19- Sorpréndeme

1926 Words
-¡Jungkook! -exclamó una mujer ni bien pusimos un pie dentro del museo. Dejé de mirar el lugar lleno de gente y mozos con bandejas para fijarme en la mujer de vestido rojo y ojos grandes y oscuros, iguales a los de su hijo. -Jeon Hyeyuk... -murmuré, y la mujer se me quedó viendo algo sorprendida. Hice una reverencia noventa grados-. ¡Usted es Jeon Hyeyuk! ¡Es un verdadero gusto conocerla en persona! ¡Usted es una de las mejores artistas de Corea del Sur, su trabajo es excelente y...! -Bueno, bueno -Jungkook me palmeó la espalda, ¿lo estaría avergonzando?-. No le digas todo eso, a ver si se lo cree. -Calla, mocoso -lo regañó su madre; y luego me dedicó una amplia sonrisa-. Tu eres Pauline, ¿cierto? -mi sonrisa se borró pues... sabía mi nombre-. Mi hijo me ha hablado de ti. -¿En serio? -oh, no, ¿qué pudo haberle dicho?-. Pues... vaya. Él no me ha contado mucho de usted salvo que... bueno, es usted y... Y de todas formas sé quién es usted, así que...  Soy tonta, eso es todo. Sin embargo, Hyeyuk pareció encontrarlo divertido pues se rió y asintió con la cabeza. -Me alegra que lo acompañes. Al menos así no se irá tan temprano y hará quedar mal a su madre, ¿verdad? -miró a su hijo con intensión y, antes de que Jungkook pudiera decirle lo que me había dicho a mí, yo respondí. -Claro que no -sonreí. -Ha sido un placer, entonces. Nos veremos por ahí -levantó la copa que sostenía a modo de saludo y volvió a hablar con los tipos que estaba hablando ni bien llegamos. -¿Estás loca? -el muchacho me giró, agarrándome por los hombros y encorvándose un poco para verme a los ojos-. Te tomará la palabra y ya no podremos escapar. -Sé un buen hijo y cumple los deseos de tu madre, Jeon -le saqué la lengua y él entrecerró los ojos-. Además no puede ser tan malo, ¿no? -¿Escuchar a cientos de adultos hablar sobre que el arte esto, el arte aquello? Aburriiiiido. -No seas infantil. Ha de ser muy interesante. -Prefiero quedarme en casa disfrutando del arte de los videojuegos, ¿qué te parece? -Que eres bastante estúpido. Arrugó la nariz y luego me soltó, mirándome como si se le hubiera prendido la lamparita. -Tenemos que hablar -dijo. -Ah, sí. Podemos... -Aquí -tomó mi muñeca y tiró de mí por todo el lugar. -Jungkook -murmuré-. La gente nos mira. -Ignóralos. Son viejos gruñones. Siguió arrastrándome por todo el lugar hasta con los baños. Se metió en los femeninos y cerró la puerta con traba. -¿Y si alguien necesita ir al baño? -murmuré. -Hay baños en todos los pisos. -¿Y si una mujer anciana tiene que ir al baño y tu la obligas a subir la escalera y tiene un accidente? Entonces será tu culpa. -Entonces será de los dos porque estás tu aquí conmigo -se encogió de hombros-. Además, hay ascensores. -Podemos hablar afuera, ¿no te parece? -No me parece. Escúchame... -se me quedó mirando, y luego me levantó por la cintura y me sentó sobre el lavabo-. Lo siento, es que eres muy baja y me da tortícolis en el cuello. -Qué bien -me crucé de brazos y sonrió. -La cosa es que... -se rascó la nuca-. Lo que dije de Hayoung... no es cierto. -Lo sé. -No, en serio, es que... Oye, ¿qué? -me miró con los ojos muy abiertos-. ¿Me crees? -Te creo. -Vaya, sí que fue fácil -frunció el ceño, extrañado-. ¿Cómo es que no me estás diciéndo imbécil? -¿Crees que habría dejado que me maquilles y me dejes usar un vestido Gucci si no supiera que no eres taaan imbécil? -se me quedó mirando sin entender-. Hayoung vino a la peluquería hoy y me contó todo. -¿Y por qué te lo contó? -Estaba furiosa -no pude no sonreír-. Porque no le aceptaste un polvo. -Te dije que no jugaría con una chica que sintiera algo por mí. -Lo sé, y por eso... te estimo. -¿Me estimas? -se acercó a mí-. ¿O sea que me quieres? -No te quiero, te estimo. No confundas las cosas. -Es una pena -apoyó las manos a cada lado de mis