Capitulo 4 Bada (parte 4).

2041 Words
Así que mientras me quiero morir y es arruinada la fiesta por lo menos para mí, al tener que encontrarme aquí a este sujeto tan desesperante. Respondo: —¿Qué es lo que quiere? —pongo los ojos en blanco antes de darme vuelta. —No está bien que tome tanto —parada en frente de él con la sangre en la cara lo miro fijo. ¿Acaso no tenía nada que hacer un sábado a la tarde que se empeñaba en fastidiarme?. —¡Y a usted qué rayos le importa! — miro desafiante. —Me importa porque te llamé muchas veces por cuestiones de trabajo y no atendiste —espeta molesto, ya empezábamos a tutearme —Hoy es sábado, día no laborable —respondí sin mas —, además le pedí permiso para asistir a una boda —le dije levantando la voz, y esto hizo que algunas personas nos miren. — A mí nadie me dijo nada —responde haciéndose el desentendido. —Le entregué una nota como usted me pidió una semana antes del evento, seguí sus indicaciones como me las exigió, les lleve una copia a recursos humanos pidiendo permiso y el original se la deje en su escritorio —explique entre dientes. Chasquea la lengua —Quizás la carta se perdió.—se hizo el desentendido. El muy maldito me tenía agarrada de los ovarios, el tipo me hizo repetir la pasantía, era la única de mí grupo y de la escuela que todavía las hacía. Bueno yo y Beca por obvias razones. Y aunque le expliqué y presenté los certificados médicos explicando mí ausencia, no le importó, era un maldito sin corazón. Eso o, quería joderme la vida, yo creo que era lo segundo. Había faltado a la bendita pasantía porque primero a mí amiga un maldito psicópata le había golpeado tanto que la dejó en coma, y a mí hermana una loca psicópata le disparó. ¿Acaso no eran razones suficientes para faltar? El mundo estaba lleno de psicópatas, hasta tenía uno enfrente. —No se perdió yo la vi en su escritorio —afirmo furiosa. —Estás en mis manos —susurro con sorna —. Y puedo hacer que esto —con un dedo me señaló a mí y después a él sonriendo con sarcasmo y malicia —, no se termine nunca —se burla levantando una ceja. Y tenía razón, con lo sucedido, falté a la empresa, y él muy infeliz no quiso firmar el papel para liberarme. Él mismo le explicó a mí profesor de proyecto, que yo era la única que no había cumplido con las normas establecidas, y que no era justo para mis demás compañeros repetir la pasantía, siendo yo la única que no cumplí con lo requerido, además de decir que no hacía bien mí trabajo, y que era desobediente. Me comí el reto de mi vida. Tuve que repetir la pasantía, un mes más con este sujeto tan odioso. Mí agonía no terminaba más, y por ese percance, pidió que en el contrato estipule que también trabajé día sábado, así que el muy maldito me acosaba, a dónde quiera que vaya. —¡Qué hace aquí! —exigí frustrada. —Me invitó la novia —entonces para que me recriminaba que tenía trabajo, si ni siquiera él se presentó. Juro que quiero llorar de la impotencia que siento, pero no le iba a dar el gusto. ¡Qué le pasaba a Sara!. ¿Por qué me arruinaba la diversión?. —Y sí —niego con la cabeza —, Sara, suele invitar a cualquiera —manifesté como si no me importara —. Ahora sí me disculpa, tengo cosas que hacer —camino apresurada apretando los dientes hasta llegar a la mesa dónde estaba repartiendo la torta, la mesa tenía un mantel blanco decorado con un jarrón grande con rosas color salmón en el centro, y jarrones pequeños alrededor, además de otras cosas dulces esparcidas delicadamente por toda la mesa, como brownies, tartas frutales, chisque, muffin, brownies entre otras cosas que tuve que hacer junto a mí madre, porque mí hermanita se había comprometido a