Pasaron los días, y dejé de ir a la universidad. No le daría el gusto de seguir pagando mis estudios. También le devolví la llave de mi carro a mi padre. No soporto que me traten como si no valiera nada, como si mi existencia fuera un error. Pero ,de esta saldré, porque yo no soy débil.
—Patrón, no la vi ni en la universidad ni en el hospital —dijo uno de sus hombres.
—¿Está seguro? Ella nunca falta a su pasantía —respondió Tyler con el ceño fruncido.
—Sí, patrón. No la vimos ni entrar ni salir.
—¿Dónde demonios estará?
¿Dónde está esa mujer que con su dulzura intentó salvarme la vida? La necesito, es interesante desde el primer día que la vi, y no pienso dejar que desaparezca de mi vida.
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—No le digas a nadie en el hospital que me caso ni que tengo problemas con mi familia —le susurré a mi amiga mientras terminaba de maquillarme.
—Tranquila, Lili, sabes que tu secreto está a salvo conmigo.
No soporto la idea de casarme con un hombre al que no amo. No sé cómo será esa noche "mágica", si es que se le puede llamar así.
Al ponerme el vestido de novia, sentí un peso enorme sobre mis hombros. No había marcha atrás. Todo estaba preparado. Hoy me casaba… quisiera o no.
Saliendo de casa, subí a la limusina con mis padres y mi amiga. El trayecto fue silencioso, como si todos supieran que este matrimonio no era más que una farsa.
Dentro de la iglesia, sujetaba el brazo de mi padre. Él, el primer responsable de mi desgracia, quien había vendido mi futuro por conveniencia. Caminaba como si fuese a un funeral, con el rostro pálido y sin vida. Porque este no era el comienzo de una historia feliz, sino el entierro de mis sueños.
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—Patrón, encontramos a su doctora.
—¿Dónde? —preguntó Tyler con ansiedad.
—Julio la vio… de camino al altar. Se está casando.
—¿Qué? ¿Con quién? Ella nunca me dijo que se iba a casar… ¡Lo impediré! No dejaré que nadie me la quite.
Ordené a mis hombres que prepararan los vehículos. No permitiría que ese maldito se casara con ella. Él no la amaba… solo la usaba. Y si ella supiera la verdad… si supiera que ese bastardo es un mafioso y que tiene a sus padres amenazados, jamás daría ese "sí, acepto".
Pero yo sí la salvaré, como ella me salvó a mí.
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Narración de Lili
Ya estaba en el altar, al lado de Ricardo. Pero entonces, las puertas de la iglesia se abrieron de golpe.
Un grupo de hombres armados irrumpió en la ceremonia. Liderándolos, con una mirada feroz, estaba él… Tyler.
El murmullo de los invitados se convirtió en gritos de pánico. Tyler caminaba con dos revólveres en mano y, en un abrir y cerrar de ojos, tenía una mano en mi cintura y la otra apuntando a Ricardo.
—Hola, Ricardo. Al fin nos vemos la cara —dijo con una sonrisa fría.
—¿Qué demonios haces aquí, maldito Tyler? —gruñó Ricardo, sorprendido.
—Vine a rescatar a esta princesa… La que me salvó la vida cuando tú intentaste matarme.
La iglesia entera quedó en silencio.
—¿Por qué no le dices a tu futura esposa que eres un asesino? ¿Que tienes a sus padres amenazados para que no hablen? —continuó Tyler con una calma aterradora—. No te mataré hoy… pero me llevaré tu "trofeo".
Antes de que pudiera reaccionar, me tomó en brazos y me sacó de la iglesia. Todo pasó tan rápido que apenas podía procesarlo. Lo único que sabía era que ya no me casaría con un asesino.
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Estábamos en un avión privado. No podía creer lo que acababa de pasar.
—¿A dónde vamos? —pregunté, aún aturdida.
—A un lugar seguro, donde él no vuelva a encontrarte.
Suspiré. La adrenalina comenzaba a bajar, y con ella llegaba el cansancio.
—Necesito ropa —murmuré—. No pienso andar así en vestido de novia.
Tyler asintió.
—Pararemos en una tienda.
Asentí con vergüenza y bajé la mirada. Por primera vez en mucho tiempo, me sentía a salvo.
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Al llegar a nuestro destino, nos esperaba un auto que nos llevó directamente a una mansión en México. Cuando vi a los hombres armados vigilando la entrada, sentí un escalofrío.
—No te preocupes —dijo Tyler al notar mi expresión—. Si quisiera hacerte daño, ya lo habría hecho.
Su tono fue tan firme que me relajé un poco.
Dentro, la casa era impresionante. Un reflejo de él: imponente y elegante. Me mostró mi habitación, y sin pensarlo dos veces, me quité el maldito vestido de novia. Lo quemaría en cuanto tuviera la oportunidad.
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A la mañana siguiente, entré a su habitación buscando algo que ponerme. Solo tenía el suéter y un bóxer suyo, que me quedaba como bermuda.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó con voz ronca al despertar.
—Buscando algo tuyo para ponerme. No tengo ropa.
—Vamos a salir a comprar —respondió, estirándose.
Me miré en el espejo con su ropa.
—Wow… te queda bien ese atuendo —comentó con una sonrisa divertida.
Rodé los ojos.
—Ay, por favor, me queda enorme.
—Te queda bien —insistió, mirándome de arriba a abajo.
Su mirada intensa me hizo sonrojar.
—¿Ya desayunaste? —preguntó mientras se ponía un suéter.
—No… además, ¿cómo pretendes que baje vestida así?
—Solo estamos tú, yo y el servicio.
—Igual me da pena.
Él sonrió con diversión.
—Vamos a desayunar y luego a la tienda.
—Está bien… —acepté con un suspiro.
Mientras comíamos, sentía su mirada fija en mí. Era intensa, ardiente. Y en ese momento, me di cuenta de algo: este hombre no solo había salvado mi vida… tal vez también estaba destinado a cambiarla para siempre.