No le pareció lo que dijo Caliban; sentía su molestia en su ser. Levanté mi rostro para mirarlo y tratar de que dejara de gruñir, pero parecía que ambos se querían matar solo con la mirada. —¿Cómo te atreves a hablarme así y faltarme al respeto? Te recuerdo que no solo soy tu hermano, sino también tu alfa y rey. —Su voz resonaba con autoridad, emanando una aura pensada y peligrosa. Incluso a mí me dio escalofríos; este sujeto era una bestia peligrosa que hacía que mi cuerpo sintiera la presión. Caliban, al ver mi estado, se preocupó; estaba temblando de miedo. —La estás asustando, Leidolf... estás loco, podrías lastimarla. — Las palabras de Calibán hicieron reaccionar y, en un instante, la presión desapareció y yo pude respirar. Su cara de preocupación al verme temblar en sus brazos se

