Capítulo 17— Todo claro

1420 Words
Capítulo 17— Todo claro Narrador El aire estaba cargado, aún impregnado con el eco de los gemidos y las respiraciones entrecortadas que habían llenado la habitación momentos antes. Emma permanecía sobre Charlie, con sus piernas colgando a ambos lados de su cuerpo, mientras él aún mantenía la respiración agitada. El peso de lo que acababa de suceder parecía mantenerlos atrapados en un limbo silencioso. Smith dejó caer la cabeza hacia adelante, apoyándola en el pecho de Emma, mientras intentaba controlarse. Sus manos seguían posadas en las caderas de Cosnett, con un agarre menos demandante pero todavía firme, como si no quisiera soltarla. Ella, por su parte, tenía las manos aferradas a sus hombros, sin decidirse a apartarlas. El calor de sus cuerpos aún era palpable, y cada pequeño movimiento parecía cargar el ambiente con una tensión que ninguno de los dos sabía cómo romper. Emma fue la primera en moverse. Dejando que su mirada recorriera el rostro de Charlie, deteniéndose un instante demasiado largo en sus labios antes de hablar, dejando escapar una risa baja. —¿Te quedó claro, o quieres más pruebas de que estoy lucida? Él soltó una ligera carcajada, relajando un poco los hombros. —Sí, definitivamente me queda muy claro que sabes lo que haces Em. —La miró con un pequeño destello de humor en su mirada, a lo que ella se removió un poco sin apartarse de él.— Aunque si quieres darme otra muestra de ello, no me molestaría en lo absoluto. Emma negó sin poder evitar sonreír. —No creo que sea buena idea... —Sonrió sin apartar su mirada de Charlie— Pero si me convences puede que cambie de opinión. Smith también no podía apartarle la mirada, pues deseaba ahora más que nunca volver a tenerla, volver a hacerla suya como momentos atrás. —No esperaba tener que sacar mis mejores líneas para esto, no preparé un discurso... Pensé que ambos sabíamos lo que hacíamos. Ella lo observó por un momento de manera meticulosa, estudiándolo con una mirada que no tenía nada de seria. —Oh, claro que lo sabemos. Esto fue... Pura química, nos dejamos llevar por el momento. Pero podrías haber sido un poco más creativo... No sé, intentar convencerme, prometiendo bajárme el cielo, y las estrellas... Miénteme un poco. A lo que Charlie solo se carcajeó. Los dos sabían bien lo que querían, se*xo sin compromiso, sin complicaciones, sin sentimientos al final de cuentas estaban juntos con un solo objetivo, hundir a Michael ¿Por qué no divertirse un poco en el proceso? —Está bien, Em— Tomó un poco de aire, afianzando el agarre a sus caderas— Si me dejas yo te puedo ayudar a olvidar. Puedo ser tan tierno, y caballeroso como lo desees. Puedo ser ese hombre dulce que pone pétalos de rosa sobre tu cama antes de hacerte el amor— Se acercó un poco más a ella rozando sus labios— Pero también, si tú me lo pides, puedo llegar a ser el que te arranque la ropa como un animal, el que te haga el amor tan fuerte que no puedas parar de gritar, el que te de los mejores orgasmos de tu vida... Tú decides— La respiración de Emma se entrecortó por sus palabras que quedaron atascadas en su garganta por un instante mientras sus respiraciones chocaban— ¿Entonces Em? ¿Qué clase de hombre quieres que sea? Ella se quedó en silencio por un momento, como si evaluara lo que estaba por decir. Sopesando la propuesta bastante tentadora. —En definitiva prefiero lo segundo... Es solo que intentaba confirmar que ambos estamos... bien con esto —aclaró Emma, su tono sincero y libre de arrogancia. A lo que Smith asintió recargándose de nuevo en el sofá sin apartar las manos de sus caderas. —Para mí está más que claro— Su mirada oscura seguía ceñida sobre ella quien parecía hipnotizada, incapaz de apartarle la suya. —Sin complicaciones, solo dejándonos llevar. Nada de sentimientos. —Exacto, Em... Sin sentimientos. No tiene que ser más profundo que eso.— La tensión entre ellos parecía disiparse a medida que el entendimiento mutuo se hacía evidente. Charlie dejó escapar un suspiro de alivio, mientras relajaba su postura.