Cap 3

1138 Words
Ella chasqueó la lengua, clavándome una mirada cargada de fastidio. —Lo juro, será mejor que te deje hacer lo que quieras antes de que termine desollándote viva —murmuró entre dientes, antes de darse la vuelta y encerrarse en su habitación. Me quedé allí unos segundos, inmóvil, con el pecho subiendo y bajando de forma irregular. Luego me levanté y caminé con paso torpe hasta mi habitación. Cada movimiento me pesaba. Saqué mi mini portátil de la mochila y lo sostuve entre las manos. ¿Adivina qué voy a hacer? Una sonrisa torcida se dibujó en mis labios. Estoy a punto de mostrarle mi talento al mundo. Soy estilista… y una futura blogger. Estoy a punto de hacer que ese estúpido hombre se trague cada una de sus palabras. Me miró a la cara y me llamó inútil. Me hizo sentir pequeña, invisible, descartable. Pues bien, voy a demostrarle lo equivocado que está. Regresé a la sala y me dejé caer en el sofá. Encendí el portátil y me conecté. Siempre quise escribir. Siempre quise tener una voz. Hablar de la gente, contar historias, escuchar opiniones distintas. Lo intenté hace un año, pero lo dejé demasiado pronto. Aun así, los números hablaron por sí solos: millones de seguidores en cuestión de días. A la gente le gustaba lo que escribía. Me escuchaban. 3,2 millones de seguidores. Era ahora o nunca. Respiré hondo. Mis dedos temblaron un segundo… y comencé a escribir. Hola a todos. Como muchos sabrán, llevaba mucho tiempo sin publicar. Espero que me hayan extrañado. Entonces… ¿adivinan de qué vamos a hablar hoy? Del todopoderoso. Del hombre que todo el mundo idolatra. Sé que muchas chicas lo admiran. Todos quieren estar con alguien como él: guapo, sexy y, sobre todo, uno de los multimillonarios más jóvenes del país. Pero… ¿adivinen qué, chicos? ¿Lo creerían si les digo que es un violador? Extraño, ¿verdad? Sí. Es un violador. Un drogadicto. Y además, tiene un temperamento horrible. Todos creen que es inteligente, pero en realidad tiene una mente retorcida y un carácter violento. Sé que muchos no me creerán. Pero yo lo atrapé con las manos en la masa. Por las noches abusa de mujeres inocentes y luego las soborna con grandes sumas de dinero para que mantengan la boca cerrada. Las amenaza. Les deja claro que, si hablan, no vivirán para contarlo. No solo es un violador. También es un drogadicto. Sé que muchos jóvenes —incluso mujeres— lo admiran, lo ven como una buena persona, como un modelo a seguir. Pero déjenme decirles la verdad: no se lo merece. No es quien todos creen que es. Hace poco lo enfrenté… ¿y saben qué hizo? ¡Me amenazó! Me dijo que arruinaría mi vida si me atrevía a revelar su secreto. Pero ya basta de tener miedo a gente como él. ¡No lo merecen! Tenemos que exponer a estos multimillonarios uno por uno, porque lo único que hacen es destruir vidas y luego pagar para comprar silencio. Yo me negué a callar. Voy a decir la verdad. Y me aseguraré de que pague por todo lo que les ha hecho a esas chicas que no pudieron defenderse. Si estás conmigo en esto, invita a más personas a seguir mi página y publicaré el video. Sé que muchos dudarán, pero no lo subiré hasta que seamos más. Les prometo que el verdadero rostro de este hombre saldrá a la luz. Sigamos exponiendo a los ricos corruptos de nuestro país. Solo así podremos estar a salvo. Con amor, Chisme entre chicas Lo releí una vez. Dos. Cinco. Diez veces. Cada palabra ardía en la pantalla. Y aun así… hice clic. —¡Sí! —grité, con el corazón latiéndome en la garganta—. ¡Eso es! Lo publiqué. Me levanté de un salto y grité con todas mis fuerzas, dejando salir toda la rabia que llevaba dentro. —¡Estoy tan feliz! ¡Aprenderá su lección! ¡Sí! ¡Sí! Di vueltas por la sala, eufórica, casi mareada por la adrenalina. Reía. Bailaba. Sentía que, por primera vez, tenía el control. Esto es exactamente lo que se merece. —¡Hermana! ¿¡Qué demonios acabas de hacer?! —escuché la voz de Jennifer gritando desde el pasillo. Eso fue lo último que oí antes de que todo se volviera n***o. Desperté a la mañana siguiente con un dolor de cabeza insoportable. Gemí y me llevé una mano a la frente. Me froté los ojos lentamente y, cuando logré abrirlos, vi a mis dos hermanos sentados a ambos lados de la cama. Me observaban… raro. Demasiado serio. Me incorporé con cuidado. Mateo sostenía una aspirina y un vaso de agua. Me los apoyó contra el pecho con un gesto brusco. Lo miré confundida, pero tomé la pastilla y bebí. Dejé el vaso en la mesita de noche. Esperé a que se fueran. No lo hicieron. —No puedo evitar preguntarles… —murmuré—. ¿Qué pasa? —¿Hablas en serio cuando preguntas “qué”? —replicó Jennifer, incrédula—. ¿De verdad no sabes lo que hiciste? —¿Qué hice? Yo no hice nada —respondí, frunciendo el ceño. —¿De verdad? —insistió. —¡Basta ya con esta locura! —exclamé—. Solo díganme qué está pasando. ¿Qué hice? Jennifer suspiró y miró a Mateo. —Vamos… enséñale. Mateo sacó el teléfono del bolsillo, tocó la pantalla y me lo tendió. —Míralo tú misma. Tomé el teléfono, aún confundida. —A ustedes dos les encanta actuar como si estuvieran locos, así que supongo que quieren mostrarme algo y por eso están tan raros porque… Me quedé a mitad de la frase. Mis ojos se clavaron en la pantalla. Parpadeé una vez. Dos veces. —No… no… esto no puede ser —susurré—. No… no… ¡no! Lo leí todo. Cada maldita palabra. Y entonces todo empezó a encajar lentamente. El restaurante. La humillación. El alcohol. La rabia. El impulso. Había escrito una mentira. —Dios mío… ¿qué he hecho? —pensé, con el estómago encogiéndose. —Exactamente —dijo Jennifer—. ¿Qué acabas de hacer, hermana? —Oh… —murmuré. Lo había dicho en voz alta. Mateo pasó una mano por su cabello, claramente alterado. —No puedo creer que escribieras algo así sobre ese hombre —dijo—. ¿Lo conoces siquiera? ¿Has hablado con él alguna vez? ¿Sabes lo peligroso que es? ¡Es un multimillonario! ¿Y si nos encuentra? Porque lo hará… y cuando eso pase, no te perdonará. No solo a ti… sino a todos nosotros. El silencio que siguió fue ensordecedor. Y por primera vez… el miedo empezó a abrirse paso dentro de mí.
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