8- Decepción

2056 Words
Abrí lentamente los ojos. La luz del sol se colaba entre los espacios de la persiana, dándole rayas a toda la habitación. Aspiré hondamente, disfrutando de cómo todos mis muslos se sentían relajados y en paz, y sentí como el aire a madera y vainilla entraba por mi nariz. Sonreí inconscientemente, ¿desde cuándo mi casa olía de aquella deliciosa manera? ¿Desde cuándo mi cama era tan grande y suave? Un momento... Esa pared blanca no era mía. No, no, estaba segura que no era la mía. ¡La mía estaba llena de apuntes y cosas pegoteadas!  Mis ojos se abrieron como platos e imágenes de la noche anterior se pasaron con rapidez con mi cabeza. No estaba en mi casa, sino en la de mi vecino alias el emo pervertido, y ese calor que emanaba un cuerpo pegado a mis espaldas no era el de mis peluches. No; esa cosa que encajaba perfectamente con la curva de mi espalda, que me abrazaba como una garrapata y que respiraba tranquilamente, echando viento por mi cuello, era un ser vivo. Era Jeon Jungkook. Pataleé, desesperada, tratando de quitarme de encima el abrazo del muchacho. ¿¡Cómo es que habíamos amanecido cuchareando de esa forma!?  -Au. Auch. ¡Bueno! ¡¡¡Ya, ya está!!! -exclamó, despegándose de mí y pasándose una mano por la cara. Me clavó una mirada cansada y molesta, con los ojos hinchados y el cabello despeinado en una graciosa cresta-. ¿Qué te pasa? -Que me estabas abrazando, imbécil -me destapé y me senté en el borde de la cama, tambaleando por el rápido movimiento-. ¿Cómo cuánto hemos dormido? -La verdad es que yo me había levantado antes. Incluso preparé el desayuno -se encogió de hombros, cerrando los ojos-. Pero al ver que no te despertabas decidí venir y hacerte compañía. Rebusqué con la mirada por mi teléfono y por fin lo vi, sobre una mesita de luz. Pasé sobre Jungkook, que hizo un ruido de que lo estaba matando, y tomé mi teléfono. Desbloqueé la pantalla y leí que, naturalmente, eran pasadas las tres de la tarde. ¿¡Cómo era posible que hubiese dormido tanto!? Mi cuerpo era una especie de reloj humano, siempre me levantaba temprano pues dormir mucho me hacía ver como un zombie.  -¿Tan bien te sienta mi cama que no has despegado ojo en toda la noche? -sonrió burlón, entrecerrando los ojos para verme. Observé el que llevaba unos jeans claros, limpios y rotos, y una remera blanca lisa exactamente igual a la que yo llevaba puesta. ¿Cómo cuántas remeras blancas tendría ese chico? Me pasé una mano por el rostro y me puse en pie. -¿A dónde vas? -inquirió. -Al baño, ¿quieres acompañarme? -rugí, sarcásticamente. -Pues parece que te despiertas de mal humor, eh -se rió bajito y volvió a cerrar los ojos. Le ignoré y prácticamente corrí al baño. Ni bien entrar divisé colgada, limpia e incluso planchada, mi ropa de anoche. ¿Jungkook se había tomado la molestia de hacerlo? Qué adorable, el imbécil. ¿Por qué sentía tanto repentino odio hacia el chico? Tal vez éste tenía razón y me levantaba con un humor de perros. Me quité su ropa y la doblé con cuidado y esmero para dejarlo en una repisa, para luego ponerme mi propia ropa interior, mis pantalones y mi blusa. Me lavé la cara, hice mis necesidades y traté de arreglar un poco mi cabello que en ese momento necesitaba más un corte que un cepillo. Salí y caminé lentamente por el parqué hacia la cocina, que desprendía aún ese aroma a vainilla que tanto había impregnado la casa. Vi a Jungkook con aspecto adormilado y despeinado, descalzo y sirviendo café en dos tazas. Tomó una vainilla y se la metió en la boca, llenándose la mejilla como si fuera una ardilla. -C-creo que debería irme... -murmuré, casi apenada por verle hacer el desayuno con tanto esmero. Me miró con ojos muy abiertos, con la comida aún en sus mofletes y la pava llena de café en una mano. -¡Nwo! -se detuvo, masticó y tragó-. ¡Hice café! Me mordí el labio. -Si, bueno, te lo agradezco pero... Alguien tocó el timbre, y ambos giramos la cabeza en dirección a la puerta con incredulidad.  -Que raro -fue lo único que dijo Jungkook, antes de dejar el café sobre la mesa y sacudirse las manos de migas mientras se dirigía hacia la puerta. Se acomodó un poco la cresta que tenía por cabello y abrió la puerta. Del otro lado, un par de brazos saltaron hacia él y un par de piernas se enrollaron en su cintura. Jungkook se hizo hacia atrás, tambaleando ante el repentino ataque medio koala que le dió aquella chica. Abrió la boca para decir algo, pero la muchacha se le adelantó y prácticamente le metió la lengua en la garganta. Aparté la mirada, sintiendo una punzada de dolor en el pecho. Sonreí desganada, ¿quién sería esa chica? ¿Su novia? ¿Otra chica con la que él jugaba? No es que yo fuera una persona precisamente prejuiciosa, pero él mismo se había tildado de playboy y yo le había creído enormemente. Era todo un mujeriego. Cuando la chica le dejó respirar y se puso en pie, por fin habló. -¿Dee... Deerin? ¿Qué haces aquí? -murmuró, rascándose la nuca y lanzando miradillas en mi dirección. -¿¡Es que acaso una novia no puede...!? ¿Jung...? ¿Quién es esa? -la muchachita de voz aguda me señaló con un dedo que terminaba en una uña tan larguísima que daba miedo. Me encogí, casi cohibida ante esa escena. Me sentía tan... ¿cómo decirlo?  Como la jodida amante; así te sientes. La segunda. La tonta. Bueno, ya. Ya entendí. -Eh... -Jungkook negó con la cabeza rápidamente-. Ella es Pauline, mi vecina, y... -¿¡Qué haces tu en casa de mi Kookie!? -exclamó la mujercita, indignada. Caminó hacia mi y pude ver que, a pesar del vestido colorido y el cabello teñido de rubio, era bastante poco imponente gracias a su corta atura. Y es que yo era bastante enana, pero esa chica no pasaría el metro cincuenta-. ¡¡¡Responde!!! -Eh, eh, alto ahí -aquellas palabras salieron de mí casi con repugnancia, haciendo que la muchacha frunciera el ceño tanto que parecía que su bello rostro lleno de maquillaje fuera a partirse-. Sólo he tenido un percanse y tu admirable novio me dejó quedarme en su casa -miré al susodicho, que tenía cara de querer meter la cabeza dentro de alguna maceta. -¿Ah sí? ¿En serio? -inquirió, burlona-. Maldita ramera... -¿Ramera? -estuve a punto de saltar, pero la situación me cansó demasiado. No sólo la decepción que acarreaba, sino que Jungkook no saltara en mi defenza. Suspiré con resignación-. Ha sido un malentendido: no me metería con tu novio ni aunque me pagaran por ello. Es más, tengo novio. -¿De verdad? -ahora fue Jungkook quién pareció interesarse, ganándose una mirada furiosa de su novia. ¿Qué? ¿Ahora se interesaba por mi vida? ¿Justo cuando su caprichosa novia me lanzaba el sermón de mi vida? -Si, en serio -aparté la mirada, pues una mentira tan fría como esa no era de mi gusto-. Así que... Bueno, que tengan una buena tarde. Yo me retiro. -Pauline... -comenzó el imbécil. -Adiós -me despedí sin siquiera mirarlo y salí de la casa, para ir directo a recuperar mi llave. Lo último que vi antes de desaparecer por el pasillo y cerrar la puerta a mis espaldas fue como la muchachita desfruncía el ceño y se volví a tirar hacia el muchacho para volver a besarlo. El azote de la puerta me dejó pitando los oídos, y yo me quedé mirando la madera con los ojos muy abiertos y un nudo en la garganta. Jungkook tiene novia. Me giré y una figura que caminaba por allí casi tropieza conmigo. -¡Oh! -exclamé-. ¡Lo siento! -¡No te he visto! -el Sr. Yeol acomodó sus gafas y sonrió-. ¿Cómo estás Pauline, querida? ¿Cómo estaba? Hacía dos segundos se me habían roto ciertas esperanzas, pero más allá de eso... Bueno, mal; porque me habían ido mal las cosas en mi trabajo y... En serio, ¿qué clase de preguntas eran esas? -Bien -le sonreí, y hasta yo me lo creí-. Disculpe... Me he dejado las llaves adentro cuando salía a toda pastilla, ¿cree que puede abrirme? -Si no me tuteas no lo haré -fingió enojo y yo hice un puchero-. ¡Aish! ¡Mocosa! ¡No me hagas aegyo! Se rió y asintió con la cabeza, dirigiéndose hacia su casa. Unos segundos después ya salía con una reluciente llave plateada que tenía un "5º A" grabado en su superficie. Mientras el portero abría mi puerta con maestría, yo comencé a jugar con mis dedos. De alguna forma u otra tendría que salir el tema. -Esto... con respecto al dinero que le debo... -Oh, no te preocupes -sonrió y se guardó la llave en el bolsillo-. Ya está todo arreglado. -¿Qué? -enarqué una ceja-. ¿Cómo que está arreglado? -Ah, sí; el joven Jeon me ha comentado que estabas ocupada y no podías alcanzarme el dinero.  -No entiendo nada. -¡Te digo que él me ha dado el dinero! Sentí que se me desbocaba el corazón. -¿Qué? -¡Que sí, nena! Que me ha dado el dinero del mes y el del anterior. Considera todo saldado -sonrió mostrando todos los dientes, confundiéndome aún más si cabía. -¿Te ha pagado... mi renta? -No -me miró, dudoso-. O sea si, él me da dado el dinero pero ha dicho que tú le habías pedido que me lo alcanzara. Cierra la boca o te entrará una mosca. Cerré la boca y fingí otra sonrisa. -Pues bien, no lo molestaré más. ¡Que tenga un buen día! -exclamé, y me encerré en mi propia casa antes de esperar respuesta. ¿¡Cómo que Jungkook había pagado mi renta!? La verdad es que me sentía más furiosa que sorprendida, o siquiera halagada. ¡Era mucho dinero! ¿¡Cómo podía...!? Dios mío, maldito niñato estúpido. Me había salvado el culo y ni siquiera se lo había pedido. ¿¡Por qué no se metía en sus cosas!? Aish... estaba... Momento, estaba salvada. ¡No me correrían del edificio! Tenía... Uff, tenía que agradecérselo. Salí de departamento y prácticamente corrí hasta el "H" para aporrear la puerta con insistencia. Me mordisqueé el labio, nerviosa, abrumada y... agradecida. Y sin embargo, la persona que abrió al puerta no era de sexo masculino. La rubia tenía el pelo enredado y la toalla, lo único que cubría su cuerpo, mal puesta. -¿Qué quieres? -inquirió con aspereza. Tragué duro. La había olvidado. -Sólo... hum... Quería agradecerle a Jungkook por... -¿Por qué? -Por algo -respondí cortante, pues ya me estaba saliendo la bronca. -No puede. -¿Por qué? -ahora fruncí el ceño. -Porque iba a ducharse... conmigo -sonrió, encantada, y yo tuve unas inmorales ganas de borrárselas de una bofetada. -La verdad es que sus asuntos pueden quedarse así, siendo sólo suyos -rodé los ojos-. ¿Puedes decirle que le agradezco su detalle? -Claro, lo haré cuando me esté pasando el jabón por el cuerpo. Cerró la puerta en mis narices y yo apreté los dientes con tanta fuerza que temí partirme la mandíbula. O sea, bueno, era su novia y toda la cosa pero... ¿¡Por qué me trataba así!? ¡Había estado evadiendo a su novio toda la noche! ¡Mejor debía agradecerme! Estuve tentadísima de volver a tocar y contarle cómo me había despojado de mi ropa, y cómo se había acurrucado contra mi; y sin embargo no lo hice. ¿Para qué? Ni siquiera era de mi importancia su relación, y tampoco quería arruinarla porque yo no era de esas. Di media vuelta y troté hasta mi puerta. O sea, tampoco es para tanto... Me encerré dentro y fuí a tomar asiento al sillón. Jungkook era una cara bonita, un típico flower boy y se lo tenía bien creído. Estaba claro que tenía muchas chicas detrás, ¿no? Era lo común en esta clase de espécimen. Tragué saliva y paseé la mirada por el desorden. Además, yo ya estaba hasta el cuello de doramas y sabía cómo ésto terminaba: pues, justamente, no como en los doramas. Jungkook se queda con la chica de tetas grandes y yo me la paso dibujando su rostro como si fuera la flor más bella y delicada de éste mundo.  Levanté la mano y me froté un ojo. Y ahora mismo estarían en la ducha... Haciendo lo suyo... No es que me importe, total... O sea no me importa. No me importa nada. Apreté los labios y froté el otro ojo. Las chicas como yo son solitarias. Los chicos como él se la pasan abriendo condones con los dientes. Lo normal. Todo es normal. Todo va a seguir su curso natural porque no, nunca le interesé, simplemente jugó conmigo porque estaba aburrido y a lo mejor se le antojaba una mamada. Pero, en serio, no me importa. No me importa él. De hecho, no me importa ningún chico en este mundo. De hecho... Me mordí el labio y rompí a llorar.
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