Me acerqué aún más a ellos, un paso detrás de otro, y mis ojos se llenaron de una furia tan helada como la muerte misma. La oscuridad de la sala parecía cobrar vida, creciendo en respuesta a mi rabia contenida. No había espacio para ninguna duda. —Y no quiero ningún "pero" o opinión acerca de Adelina, ni una sola queja. Si me entero de algún rumor, de algún susurro, de alguna palabra que la deshonre o que se atreva a compararla con cualquier otra… cambiaré esta corte por completo. Los mandaré al sol, a desaparecer. Y no solo a ustedes, sino también a toda su familia. El sol no perdona, y no pienso ser más indulgente que él. No lo duden. La atmósfera se volvió pesada, y los cortesanos comenzaban a sudar, su pavor evidente. Vi cómo algunos intentaban apartar la mirada, mientras otros se ma

