Capitulo 16— Me gustas.

1620 Words
Capítulo 16 — Me gustas Narrador Manteniendo su mirada al frente mientras conducía, Charlie trataba de olvidar la tentación vestida de mujer que tenía a su lado. Aunque había logrado sacarla de la discoteca sin terminar haciendo una locura, lo sucedido no podía salir de su mente. —Sabes algo Charlie... Hoy te ves más apuesto... Vestido de esa manera — Emma se mordió el labio inferior mirándolo de arriba a abajo sin descaro alguno, lo que ocasionó que el deseo que Smith sintió por ese baile regresara de nuevo con más intensidad— Te ves bastante exquisito. Negando, pues sabía perfectamente que todo eso lo estaba haciendo por el alcohol en su sistema, Charlie sonrió antes de regresar su mirada al frente una vez el semáforo cambió su color, y colocando en marcha el auto, pretendió dejar atrás todo lo que estaba pasando. —Emma, es el efecto del alcohol... Hace que los feos nos veamos bonitos. Negando pues ella sabía perfectamente lo que decía, ya que estaba desinhibida por el alcohol, más no ebria, Emma hizo un mohín con su boca, un puchero que hizo a Charlie negar por lo tierna que se veía, y negando ella explicó: —Lo digo en serio, Charlie, no es por el alcohol... Apenas te vi esa vez en Araco me gustaste es solo que ahora estás más...— Empezando a pasar la mano por el brazo de Charlie, Emma subió por todo este apretando sus bíceps en el camino hasta llegar a su nuca, y empezando a acariciarlo con la yema de los dedos, siguió— Te siento más libre, sin tanto traje, fuera de ese papel de ejecutivo... Y me gustas más de esta manera. Conteniendo el aire pues ese simple toque, esas palabras despertaban mil cosas en él, Charlie solo desvió su mirada al frente sabiendo que no podía seguir, pues si lo hacía, no se detendría hasta tenerla de una buena vez, hasta hacerla suya, y abriendo su boca comprendiendo que la estaba rechazando porque pensaba que estaba ebria, Emma preguntó un poco ofendida: — ¿De verdad crees que no sé lo que hago, Charlie? ¿Que estoy tan ebria como para no saber lo que estoy diciendo? Pasando saliva, observándola por un instante, Charlie guardó silencio, pues eso era lo que pensaba, y cruzándose de brazos Emma un poco molesta apretó sus labios. Desviando su mirada a la ventana a su lado para ver el paisaje pasar ninguno de los dos dijo nada más, y llegando un par de minutos después a su departamento, Smith la acompañó hasta la puerta del mismo para asegurarse de que llegara a salvo. —Espero descanses... Y la hayas pasado bien, mañana te llamo para ver cómo has amanecido, recuerda que tenemos la comida familiar. Permaneciendo de pie a escasos metros de Emma, quien había logrado abrir la puerta, Charlie soltó, y ladeando la cabeza con una pequeña sonrisa, Cosnett preguntó deseando dejarle claro que no estaba tan mal como él pensaba: —¿De verdad crees que estoy ebria? ¿Que no sé lo que digo, lo que hago? Dando un par de pasos hasta llegar a él, Emma apoyó las manos de nuevo sobre el pecho de Charlie, a quien se le aceleró la respiración con ese simple toque, y abriendo su boca clamando para no ceder, para no caer él, tratando de mantener la poca cordura que le quedaba, respondió: —Lo estás, Em... Ese baile, la forma de tocarme, la forma de mirarme... No es algo que harías si no lo estuvieras. Terminando con la distancia que los separaba, Emma acercó los labios a los suyos para responder, y murmurando sus alientos chocaron haciendo que el calor regresara: —¿Quieres que te demuestre que no lo estoy? Que estoy más sobria de lo que crees, Charlie Smith...—Le sostuvo la mirada con una pequeña sonrisa, a la que el no pudo resistirse, y asintió— Entonces, sígueme Sin quitarle la mirada de encima, y sin dejar de sonreír de lado, Emma retrocedió abriendo la puerta de su departamento invitándolo a seguir, y maldiciendo mentalmente por lo que haría, por la locura que estaba a punto de cometer, Charlie la siguió. Emma cerró la puerta y apenas alcanzó a dejar las llaves sobre la mesa cuando Charlie la acorraló contra la pared. Sus bocas se encontraron con un choque brutal de necesidad. Ella gimió, sorprendida, pero en lugar de apartarlo, lo tomó del cuello y profundizó el beso con una voracidad que lo hizo gruñir. —Em… —jadeó él, aunque su mano ya estaba recorriendo la curva de su cintura. —Cállate —susurró ella contra su boca, mordiéndole el labio— Llevas días mirándome así que por qué resistirnos más. Charlie soltó una maldición entre dientes porque era cierto, no había podido