caderas, sobre el mármol del lavabo. -¿No crees que te estás pasando de la línea? -enterré un dedo en su pecho para alejarlo, pero no se movió ni un centímetro. -Ojalá te hubieras dejado ese sostén... -miró mis labios y se mordió el suyo propio, deleitándome con aquella imagen. Sentí un escozor en el estómago y las palmas de mis manos sudaron. ¿Acababa de elogiarme... los pechos o algo así? Crucé con más fuerza los brazos sobre mi pecho y levanté la barbilla con autoridad, dispuesta a soltar alguna queja como solía hacer. "-Pauline, por una vez en tu vida debes tomar las riendas de la situación y ser una chica mala" Sonreí, sorprendiéndolo, y bajé las manos. Jungkook enarcó una ceja, seguramente dudando de si iba a golpearlo o a gritarle, pero yo simplemente tomé con firmeza la camisa del muchacho y tiré de él hacia mí, juntando sus besos con los míos.  Al principio no reaccionó; se quedó tan quieto que temí haber hecho algo malo. Sin embargo, no dudó en levantar las manos para acunar mis mejillas entre ellas y girar mi rostro para profundizar el beso. Sentí su lengua cosquillear sobre mi labio superior y cómo todos los nervios de mi cuerpo se activaban de placer. Succioné su labio inferior, como tantas otras veces había querido hacer, y luego lo mordisqueé lentamente. Aquello pareció prender al muchacho, pues sus manos bajaron de mis mejillas a mi cintura y me apretó contra él. Sentir sus manos cálidas en contacto directo con la piel desnuda de mi espalda hizo que la encorvara, pegándome más a su pecho duro. Sentí mis pezones erizarse por el contacto con la ropa, y fue tan jodidamente delicioso que solté una risita divertida. Jungkook sonrió durante el beso y abrió más mi boca con sus labios para... Alguien aporreó con fuerza la puerta del baño, provocando que nos separásemos como si nos quemáramos el uno al otro. -¿¡Hay alguien ahí!? -exclamó una voz femenina del otro lado. Me limpié la boca, cualquier rastro obsceno de humedad, con el dorso de la mano y miré a Jungkook con alarma en los ojos. El muchacho observó mi gesto y apretó los dientes, se acercó a mí y volvió a besarme con intensidad. Sonreí. -¿¡Hola!? Lo separé de mí y me llevé un dedo a los labios para señalarle que no hablara, que no se riera. El muchacho me señaló con un dedo, luego señaló al inodoro y finalmente hizo una pobre imitación de dolor de barriga. Negué con la cabeza y el asintió, animándome a hablar.  Me di una palmada en la frente y me obligué a contener la risa. -¡Lo siento! ¡He comido algo muy feo y cerré la puerta porque me daba vergüenza! Y... ¡Y ahora estoy encerrada! Jungkook comenzó a reírse, tapando la boca con su mano. Le lancé una mirada asesina. -¡Oh, pobresilla! ¡Llámare a alguien para que venga a abrirla! -¡Gracias, se lo agradezco de verdad! -exclamé, dándole una patada a Jungkook que ágilmente esquivó. Salté del lavamanos y me acerqué a él para hablarle en voz baja. -¿¡Y ahora qué!? -Y ahora salimos. El castaño se acercó a la puerta y le entreabrió, miró afuera y finalmente salió, haciéndome señas de que lo siguiera. Sin embargo, vimos que una señora bien vestida se acercaba rápidamente junto a un policía. -Mierda -Jungkook tiró de mi cintura, empujándome hasta el pasillo. Me apretó contra la pared-. Shh. Vimos como la señora y el policía pasaban junto a nosotros sin vernos y luego se dirigían hacia los baños femeninos. -¿Aquí está? -inquirió el policía. -¡Sí, la pobre chica dijo haberse quedado encerrada! -Pero... -el tipo empujó la puerta y ésta se abrió sin ningún problema. Jungkook tomó mi muñeca y salimos corriendo, aguantando la risa, hasta perdernos por fin entre el gentío de gente que nos miraba como si fuéramos niños estúpidos. -¿Te daba vergüenza y te encerraste? ¿Jincha? -se rió de mí-. ¿No se te ocurrió nada mejor? Puse los brazos en jarra. -¿A ti te se hubiera