El agua caliente caía por mi cabeza hasta mi frente, para pasar por el puente de mi nariz y finalmente caer por mi barbilla. Se sentía tan bien que por un momento casi olvidé el que estuviera en una ducha ajena.
Me dediqué a leer cada una de las etiquetadas de los montones de cremas corporales, faciales, acondicionadores, y demás chucherías que fuí viendo por allí. La verdad es que jamás me habría imaginado que un chico cuidara de aquel manera su propia piel. ¡Y es que ni yo era tan quisquillosa a la hora de hidratarme!
Tomé un bote de gel con el ceño fruncido y leí la tapa. Tenía un interesante color rojo y varias frutillas dibujadas y era un... maldito lubricante dios mío ¡DIOS MÍO!
Lo solté como si me picara, y el bote vacío por la mitad resbaló por la bañera. Lo agarré con torpeza de entre mis pies y volví a dejarlo intacto en su lugar. Y es que ahora me sentía sucia por tocar los botes +18 del golden maknae, así que me apresuré a enjabonarme con un jabón líquido con olor a almendras e incluso me tomé la molestia de usarle un shampoo con tonos de canela y chocolate. La verdad es que el baño de Jeon Jungkook olía como mi cocina.
Cerré la llave de agua caliente, porque ni siquiera me había molestado en abrir la fría, y salí de la ducha tomándo rápidamente una toalla con la hacerme sushi. Me contemplé al espejo y vi, indignada, como el poco maquillaje que traía se había barrido completamente. Sin embargo... no es que fuese una chica muy linda, realmente no era así de linda; pero tenía mi chispa.
Giré el cuello para dar con mi ropa y casi se me parte.
-¿Qué...? -susurré, poniéndome en cuchillas para verificar el suelo.
Había dejado mi ropa sobre la tapa baja del inodoro, estaba segura, ¡y había desaparecido! ¿¡Cómo era eso siquiera posible!?
Me mordisqueé el labio inferior, incómoda, y abrí apenas la puerta del baño.
-¿Jungkook? -inquirí.
Sin embargo, lo único que oí del otro lado fueron sonidos de balazos y gritos de consola. ¿¡Estaba jugando a la consola mientras que yo me paseaba desnuda por su baño!?
Tragué saliva y sacudí las manos, tratando de sacarme el nerviosismo del cuerpo.
-¡Jungkook! -exclamé. Y nada, apenas si oía mi propia voz sobre el volumen del juego-. ¡JEON JUNGKOOK!
¡Imbécil! ¡Idiota! ¡Friki! ¿¡Cómo era posible que no me escuchace!? Mejor pregunta: ¿¡Cómo era posible que necesitase subirle tanto a la TV!?
Mordí mi labio inferior con fuerza, muestra sugerente de mi mal humor, y apreté con fuerza la toalla que me envolvía. Abrí la puerta y di un par de pasos, dejando huellas de mis pies húmedos por el parqué perfectamente encerado (sabía de sobra que le molestaría, y me alegraba por ello).
-¿J... Jungkook? -inquirí, despacio, parándome junto a su puerta.
El muchacho, que estaba sentado en la punta de su cama con la vista fija en la pantalla plana de en frente, pulsó un botón del mando y el juego se quedó en pausa. El silencio que reinó el departamento prácticamente me aturdió; y más boba quedé al comprender que todo ese tiempo me había escuchado perfectamente desde el baño. Giró el rostro para verme, con cara de señorito inglés que te pregunta muy educadamente qué haces en su casa medio desnuda.
-¿Pauline...? -respondió, medio en pregunta y medio sarcásticamente-. ¿Te paseas en toalla generalmente por las casas de los chicos?
-¿Me...? ¿Tú...? ¡Mi ropa!
-Tu ropa, sí; veo que no la traes puesta.
-¡Perdí mi ropa!
Jungkook se rió, dejó el mano sobre el colchón y giró el cuerpo para darme toda su atención, mientras yo me apretaba aún más la toalla contra el cuerpo y dudaba de si el chico tendría mirada de rayos X y pudiese ver debajo de la tela.
-No la perdiste, tonta: la metí en la lavadora.
-¿Disculpa, qué...? ¿¡Me estás jodiendo!?
-¿Pensabas volver a ponértela? ¡Estaba toda llena de suciedad!
-¡Era sólo té! Y además... -sacudí la cabeza-. ¡Devuélvemela!
-Ahora mismo está todísima mojada, ¿es que no entiendes cómo trabaja la lavadora?
-¿Cómo...? Oye, espera un momento -entrecerré los ojos-. Tu entraste al baño a buscar mi ropa mientras estaba duchándome.
