -Oh, créeme lo harás. -¿Lo haré? -Lo harás -me giré para no verlo a la cara y cerré los ojos. -¿Te puedo abrazar? -No. -Bueno. Descorrí las sábanas y me puse en pie. Jungkook dormía con la boca abierta, prácticamente babeando la almohada blanca. Hice una mueca y corrí de puntitas hasta la puerta, para salir e ir a mi departamento. Me tome todo mi tiempo para darme una ducha reparadora, cambiarme la ropa, peinarme, ponerme un poco de maquillaje para parecer una persona decente y desayunar bien. Cuando estuve lista, volví al departamento del muchacho. Como bien imaginaba, éste no se había movido ni un centímetro y seguía babeando sobre la almohada. Puse los brazos en jarra y chasqueé la lengua. Ladeé la cabeza. Incluso así me parecía tan lindo... Sacudí el cabello y me senté en la cama, a su lado. -Eh, feo -ni siquiera mosqueó-. Jungkook -por las dudas lo toque, por si estaba muerto. El muchacho respondió removiéndose con incomodidad. Me pareció divertido, así que comencé a tocarlo con los dedos índices hasta que pasó de removerse a reírse-. ¡Anda! ¡A levantarse! -Déjame dormir -se quejó cuando lo solté, girándose y arrastrando la colcha con él. Ahora más que un Jungkook parecía un burrito de sábanas y baba y pelo despeinado. -Levantate ahora mismo y lávate la cara, por favor; que vas a espantarla ni bien te aparezcas. -¿De qué hablas? -¡De tu cita! -Otro día... -¡Ni de broma! -exclamé, y caminé hasta su armario. Lo abrí y comencé a revolver sin tos ni son, importándome poco del orden y la limpieza. Saqué unos pantalones negros rotos y una camisa roja-. Qué linda... -me la puse sobre mi, pero era muy grande para mi talla. Una pena-. Jungkook, usa ésto. -Djmeaenas... -¡Levanta la cara de la almohada! El muchacho levantó la barbilla de la almohada y su cabello totalmente parado como en púas me hizo estallar en carcajadas. Jungkook entrecerró los ojos, como si no entendiera el chiste. -Dije que me dejes en paz. -La paz llegará cuando hagas las cosas como es debido. Ahora métete en el baño. ¡Ahora, Jeon! -¡No me he mudado lejos de mi madre para conseguir otra! -exclamó, frustrado, pero aún así se levantó y se encerró en el compartimiento dentro de su cuarto. Cuando oí la canilla del agua, sonreí con victoria. Dejé las prendas sobre la cama y busqué unas botas negras bastante imponentes. El conjunto era una mezcla de "hola, soy un chico malo y sexy y vine a darte una flor y decirte que te ves hermosa". ¡Era perfecto! Sin duda a la muchacha le gustaría que... Sí, pues claro... ¡Claro que le gustaría! ¡Si Jungkook estaba para comérselo con pan y manteca! Sacudí la cabeza para sacarme ideas tontas de encima y fuí hacia la cocina. Puse agua a calentar en la pava, tomé una taza de Iron Man y abrí la alacena principal. Las toneladas de chocolate en polvo me decían que debía de ser su bebida de todos los días, así que tomé un jarrón e hice un increíble cacao que olía a maravillas. -¿Jungkook? -murmuré, llevando la taza hasta el cuarto. Cuando entré, me quedé de piedra. El muchacho se había puesto la ropa que le había tendido, y ahora mismo terminaba por abrocharse la camisa mientras se miraba en un espejo de la pared. -¿Me veo bien? -inquirió, dudoso, dándose la vuelta para que lo viera. Sus ojos hinchados revelaban que acababa de dormir, pero su pelo ya había vuelto a la normalidad-. Creo que éste pantalón con esta camisa no... -Te vez bien -finalicé, amargada por el que se atreviera a dudar sobre mi gusto en moda. Le tendí la taza y cuando el muchacho olió el chocolate sonrió con ganas. -Eres encantadora, Linnie. ¡Un primor! -ironizó-. Me sacas de mi cama a los gritos y luego me preparas un chocolate caliente. ¡Me siento afortunado! -Realmente deberías agradecerme, pabo. Ahora anda, mándale un mensaje y cómprale unas flores en el camino. -¿Qué flores debería comprarle? -Pues no lo sé, algunas. -¿Qué flores te gustan a ti? Aparté la mirada. Algo en su pregunta me había dolido, por alguna razón sospechosa. -Los tulipanes. -¿Debería comprarle tulipanes? -Los tulipanes son lindos -tragué saliva y forcé una sonrisa-. Estoy seguro de que le gustarán. Asintió y tomó su celular de la mesita de luz. Tecleó rápido y esperó unos segundos. Sus ojos se iluminaron cuando llegó una respuesta y me sonrió con altanería. -Pues parece que vamos a comer a éste lugar -me mostró la pantalla-. ¿Lo conoces? -Olive Garden, no queda tan lejos de aquí -asentí con la cabeza, metiéndome las manos en los bolsillos traseros de los jeans-. Es un lugar muy... ... Adecuado para una cita. -¿Lindo? -me miró como si quisiera leerme el pensamiento-. ¿Eso ibas a decir? -Si, eso mismo. ¡Ahora ve y deslúmbrala con tu idiotez! -miré el cuello de su camisa-. ¡Oh! ¡Espera! Estiré las manos, acercando nuestros cuerpos, y acomodé el cuello mal doblado. Mis manos rozaron levemente su piel blanca, levemente bronceada. Entreabrí los labios, cohibida ante ese tacto. Sentí una especie de descarga desde mis dedos hasta mi estómago, y me aparté rápidamente del muchachacho, que me observaba con algo de curiosidad y preocupación. -¿Sucede algo? -inquirió. -No, no, claro que no -claro que sí-. Pásalo bien en tu... En tu... -¡En mi cita! Sonreí apretando los labios y asentí con una punzada de dolor. Yo le había dicho que tenía que ir y regalarle algo de su tiempo, y sin embargo... Ahora me sentía patética, perdida, y fuera de plano. ¿Qué hacía ayudándole para ir a una cita? No es que me pareciera mala idea, es sólo que... Me estaba entrometiendo demasiado en algo que no era problema mío. En algo que ni siquiera me gustaba del todo, porque yo seguía siendo una niña tonta bastante embobada de un chico demasiado bonito. -Suerte -dije, antes de verle marcharse con una expresión bastante ilusionada en el rostro. ¿Y si iba y se daba cuenta de que esa chica era increíblemente hermosa, especial e inteligente? ¿Y si era del tipo que le gustaba? ¿Y si lo perdía para siempre? Me mordí el labio inferior con fuerza y miré a mi alrededor. ¿Qué hacía sola en el departamento de Jungkook? ¿Y si.. se besaban? ¡Yah! ¿Por qué seguía pensando en el chico? Me moví con sigilo por el pasillo y me metí en mi departamento. Mejor me ponía a trabajar y me olvidaba un rato del muchacho.
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