realizarlas, pero en su estado, y no hablo solo por su embarazo, sino por lo de su accidente, tuvimos que realizarla mí madre y yo, era un dechado familiar el que mí madres nos enseñe repostería, y no quiero presumir pero me salen exquisito. Tomé una porción de torta saboreando lo rico que estaba, Katy me había hecho adicta al dulce de leche. Ahora cada vez que preparaba algo, le agregaba dulce de leche, hasta a la torta de ricota que no llevaba, descubrí que con una pequeña capa se este ingrediente sabía mejor. Y necesitaba algo dulce para sacar el mal sabor de boca que me había dejado ese tipo. Junto a mí lado estaban los tórtolos hablando de no sé de qué, mientras Katy comía, Max la tomaba de la cintura como si alguien se la iría a quitar, ella sonreía mientras él le decía algo al oído a mí amiga. Me acerqué a ellos, un poco molesta por tener que aguantar a mí jefe un día no laborable, sin disimular mí malestar. Me preguntaba una y otra vez para que existían los fines de semana si teníamos que ver a los molestos jefes. ¿Qué, acaso no existían esos días para descansar de ellos? —¿Qué pasó? —pregunta Katy en cuanto me paré al lado de ellos con el ceño fruncido. —Nada —respondí fastidiosa no queriendo recordar mí encuentro. Escucho una risa burlona, a lo cual miro con el ceño fruncido al destinatario de esa carcajada. No entendiendo el motivo de esa acción. —Su jefe está en la boda —soltó Max entre risas burlándose de mí. Él sabía cuánto aborrecía a mí jefe, había sido testigo de nuestras charlas, como dije antes se había vuelto parte de nuestro grupo. ¿Acaso no me conocía? ¿Quería fastidiarme? No era el momento para hacerlo, podía ser peligroso. —Max —lo reprendió Katy viendo mí cara. Sabía que podía ser peligrosa. —¡Qué amor, sólo digo lo que pasó! A ella le molesta que él se encuentre aquí — se volvió a reír con sorna. Definitivamente quería fastidiarme. Lo mire levantando una ceja. Y ante mí acción él siguió riendo. Y ya que no podía vengarme de mí jefe porque esto hacía que más tiempo me quedé trabajando en su empresa. Porque al principio cuando hacía algo que a él no le agradaba. Cosas pequeñas, como por ejemplo, ponerle laxante, o sal al café, o mí favorito entrar sin golpear la puerta, me castigaba, mandándome a limpiar los baños, el maldito parecía que justo ese día tenía diarrea, el baño era un asco, o me hacía limpiar toda la empresa, estaba consiguiendo una maestría en limpieza, y no me mal entiendan, es un trabajo honrado, solo que yo estaba contratada para otra cosa. Ahora lo que él maldito hacía era posponer mí retiro haciendo quedarme más tiempo. Así que cómo no podía vengarme de mí jefe, lo iba hacer con Max. ¿Quería fastidiarme? ¡Pues fastidiemos!, y sabía que esto podría costarme la salida con mí amiga, no del todo, porque Katy al no estar tan ocupada, compartía tiempo con nosotras, pero él llamando o mandando mensajes constantemente. El arreglo de hoy iba a caducar, pero le iba a enseñar a no meterse con Micaela Coronel. —Oye mínimo —amenace. Odiaba que lo llame así, su carcajeo paró de golpe, y me miró levantando una ceja. Él percibía que mí expresión no era buena. —Qué Micaela —expresa desafiante, continuaba con su arrogancia. —Te doy una oportunidad para que te retractes y me pidas perdón, por molestar —advertí, si suplicaba clemencia iba a considerar mí decisión. Lo que teníamos en común con Max, es que él era exasperante al igual que yo, cuando éramos aliados nos llevábamos de diez, el problema era cuando estábamos de rivales. El sonrío ante mí advertencia y expresa: —No, me encanta hacerlo —se burló de mí, desafiando e ignorando mí petición. Al terminar de