—¡Ustedes deberían dejar de hacerme preguntas tontas! ¿Cómo voy a sentir algo por ella? ¿Quién es ella? ¡Ella no es nadie! —lo negué y me tragué otro trago. —Le hablé de eso esta tarde, pero siguió negándolo. Aunque no sé por qué, cuando está escrito en tu cara —dijo mi hermano. —Todos deberían parar con este interrogatorio. No pasa nada entre nosotros. No siento nada por ella. Solo quería que pagara por lo que me hizo y por eso sigue trabajando en mi empresa —estallé. ¡Mentiras! ¡Mentiras y más mentiras, Sebastián! —¡Chicos! Denle un respiro, ¿quieren? Dijo que no le gusta la chica. Estoy seguro de que no le importará que termine con el hermano de María… ¿correcto? —dijo Anthon, y apreté aún más la mano alrededor de la taza. ¡Que se jodan mis amigos! Cálmate, Sebastián. Saben lo que

