18- Los lujos de Jeon

2213 Words
Ese chico estaba definitivamente loco. ¿Por qué me obligaba a ponerme un vestido en mitad de la nada? ¿Y por qué él iba tan elegante? ¿A dónde me iba a llevar? Y aunque la voz de mi consciencia me gritó que tal vez era un asesino encubierto que tramaba drogarme en una fiesta y escapar a China, mi curiosidad pudo y corrí a bajar el cierre de la tela que ocultaba el vestido de mi vida.  Abrí mucho la boca. -Buau...  Quité el vestido de la percha y lo abrí frente a mí. Se trataba de un vestido corto y de tirantes, lleno de lentejuelas que brillaban doradas con sólo moverlas y un escote de espalda que debía de llegarme hasta el inicio de las bragas. Sin duda era una preciosidad, y era... Cuando mis manos buscaron la etiqueta de marca solté un chillido, e inmediatamente oí a Jungkook reírse tras la puerta. Casi pude imaginarlo apoyado contra ésta, esperando a mi reacción cuando me diera cuenta de que ese vestido era un... jodido... -¡GUCCI! -grité. -¿Te gusta? -¡Es un Gucci, madre mía! ¿¡Te lo has robado!? -¿Qué? ¡No!  -Jungkook si te lo has robado te juro que... -¡Que no me lo he robado, Pauline! ¿Te gusta? -Pero... -Dime si te gusta. -¡Me gusta! ¿¡Cómo no iba a gustarme!? -Entonces es suficiente -soltó otra risita-. Anda, póntelo que no tenemos mucho tiempo. Tragué saliva y no pude evitar sonreír como una tonta. Jamás había siquiera tocado una prenda tan cara. No lo dudé mucho y me quité los jeans de tirón. -¿De quién es éste vestido? -Mío. -Ah, sí -me quité la blusa y tomé el vestido-. De seguro te queda muy bien. -Pues encaja a la perfección con mi silueta, pero digamos que no lo compré para mí. -¿¡Lo compraste!? -grité, enredada dentro del vestido-. ¿¡Cómo que lo compraste!? -Es un regalo de mí para ti. -¿¡Por qué!? -Para pedirte perdón... -¿¡Cómo pasaste del pan a un vestido Gucci!? -Jungkook lanzó una carcajada e hice un terrible esfuerzo por no reírme también, puesto que la situación era más que seria-. En serio es un vestido caro, ¿cómo es que...? Cerré la boca y me contemplé al espejo. -¿Cómo es que lo compré? Pues tengo buenos ingresos, qué puedo decirte... -alardeó, pero yo ya no lo escuchaba. Contemplé mi figura, o hasta donde el espejo me alcanzaba a ver, y mis rodillas temblaron. Me sentía tan... -Hermosa -murmuró Jungkook cuando me vió, tras abrir la puerta. Sonrió con ganas y sus ojos oscuros brillaron-. Sabría que te quedaría hermoso. Se posicionó detrás de mí, su perfecto y masculino rostro sobre mi cabeza. Él de traje, yo de vestido. Hasta casi parecíamos adultos, y perfectamente convinados, éra... Éramos... -Buau -solté un suspiro y sonreí. Me giré para ver mi espalda desnuda y Jungkook enarcó una ceja-. ¿No crees que es mucho? -¿Qué dices? Pero si es perfecto -estiró una mano para tocar mi espalda y yo me corrí-. Oh, vaya. -¿Qué? ¿Qué pasa? -Pues que tenemos un problema -sonrió burlón, y yo tuve miedo. -¿Qué problema? -lo miré a la cara y su sonrisita me irritó-. ¡Jungkook! -Es que ese vestido, con esa espalda descubierta, no va con sostén... -se encogió de hombros. -¡Ni lo pienses! ¡No voy a sacarme el sostén! -Pues se ve mal, y soso. Y... en serio, Pauline. ¡Es un jodido Gucci! No puedes ser tan descuidada... Volví a admirar mi espalda en el espejo y no pude menos que estar de acuerdo. Es que... en serio, ese vestido