-Sí, eso hice.
-¿¡Estás loco!? ¡Podrías haberme visto en... en...! ¡Sin ropa!
-¿Sabes algo? Me agrada mucho la idea de verte sin ropa, pero soy un chico muy educado y realmente no te espiaría así -pareció realmente enfadado. Tan infantilmente... -. Además, si quisiera verte con tanta ansiedad, sólo tendría que pedírtelo y listo.
-¿Pedirmelo y listo? -sonreí con ironía-. ¿De verdad crees que lo haría?
Se cruzó de piernas y de brazos y levantó la barbilla, todo un gesto.
-Ni siquiera hará falta: estarás tan tentada de hacerme el amor que me lo pedirás por favor. Por favor, Jungkook oppa, hazme tuya...
-¿Sabes qué? Me das un poquito de asco, pero en el fondo me caes simpático. Ahora sí, ¿me devolverías mi ropa?
-¿Estás tonta?
-¡Al menos préstame algo!
-¿Por qué? Mi toalla te sienta bastante bien.
De sólo pensar en haber secado mi cuerpo con una toalla con la que él había secado el suyo antes me sonrojé como un tomate. Agaché la cabeza para esconder mi mirada tras mi flequillo húmedo y respiré profundo.
-Jungkook, de verdad que no estoy de humor. Primero me quedo sin las llaves, luego me humillas en el umbral de tu puerta, después me tiras el té y más tarde te robas mi ropa sin permiso. ¿Quieres, por favor, prestarme una camiseta?
-Lo siento -respondió, y había tal sinceridad en su voz que levanté la mirada para ver cómo se paraba rápidamente de su cama y rebuscaba ropa en su armario. Cuando hubo juntado tres prendas de ropa me las tendió con una sonrisa torcida y las mejillas algo sonrojadas-. Aquí tienes, devuélvemelo cuando puedas.
Me quedé inmóvil, incapaz de creerme la situación: al principio me decía que le rogaría que me lo folle y ahora se sonrojaba por haber cometido un delito moral. ¿¡Es que era broma este chico!? ¿Cómo pasaba de ser un adulto pervertido a un niño tímido?
Aferré la ropa con las uñas y me metí rápidamente en el baño. Colgué la toalla y casi me muero al comprobar que, cómo no, el chico se había tomado la molestia de agarrar mi corpiño y mis braguitas y meterlas también en la lavadora.
Levanté un calzoncillo gris Calvin Klein que Jungkook me había dado y lo observé desde todos los ángulos posibles.
No puede ser...
¿¡Realmente me estaba prestando su ropa interior!? ¿¡En serio!? ¡AAAARRRGHHH! Dios mío, no era capaz de meter una sola pierna dentro de esa prenda, aunque hasta olía a nueva, pero tampoco pensaba ir por la vida desnuda.
Apreté los dientes con fuerza y me llevé el calzón a la nariz, por las dudas. Olía a limpio, a fresco y a nuevo. ¿Sería un calzoncillo nuevo? Ojalá que sí; no quería ni preguntar. Me puse rápidamente la prenda y vi como me calzaba un poco grande, sobre todo en la parte del frente en la que sobraba bastante tela.
Me sonrojé aún más, incapaz de creer lo que estaba sucediéndome en ese instante. ¡Estaba usando el calzoncillo del chico más hermoso del planeta de los simios!
Rezongué en voz baja y proseguí a ponerme la camiseta manga corta, completamente blanca y tan grande que me llegaba hasta las rodillas, y un pantalón de algodón n***o al que le tuve que estirar mucho el elástico para atármelo a las caderas y que no se me bajara, y doblado varias veces (unas seis o siete) el dobladillo para no pizarlo.
Salí del baño cruzada de brazos, incómoda por mi falta de corpiño, y volví a apoyarme en el marco de la puerta de la habitación de Jungkook. El chico, que se había quedado mirando un punto fijo de la pared mientras yo me cambiaba, me echó un buen repaso de arriba a abajo.
Vi como se aguantaba la risa.
-Vaya, te queda mejor que a mi -se burló.
-Me siento indigente -declaré, apartando la mirada.
-¿Indigente? ¿Con un Calvin Klein? -chistó la lengua y yo lo miré con bastante intensidad-. Son nuevos, tranquila: te los regalo.
-No pensaba devolverlos -me estremecí exageradamente y a él se le escapó una risita tan tierna que tuve que hacer fuerza para no mostrarme blanda.
-¡Pero si a mi no me molestaría usarlos! -se encogió de hombros.
-Bien. Me voy al sofá.
-¿¡Qué!? ¡Espera! ¡No!
