Micaela.
Joaquín parece reaccionar a mis explicaciones porque frunce el ceño y me mira confundido, yo camino a dónde está mí amiga, seguro Max la está hostigando haciéndole preguntas sobre quién es Juaco.
Pero al encontrarlos parece que no. Porque le está comiendo la boca.
—Sabía que era mala idea que ella venga —llama mí atención Alex —, se pone bobo cuando está ella cerca.
Alex es el cantante de la banda dónde toca Max, y es novio de la tía de Katy, Eliana. Banda que Sara contrató para que toquen en su boda.
—El amor es un asco, te hace bobo. —aclaro, o te rompe el corazón veo como quedó Juaco pobrecito. Bueno quién lo mandó a enamorarse.
—Max —llama la atención Alex —, vamos a tocar. Ya están llegando los novios. Estamos trabajando —le recuerda.
Max se aleja a regañadientes de mí amiga y se aproxima a mí y me susurra:
—Que no se le acerque ese idiota —espeta Irritado.
—Okey, pero esto te va a costar muy caro.... Una noche. —chantajeo.
—Sábado o domingo —pregunta frustrado.
—Sábado. Sin llamadas ni mensajes —advierto, y él bufa frustrado.
—Hecho —y sale a tocar.
La banda empieza a tocar sus primeros acordes, esta es la señal de que la flamante pareja se aproxima a la fiesta.
Nos sentamos cada una en nuestros respectivos asientos. Katy se sentó en la mesa dónde se encuentra mí familia, con mis padres y la familia de mi hermana. También con ellos se sentó Ethan. Que últimamente se estaba volviendo un poco allegado a mí cuñado. La amistad entre sus hijos, y todo lo sucedido, hizo que se empiecen a relacionar.
Llegan los novios y todos nos levantamos y aplaudimos para recibirlos.
Mientras los novios y demás invitados se divierten y bailan, nosotros también, en una ronda, Cande, Ethan, Kevin, Lauty, Zoe, que se supone que no podía hacer nada, mentirosa, Nick y yo, bailamos al ritmo de la música que tocan los músicos. Yo estoy al lado de Katy y Kevin del otro lado. Chantajee a mí sobrino para que no se aparte de mí amiga y señalé al sujeto que no tenía que acercarse, y le prometí un juego de play. Quiero una salida de amigas, las cuatro juntas, sin novios molestos de por medio que llamen y manden mensajes interrumpiendo nuestra velada. No podía no aceptar esa oferta.
Además que la última vez que nos juntamos nada salió bien.
Y fue así como sigilosamente para todos menos para mí, que Juaco se une a nuestra ronda de baile posicionándose, cerca de Kevin. Miro de reojo el ceño fruncido de Max que no deja de mirar a su novia, o controlar. Yo obviamente quiero salir con mí amiga, pero también iba a fastidiarlo. No iba a apartar a Juaco tan rápido, sin antes divertirme.
Lo deje bailar un rato y cuando vi que se acercaba un poco más a mí amiga, le hice seña a Kevin, para llevar a cabo nuestro plan. Que consiste en que, si él se le acercaba, Kevin tenía que pedirle que lo acompañe al baño. Por supuesto ella aceptó, sabía cuál era el punto débil de mí amiga, y ese eran los niños. La cara de alivio de Max cuando nuestro plan resulta un éxito.
Era el momento que los músicos descansan. Y hora de cortar la torta yo camino a mí lugar. Chequeo mí celular y veo varias llamadas perdidas.
¡Qué quería ahora!
Miro el móvil detenidamente y visualizo veinte llamadas perdidas, y cuando lo tengo en mí mano vuelve a sonar, lo aprieto fuerte debido a la frustración que siento, pero me relajo y solo bajo el volumen de mí móvil ignorando la llamada, y lo vuelvo a meter a mí bolso. Pongo los ojos en blanco y aprieto los puños, este hombre no puede ser tan irritante.
Tomo la copa azul que hay en mí mesa y la bebo de un solo trago.
—Si alguien la llamá debería responder, quizás sea urgente —recrimina una voz conocida detrás mío. Cierro los ojos y respiro profundo.
¡Qué demonios hace acá!
¡Quién demonios invitó a esta boda a mí jefe!
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