no iba con sostén rosa de lunares negros. No estaba para nada bien. Tragué saliva y asentí, y casi pude ver una expresión de victoria en el rostro del muchacho. -E-está bien. Tienes razón -asentí maduramente y respiré profundamente-. Yo... -Oh, déjame ayudarme. Antes de que pudiera gritarle que se vaya a dónde su madre lo dió a luz, sus ágiles manos se movieron hacia mi espalda y desabrocharon rápidamente el gancho de mi sostén. Su cálido tacto hizo que me pusiera la piel de gallina, y él acto de haberlo desabrochado con tanta agilidad me puso las rodillas flojas.  Me sonrió ladino al espejo, y sus manos se deslizaron de mi espalda a mis hombros. Rozó toda la piel descubierta totalmente a propósito, y aunque podría haberlo negado a los gritos me encantaba. Dios, cuánto me gustaba. Sus dedos llegaron a los tirantes rosas y los deslizó hacia abajo, rozando mis brazos desnudos. Apreté los dientes con fuerza cuando los soltó a la atura de mis codos y bajó la mirada hasta mis pechos que, incluso detrás de la tela del vestido y de las miles de lentejuelas, se marcaron. Y es que era moda, ¿no? Y no es que estuviera desnuda tampoco pero... Tuve unas increíbles ganas de taparme y decirle que no mirara. Sin embargo no lo hice, porque Jungkook no paró allí y se apresuró a deslizar una de las tiras de mi sostén por mi vientre y sacarlo por fin del vestido. Se lo puso sobre un hombro y se rió.  -Ahora sí estás muy elegante para la ocasión, Paulinnie -ladeó la cabeza y entreabrió los labios. Pude ver claramente como pasaba la lengua por el borde de sus dientes, y sin embargo casi toda mi atención se detuvo en mi espalda cuando pasó un dedo desde mi cervical hasta el borde de mis bragas, dibujando una línea invisible en mi columna. Me dió un escalofrío y me aparté rápidamente, agarrando mi sostén del hombro de Jungkook porque no podía seguir viéndolo ahí.  -¿Ahora vas a decirme a dónde vamos? -pregunté-. Porque todavía no sé si voy a ir contigo. -¿Y sacarte ese vestido? -sonrió victorioso-. Seguro que me acompañarías hasta la otra punta del mundo con tal de no sacártelo. Y tenía razón, pero también tenía orgullo... ¿no? -¿Entonces a dónde...? -Espera -tomó mi mano y me arrastró hasta su cama. Me obligó a sentarme y quitó el sostén de mis manos para lanzarlo sobre su cama-. Ahora déjame...  Se arrodilló frente a mí y metió la mano debajo de su cama. Cuando la sacó, sostenía un zapato que... llámenme infantil, pero eran los jodidos zapatos de Cenicienta.  Levantó mi tobillo y metió el zapato. -Mira, qué buen ojo -me guiñó un ojo, buscando el otro zapato-. Parece que eres la princesa, al fin y al cabo. Te quedan perfectos. Puso el otro zapato y yo admiré mis pies que, como eran transparentes, se veían. Entrecerré los ojos y lo miré con malicia, pues no caería en la trampa de pensar que había sido una pura coincidencia. ¡Oh, vamos, que no era tonta! -¿Ya me dices a dónde vamos? -Aún falta algo -se paró y rebuscó algo en su escritorio. Cuando volvió, dejó un estuche a mi lado y lo abrió para buscar un...-. Delineador n***o. -¿¡Ese maquillaje es tuyo!? -exclamé, risueña, viendo que tenía más que yo misma. -No te burles, ¿quieres? Y déjame hacer tu maquillaje. -Estás bromenado, ¿verdad? -me reí-. ¿Tú hacer mí maquillaje?  