Nuevamente en este mundo, en este castillo tan solitario y apagado, vuelve esa sensación de vacío. Antes se respiraba ese delicioso aroma, la calidez de su presencia que a todos alegraba. Todos la adoraban, incluso los cachorros la buscaban para salir a jugar con ella al campo, a correr. Antes, las miradas eran de felicidad cuando me veían, de respeto cuando me saludaban. Pero recorriendo los grandes pasillos del castillo, ahora todos agachaban la cabeza, con miedo. Ni siquiera los cachorros se atrevían a mirarme o acercarse. El lugar era un silencio absoluto, ni siquiera había un alma de las mujeres con sus crías cerca, más que las guerreras y guerreros entrenando en el gran patio. Caminando por la cocina, el recuerdo de cuando ella cocinaba junto con las hembras llenaba el aire de tod