ocurrido algo mejor? -Claro que sí; no por nada me llaman golden maknae. Le di un empujoncito y me reí de él. -¿Sabes qué? -inquirió de repente. -¿Qué? -Tengo muchas ganas de hacer algo. -¿Qué cosa? -inquirí, con algo de miedo de que se le fuera la lengua con comentarios que debían ser censurados. -Quiero ir a la exposición nueva -se encogió de hombros, apartando la mirada y fingiendo inocencia-. Y quiero que vayamos de la mano. -Pero eso hacen los novios, Jungkook. -¿Y nosotros que somos? -Yo soy una artista frustrada y tu eres un mono. -Ruda -se rió-. Pero bueno, podríamos fingir ser novios. -¿Fingir? -sonreí, sonrojándome. -Sólo esta noche, ¿te parece? -me cortó el paso, parándose frente a mí. Eché la cabeza hacia atrás para verlo a los ojos. El muchacho levantó un dedo y corrió mi flequillo a un lado-. Seamos novios esta noche. Me hice la que lo pensaba y luego acepté, asintiendo.  Jungkook entrelazó sus dedos con los míos y seguimos caminando hacia donde la muchedumbre se amontonaba. -Vaya... -murmuré, entrando en la sala. Yacía completamente remodelada, aunque era la sala de continuo cambio. Ésta vez no estaba llena de pinturas como la última, sino de fotografías.  -Mira ésto... -sonreí, admirando la foto de una gota de agua en una hoja-. Es excelente... Cientos de fotografías colgaban en las cuatro extensas paredes, todas ellas tamaño mediano. O, bueno, casi todas ellas. Mi atención se centró en la grande del medio, la que cubría gran parte de la pared.  No era quizá la mejor foto de todas, pero sin duda era la más importante. Me quedé boquiabierta, rígida y sorprendida. Solté la mano de Jungkook de la impresión y me apresuré a acercarme a la fotografía, en la otra punta de la sala. A medida que mis tacos resonaban por el piso de mármol, la gente se iba dando vuelta, dedicándome sonrisas y cuchicheando un poco. No puede ser, no puede ser... Cuando estuve frente a la bendita foto, me encogí para leer lo que decía a un costado. Artista: Jeon Jungkook. Y la foto era... la mía. Me encontraba durmiendo plácidamente sobre el sofá, con el cabello despeinado y los labios entreabiertos. Mi mano descansaba a un costado, y la piel descubierta de mi escote me daba un aspecto frágil y femenino. La luz de la luna le daba tonalidades doradas a mi cabello castaño, y la luz de los créditos de Coraline le sacaban destellos violáceos a mi rostro.  Era una buena foto, sin duda. Me giré. Jungkook caminaba lentamente hacia mí, con las manos en los bolsillos delanteros de los pantalones negros y una sonrisa divertida en el rostro.  Me encogí de hombros lentamente, negando con la cabeza y sin parar de sonreír. No me lo podía creer, ¿él era el artista que exponía? ¿Por qué no me lo había dicho? -¿Te gusta? -inquirió cuando llegó a mi lado. -Sin duda la de la gota de agua era mejor como para hacerla en éste tamaño -señalé la foto, detrás de mí, con un dedo. -Yo creo que ésta es la mejor -le echó un vistazo y asintió, orgulloso de sí mismo. Miré sobre su hombro y vi que la gente de la exposición seguía volteada hacia nosotros. -Jungkook... todos nos están mirando -murmuré, cohibida. -Claro que nos miran -levanté la mirada para verlo a los ojos, y vi que estos brillaban con una intensidad tan potente que... me consumía. Me penetraba, y anhelaba con todo mi ser ser el motivo de tal brillo-. Somos lo mejor de la muestra. Sonreí. -Siempre me sorprendes -murmuré. -Sorpréndeme tu a mí. Me puse de puntitas y lo besé. Oí como, a nuestras espaldas, varios murmuraban cosas como "oww" y enterré el rostro en su pecho para reír en voz baja. El muchacho me abrazó, también risueño. -Nos envidian, ¿no te parece? -inquirió, divertido. Asentí contra su pecho y lo abracé con fuerza. Jungkook pareció sorprendido. -Gracias -murmuré con un hilo de voz.
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