Mantuve la mirada en ella en todo momento, disfrutando de verla comer tan rico, pero en un instante se detuvo, alzó su cara, mirándome con la boca llena, y me sonrió para luego alzarme su mano y ofrecerme de lo que estaba comiendo. -Ten, come conmigo...- Ella me estaba ofreciendo de su comida; eso significaba mucho para mí, ya que durante los tres días de apareamiento yo no tenía derecho a comer nada de lo que yo le cazaba o traía a ella. Mi rol en este momento era mantenerla protegida y bien alimentada para que pudiera quedar preñada, pero si la hembra me ofrecía de sus alimentos, eso significaba que yo le importaba. Ese simple acto hizo que mi lobo aullara de deseo. Nuevamente, la oleada de mi celo recorrió mi cuerpo, lo que me hizo erizar la piel y soltar un gruñido de satisfacción.