Suspiró y dejó caer los hombros, mirándome con cansancio. -De verdad no tenemos mucho tiempo. -¡Pero aún no me dices a dónde vamos! -Cuando termine el maquillaje te lo diré. -¿Lo prometes? Sonrió y me miró como si tuviera cinco años. -Lo prometo. Ahora cierra los ojos. Hice caso y los cerré. Sentí las cálidas manos de Jungkook acomodar mi rostro a su antojo, y luego sentí el frío líquido del delineador en mi párpado izquierdo. A lo mejor parezca la chica más hipócrita del planeta, pero la verdad es que el saber que en realidad no se había sobrepasado con Hayoung fue... ¿Cómo decirlo? Me había aliviado completamente. Y es que... lo quería. Cuando el muchacho terminó con ambos ojos me pasó algo de rimmel y luego rebuscó en su estuche un labial rosa. -¿Eso también es tuyo? -Te dije que no te burles -agarró mi barbilla entre sus dedos y deslizó la barra labial por mi labio inferior. Ver como Jungkook abría la boca para que yo la abriera me causó tanta ternura que clavé las uñas en la colcha para no saltar hacia él como un animal. Quitó el labial de mi rostro y dió besos al aire para que yo hiciera lo mismo y acentuara bien el color del labial. -Ya estás lista. -¿Debería...? -alcé mi cabello en una coleta y él negó con la cabeza, obligándome a soltarlo y acomodándolo sobre mi espalda. -Déjalo suelto -se puso en pie y tomó mi mano para levantarme-. ¿Estás lista? -¿Para qué? -Supongo que prometí decírtelo... -se rascó la cabeza-. Bueno, tal vez... mi madre tiene una reunión importancia y tal vez... no quiero ir solo. -¿Estás bromeando? ¿Tu madre? -sacudí la cabeza, como si de repente la idea de ver a su progenitora fuera peor que el que fuera un asesino-. N-no Jungkook, no puedo. -¿No puedes qué? ¿Te da miedo? -¡Es tu madre! -¿Y eso qué? Solo iremos, comeremos un par de bocadillos, diremos que las obras son "magníficas" y nos iremos -junto las manos frente a su rostro e hizo un puchero-. Por favoooooor -dudé y él fingió enojo-. Oye, tienes un Gucci por algo. -Bueno, bueno, está bien -me abracé a mí misma, nerviosa-. Pero sólo un rato, ¿está bien? -Te lo pasarás bien. Tu entiendes de arte, ¿no? -Mmsjdhm... -¿Eso es un sí? ¡Genial! Hice una mueca y me dejé arrastrar por Jungkook fuera de su departamento, sin embargo fuimos detenidos por la mujer que casualmente pasaba por allí. -¡Mi niña, qué gusto me da verte! ¿Y éste es...? -la Sra. Chin entrecerró los ojos, viendo a Jungkook. -Soy Jeon Jungkook, hola -hizo una rápida reverencia-. Lo siento, pero llegamos tarde a... -¡Ahhh! ¡Sí, sí, sí! ¡El nuevo! Espero que tengas una buena estadía en el edificio, y que no tengas tantas hormigas como yo porque esas andrajosas se comen todo lo que va al suelo -se rió, y Jungkook y yo nos miramos sin saber qué decir-. ¡Aish! ¡Si tan sólo no tuviera cinco gatos! Pero es que son tan lindos. ¿Les gustaría verlos? -Lo siento, Sra. Chin... -tragué saliva-. Estamos un poco apurados ahora mismo. -¡Ah, sí! ¡No voy a detenerlos! Pero espero que vengan a visitarme algún día, ¿no? ¡Preparo el mejor budín de chocolate de...! -¡Claro que pasaremos! -la interrumpí, viendo que Jungkook se relamía y estaba a un paso de aceptar la invitación e ir a comer budín-. Ahora tenemos una cita importante con... -¡Una cita! Recuerdo mis momentos de cita, qué buena edad -suspiró-. Aunque espero que se estén cuidando, chicos; porque en mis tiempos era difícil... Jungkook lanzó una estruendosa