Me abracé el vientre con ambas manos, encogiéndome sobre él como si pudiera protegerlo de todo lo que yo no podía soportar. —Lo siento… lo siento… —susurraba entre llantos—. No sé cómo pasó todo esto… Ailsa cayó de rodillas, también, llorando en silencio. —Sabemos que no hiciste nada, Adelina. Te creemos… y ese bebé… —se detuvo, mirando mi abdomen con una mezcla de reverencia y miedo—. Sabemos que es de Leidolf. Lo sentimos. Sentimos tanto no haber llegado antes… Convel asintió. Su mirada no se despegaba de mí. —Ese niño que llevas… es más que un símbolo, es esperanza. Si es tuyo y de él… significa que la vida aún puede renacer. Que las criaturas pueden volver a tener descendencia. Belladonna lo sabe… por eso te quiere destruida. Mi llanto cesó por un momento. Respiré hondo, dejando