decir esas palabras, se acercó Alex, avisando que era hora de seguir tocando, Max le dio un beso en los labios a Katy y dio unos pasos hacia delante. —Mínimo —lo llamo, él frena y queda de espaldas a nosotras —. Juro que no quería llegar a esto —mí voz sonaba a tristeza. Él gira la cabeza y me mira de costado no entendiendo mis palabras —, pero se cancela nuestro acuerdo. Max giró completamente y dió unos pasos hacia nosotras con cara de disculpas, pero ya era tarde, Alex detuvo su andar y volvió a llamarlo, mí sonrisa sarcástica demostraba mí venganza. Pobrecito maxicito. —Por favor no —suplica mirándome a los ojos. Negué con una sonrisa burlona, saludándolo con los dedos mientras Alex lo sujetaba del brazo y lo arrastró hasta donde estaban los instrumentos y el resto de los músicos. —Ustedes en qué andan —pregunta mí amiga entrecerrando los ojos no entendiendo la situación. Ay amiga como te quería hoy. —Nada —respondí sin darle importancia —, sólo que Max me había pedido una torta llena de dulce de leche para vos —mentí desviando el tema, Katy era tan insoportable como yo, solo que el estar de novia se había suavizado. —¿De verdad!? —pregunta dudosa. —Porque te mentiría —trate de sonar creíble, haciéndome un poco la ofendida. —Bueno no importa —dice achicando los ojos dudando de mis palabras. Mientras yo miraba por arriba de sus hombros, Max juntando sus manos suplicante pidiendo perdón. Pero él no sabía que podía obtener las dos cosas, tener una salida con mí amiga sin sus llamadas y mensajes, y también fastidiarlo. Los músicos empezaron a tocar, los invitados y nosotras a bailar, a nuestra ronda se unió Cande, Ethan, Kevin y Lauty, mí hermana Zoe y Nick ya estaban sentados, y más le valía a mí querida hermanita descansar, no solo por el accidente, y mí futuro sobrino, sino porque por estar convaleciente nos hizo hacer la mesa dulce a mí madre y a mí. Sí sé que estoy bastante combativa hoy, y no es sólo por tener que trabajar hasta tarde ayer, no sólo en la empresa sino también en casa, por lo que suponía que mí hermana iba hacer, sinó también por tener que aguantar a mí jefe en esta celebración. O también puede ser que me llegó mí periodo y estoy hecha una furia. Al bailar al compás de la música, de forma sutil, para los demás pero no para mí, la maestra del engaño, se nos auno Joaquín, quién se paró al lado de Katy, Kevin me miró esperando indicaciones, a lo cual negué con la cabeza, mí sobrino levantó los hombros y siguió bailando. Katy y Juaco y yo hicimos unos pasos de baile que solíamos hacer cuando nos juntamos hace unos años, y al recordarlo reíamos. Podía sentir la mirada penetrante de Max hacia nosotros. Eso te iba a enseñar mínimo a no meterte con Micaela Coronel. En un momento me dió sed, pero no de agua, entonces dejé al grupo bailando solo, además no podía perderme la cara de Max molesto y suplicando mí perdón, y obvio que interceda por él y aleje a Juaco de mí amiga. Me acerqué a la mesa que me correspondía, allí había vino espumante uno que me gustaba, en vez de gastar tanto en vino espumante, hubieran comprado fernet, cómo me gusta el fernet, bueno que bebida no me gustaba, la sidra pensé, no me gustaba nada relacionado con jugo de manzana, pero si la manzana, la fruta me gustaba, bueno en que estaba, a sí sí, el vino estaba rico cuando escucho una voz infernal otra vez a mis espaldas. —No le parece que está tomando mucho —inquirió. Porque se comportaba como mí papá, yo ya tenía uno. Ahora les voy a contar del porque estoy padeciendo está tortura, y porque este sujeto no para de molestarme. Pobrecita de mí.
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