—Aria, yo… —Solo sal de mi vista —dije antes de salir corriendo de la habitación. Corrí hasta donde estaba estacionado el coche de Sebastián y me apoyé en él. Entonces, finalmente, dejé salir todo lo que llevaba dentro. Pensé que había sido sincero conmigo. Pensé que era alguien en quien siempre podía confiar… Pero todo era mentira. Todo era falso. Sus emociones hacia mí no eran genuinas. ¿Y por qué te afecta tanto? No es como si ustedes fueran algo o como si estuvieras enamorada de él —susurró mi subconsciente. ¡Idiota! Ese no es el problema. El problema es que confiaba en él, ¡y me mintió! Y no solo eso. Tiene a alguien más en su vida y, aun así, me hizo creer que yo era especial para él. —Eso es porque eres estúpida. Escuché una voz detrás de mí. Di un pequeño salto y me giré par

