—Aria, por favor. Piénsalo. Si estuviera mintiendo, ¿cómo sabría lo del taxista y lo que pasó con aquella mujer? ¿Cómo sabría que presentaste tu solicitud el 25 de agosto? Incluso sé que, al salir del restaurante, compraste galletas —dijo. No pude evitar abrir los ojos con sorpresa. —Tú… ¡tú! ¿C-cómo sabes eso? ¿Me estabas siguiendo? ¿¡Me estabas acosando!? —lo miré con rabia. —No voy a mentirte, Aria. Sí, lo hice. La primera vez que te vi, pude haber investigado todo sobre ti si hubiera querido. Pero como me gustas y quería conocerte de verdad, decidí detenerme. Estaba esperando el momento adecuado para que tú misma te abrieras a mí y me contaras todo sobre ti. —¿Y crees que ahora es el momento adecuado? ¿Piensas que voy a estar feliz por eso? Sentía que no podía procesarlo todo. ¿Có