carcajada y yo hice una rápida reverencia para luego tomar el brazo del muchacho y meterlo dentro del ascensor. Cuando las puertas se cerraron, lo miré con fastidio. -¿Me apuraste todo el rato y te ibas a dejar ir por un pudín? -De seguro era el mejor pudín del universo -se encogió de hombros y rebuscó las llaves en su bolsillo-. Nos arrepentiremos cuando nos sirvan cosas impronunciables de tofu y salmón. Arrugué la nariz y no pude menos que estar de acuerdo. Cuando las puertas se abrieron, Jungkook caminó rápidamente hasta la puerta. Me tomé mi tiempo, quedándome detrás, para admirar esas gloriosas piernas largas dirigirse hacia la salida. Más bien, hacia un auto n***o que brillaba tanto como las estrellas esa noche. -¿Ésto es tuyo? -comenté, dudosa. -¿Te gusta? -apretó un botón en las llaves para sacarle la alarma y me abrió la puerta del copiloto-. Pasa. -Te juro que no lo vi cuando vine... -comenté, sentándome. -Es que se hace invisible -cerró la puerta mientras yo lo miraba con fastidio y trotó delante del capó para tomar el asiento del conductor. Abrí la boca mientras el muchacho metía la llave y ponía un cambio. Y es que Jungkook de por sí era lindo. Jungkook en traje era sexy. Pero Jungkook, en traje, manejando un auto carísimo era...  -Qué bombón -murmuré. -¿Qué dijiste? -El auto, es... Buau -aparté la mirada-. Un bombón de auto. -Lo sé, es mi mujer -acarició el volante y yo arrugué la nariz-. Ponle nombre. Me reí. -¿Nombre? ¿Al auto? -Ahá. -Melody. -¿Melody? ¿En serio? -sacudió la cabeza-. Está bien, Melody será. Me crucé de brazos, disimulando el querer tapar mi ausencia de sostén, y me dediqué a mirar por la ventanilla a mi lado todo el camino; preguntándome a qué lugar iríamos.  Sin embargo, no esperaba que fuera el más obvio. -¿¡El museo de artes!? -me giré para verlo, atónita. -¿No crees que tiene sentido? -Pero, espera... -me volví hacia el edificio y vi que un cuerpo de policías ocupaba la entrada, mientras que varias personas muy bien vestidas iban entrando-. ¿¡Es la fiesta de...!? ¡¡¡JUNGKOOK!!! -Hasta pareces emocionada... -se rió y sacó las llaves. -¡¡¡ES LA...!!! ¡No puedo estar aquí! -Claro que sí -murmuró, abriendo mi puerta para que bajara-. Eres mi acompañante. Me bajé y lo miré como si estuviera loco. -Pero es una fiesta muy importante; grandes artistas estarán aquí como... Tu mamá, por ejemplo. Iba a explotar de... ¿De qué? No lo sabía. Me sentía emocionada, feliz, irradiaba adrenalina; y sin embargo aquel evento el lugar menos acordado para que una reciente artista rechazada fuera.  -¿Y si me encuentro con el tipo ese que me dijo que mi arte era basura? -agaché la mirada, tensa. -Entonces me lo señalas y yo le rompo la cara -Jungkook apoyó las manos en mis hombros y yo lo miré a los ojos-. No tienes por qué estar nerviosa: son sólo un par de viejos llenos de dinero. Si quieres podemos ver la nueva exposición, y sino... Pues sino nos vamos a casa y miramos una película. ¿Te parece? Me mordisqueé el labio, nerviosa, y asentí. Jungkook me soltó y me echó un repaso de pies a cabeza. -Pauline...  -¿Sí?  -Quiero hacerte tantas cosas ahora mismo... -abrí la boca para protestar, pero él se apresuró a poner mi mano sobre su brazo y comenzar a caminar-. Vamos, mi madre me matará si me retraso aún más.
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