— ¿Tenemos un trato? Él extendió su mano para sellar el pacto silencioso, ella la observó sin decir nada sopesando lo que estaba por hacer. —Tenemos un trato— Tomándola al fin, Emma accedió al juego peligroso con una pequeña sonrisa, y apretando su cintura de nuevo. Charlie cambió de posición quedando arriba en medio de sus piernas. — Ahora necesito sellar este trato— Colocándola sobre el borde del sofá mientras sus cuerpos se rozaban con una ferocidad que dejaba claro que ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder. La apretó acercándola más a él, eliminando cualquier espacio que quedara entre sus cuerpos. Sus labios se encontraron en un choque voraz, como si ambos quisieran dar por cerrada la nueva alianza. El beso no era delicado, sus lenguas se entrelazaban mientras Charlie profundizaba el contacto, mordiendo ligeramente su labio inferior antes de que Emma le devolviera el gesto, aferrándose a su nuca. Su cuerpo estaba tenso, anticipando el siguiente movimiento, incapaz de pensar en nada más que en la manera en que la controlaba con cada toque. Separando sus labios, Charlie bajo rápidamente por su cuello, dejando un rastro húmedo que hacía que Emma arqueara la espalda en respuesta, mientras que sus manos experimentadas no dejaban espacio de su cuerpo sin explorar. Al llegar a sus pechos, no perdió tiempo. Tomó uno de ellos con una mano, masajeándolo con firmeza mientras su lengua se deslizaba lentamente alrededor del pezón, trazando círculos que parecían encender cada terminación nerviosa. —¿Te gusta esto, Em? —murmuró contra su piel antes de atraparlo con los labios, tirando suavemente mientras ella soltaba un gemido bajo, sus manos aferrándose a sus hombros. Su lengua jugaba con ella, alternando entre lamer con lentitud y succionar con más intensidad, como si supiera exactamente cómo hacer que perdiera el control. —Se siente delicioso... —respondió Cosnett, que apenas podía mantenerse en su lugar, su respiración entrecortada y su cuerpo retorciéndose ante las sensaciones que Smith le provocaba. No se detuvo ahí. Cambió al otro pecho con la misma dedicación, dejando suaves mordiscos antes de rodearlo con su lengua. El contraste entre el calor de su boca y el frío del aire que dejaba al soplar contra su piel la hacía estremecerse, un temblor que él sintió y pareció disfrutar. —Eres increíble... —murmuró, antes de volver a hundirse en su pecho, devorándola con una mezcla de hambre y control absoluto que la hacía gemir cada vez más alto. Cuando al fin se hundió dentro de ella, el aire pareció desaparecer de sus pulmones. Emma arqueó la espalda, soltando un grito ahogado que apenas logró contener. Él no le dio tiempo para adaptarse; su ritmo fue intenso desde el principio, sus movimientos marcados por la necesidad de demostrarle que estaba al mando. Sus caderas chocaban con fuerza, un ritmo frenético que resonaba en la habitación, acompañado de sus respiraciones entrecortadas y los gemidos que ninguno de los dos podía controlar. Emma clavó las uñas en la espalda de Charlie, dejándole marcas profundas mientras él gruñía contra su oído, impulsándola a un lugar donde el control ya no existía. —Dime que lo sientes —gruñó él, su voz grave y cargada de dominio, mientras sus manos se aferraban aún más a su cintura, guiándola para que se encontrara con cada embestida— Quiero escucharte. Emma no respondió con palabras; su cuerpo lo hacía por ella, moviéndose al unísono con el suyo, buscando más, queriendo más. Cada embate era un desafío, un choque entre dos voluntades que no cedían, hasta que la tensión entre ellos alcanzó un punto de quiebre. El clímax los golpeó como una ola violenta. Emma soltó un grito ahogado, sus piernas temblando mientras su cuerpo se tensaba por completo, incapaz de contener la intensidad del momento. Charlie la siguió de inmediato, enterrándose más profundamente mientras su respiración se aceleraba, su cuerpo estremeciéndose contra el de ella. El silencio que siguió estuvo lleno de su respiración pesada, con sus cuerpos aún entrelazados, temblando por los ecos de lo que acababa de ocurrir. —Ahora si creo que quedó todo claro— Murmuró ella, y ciertamente todo lo estaba, o al menos eso era lo que ellos querían pensar.
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