Lo miré con el ceño fruncido.
-No, ¿qué? ¿Ni siquiera puedo dormir en el sillón?
-¡Claro que no! ¿Crees que tengo tan pocos modales? -se recostó de lado en su cama y extendió una pierna, en una pose ridícula-. Te dejo mi cama.
-¿Y tu dormirás en el sillón? No tienes la pinta de quienes duermen en sillón.
-Si duermo en sillón me da un nosequé en el cuello que no me puedo mover más -negó con la cabeza y yo asentí, demostrándole que me lo veía venir-. Pero parece que no entendiste: te dejo un lado de mi cama -se quedó esperando que respondiera algo, pero no lo hice. No lo hice porque simplemente me había quedado muda-. Y yo duermo en el otro.
-¿Me estás tomando el pelo, Jeon? ¡Claro que no!
-Los dos dormiremos cómodos y...
-¡Que no! ¡No!
-... y hace frío, nos acurrucaremos bien juntos.
-¿Frío? ¡Hacen como cuarenta grados afuera!
-No seas exagerada. Vamos -descorrió la colcha y dio una palmadita a su lado-. Ven aquí.
-Me voy al sillón -hice amago de irme, pero la risa que soltó me detuvo-. ¿De qué te ríes?
-Somos adultos, Line. ¡Ambos somos capaces de dormir, como el simple hecho de dormir, junto al otro y no sucumbir a las hormonas adolescentes! ¿No te parece que estás siento un poquito exagerada?
-Para nada: te has demostrado como un pervertido todo el rato.
Enarcó una ceja.
-¿Ah, sí? Mmm -ladeó la cabeza-. A lo mejor sólo estaba un poco aburrido. ¿Por qué tendría que ponerme tanto una chica que no para de gritarme y llamarme imbécil?
Me quedé muda; casi dolorida. Jungkook estaba diciendo abiertamente que yo no le atraía por mi mal genio y, pese a que era consciente de lo mal que lo había tratado y de que no esperaba gustarle de cualquier forma, aquel comentario había calado hondo en mí.
-Tienes razón: somos adultos -de tres grandes zancadas ya me encontraba junto a la cama. Me metí rápidamente entre las sábanas, me tapé hasta la barbilla y le di la espalda-. Buenas noches.
Oí el colchón crujir cuando se levantó. Las luces se apagaron y luego otra vez el colchón crujió al acostarse. Era una king size, así que espacio había de sobra; y sin embargo poco después de que apagara las luces sentí como se acurrucaba detrás de mí.
Pataleé y él se quejó.
-¿¡Qué se supone que haces!?
-¿Cucharita? -inquirió, rascándose la nuca como si realmente estuviera perdido.
-¡Aléjate de mí!
-¡Ya, bueno! ¡Chillona!
-No soy chillona, tu eres un pervertido y sin cerebro. ¡Si no te gusta mi mal carácter entonces no finjas que te gusto con ningún comentario estúpido!
Nos quedamos en silencio, inmóviles. La única luz que había en la habitación entraba por la ventana, como franjas tras la persiana americana.
Entonces sentí que el colchón se movía, y poco tardé en darme cuenta de que era por su risa. Me giré para darle la cara y vi sus enormes dientes resplandecer bajo la luz nocturna.
-¿Qué es tan gracioso? -inquirí, molesta.
-¿Te has ofendido?
-¿No debería sentirme ofendida?
-No, porque era una broma.
-¿Burlarte de mí toda la noche ha sido una broma para ti?
-No, el que te haya herido el orgullo diciéndote que no debíamos sucumbir a las hormonas.
-No me heriste el orgullo: tienes razón, dormir es la cosa más natural y común del mundo.
¿Usando unos Calvin Klein de un chico terriblemente guapo? ¿En serio, Pauline? ¡Ni tú te lo crees!
-¿Sabes qué otra cosa es la más natural y común del mundo? -preguntó.
-Si vas a hacer alguna referencia s****l entonces sí, probablemente la sé y no quiera oírla de tu boca.
-Abrazarse mientras se duerme.
-...
-A que he sido tierno...
-...
-¿Pauline? ¿Te dormiste?
-Sí.
-Bueno... Buenas noches.
Y, antes de que pudiera siquiera reaccionar, el muchacho se había acercado a mi para darme un rápido y casto beso en la mejilla y luego c******e hasta la otra punta de la cama para dormir sin siquiera rozarme.
No me hagas esto, imbécil. ¡No seas tan malditamente tierno!
Y así fue como una Pauline toda sonrojada se quedó dormida en la cama de un Jungkook que vaya a saberse en qué estaría pensado.
Jungkook pabo.