dejar de mirarla, pensarla desde que la conoció, y la levantó de un tirón, haciéndola rodearlo con las piernas. Ella rió, excitada, mientras él la llevaba a trompicones hasta el sofá. La dejó caer y se inclinó sobre ella, besándola con furia, arrancándole la blusa con manos temblorosas. Emma arqueó la espalda y lo provocó desabrochando su propio sujetador para dejar sus pechos al descubierto. —¿Esto es lo que querías ver en lugar de esas fotos? —lo retó, con la voz ronca a lo que el solo sonrió de lado, por supuesto que era eso, y mucho mas. Charlie sin pensarlo demasiado atrapó un pezón entre los labios y lo mordió haciéndola gemir. —No, esto es mucho mejor… —contestó, su voz oscura, devorándola como un hombre al borde de la locura. Ella lo empujó para quitarle la camisa con desesperación, arañando su torso en cuanto quedó desnudo. La respiración se les mezclaba en jadeos cada vez más frenéticos. Charlie bajó la mano por el abdomen de Emma hasta colarse entre sus muslos, frotándola sobre la tela húmeda de su ropa interior. —Estás empapada… —murmuró, fascinado, mientras la miraba retorcerse. —Haz algo al respecto entonces ¿O pretendes dejarme así? —le exigió, moviendo las caderas contra sus dedos. No necesitó más. Le arrancó el pantalón y la ropa interior de un tirón. Emma se mordió los labios, expuesta, con las mejillas encendidas, y él se inclinó para besarle el muslo, subiendo lento hasta llegar a su centro. —Charlie… —lo llamó con un gemido quebrado, tirándole del cabello. Él la probó sin piedad, lamiendo, succionando, hundiéndose en su intimidad hasta arrancarle gritos que llenaron el departamento. Emma se retorcía, los dedos enredados en su cabello, suplicando entre jadeos. —Más… por favor, no pares… ¡Mie*rda Charlie! No te detengas Charlie la sostuvo de las caderas y la llevó hasta el borde del sofá, devorándola hasta que su cuerpo entero temblaba. Cuando estuvo a punto de correrse, él se apartó bruscamente. Ella lanzó un quejido desesperado de frustración al quedar a medias, a punto de estallar. —¿Por qué…?— Pregunto con su respiración agitada con su pecho subiendo y bajando con fuerza.— ¿Que pasa? ¿Por que te detienes? —Porque quiero sentirte correrte conmigo dentro —dijo con brutal honestidad con una pequeña sonrisa sin dejar de mirarla, mientras abría el pantalón y liberaba su erección, rígida y palpitante. Emma lo miró con los labios entreabiertos, completamente entregada. Él la tomó de las caderas y, sin darle tiempo a responder, la penetró de una embestida profunda que la hizo gritar, sin rodeos, sin darle tiempo a pensar demasiado. —Dios… Charlie…— Siseo sintiéndolo en lo mas profundo, invadiendo cada espacio, llenándola de manera deliciosa —¡Car*ajos, Em! eres tan jodidamente estrecha… El ritmo fue salvaje desde el inicio. Ella lo recibía con las piernas enredadas en su cintura, clavándole las uñas en la espalda. Él embestía fuerte, cada golpe de cadera arrancándole jadeos cada vez más altos. —Más duro… —le rogó entre gemidos. Charlie gruñó y obedeció, acelerando sus estocadas hasta que el sofá crujió bajo sus movimientos,. La sujetó de los muslos, abriéndola más, mirándola a los ojos mientras la follaba sin descanso. —Mírame, Em… mírame cuando te follo— Le ordenó Ella obedeció, y la intensidad de su mirada lo llevó al borde. Se inclinó para besarla con violencia, y ella gimió contra su boca, perdiéndose en la sensación de ser tomada por completo. Él cambió de ángulo, levantándola un poco, y la embestida la golpeó en lo más profundo. Emma gritó su nombre, arqueándose, con el cuerpo desbordado de placer. —Así… joder, no pares, Charlie…— Gimoteo perdida en el placer, entregada a ese encuentro que la tenía al borde, con piernas sudorosas, boca reseca, y corazón a punto de salir disparado de su pecho —Vas a correrte para mí —gruñó él, empapado de sudor, follándola como si el tiempo no existiera. Emma explotó primero, con un orgasmo brutal que la sacudió de pies a cabeza. Su grito fue desgarrador, su cuerpo temblando alrededor de él. Charlie la sintió apretarlo con una fuerza imposible y no pudo resistir más; se corrió dentro de ella con un rugido ahogado, hundiéndose hasta el final, temblando mientras la llenaba. Se quedó un instante sobre ella, los cuerpos pegados, jadeando los dos como si hubieran corrido una maratón. Emma lo miró con una sonrisa peligrosa, aún sin aliento. —¿Esto era lo que necesitabas para ver que no estaba ebria? ¿Ahora si podras ir a dormir tranquilo? —susurró con picardía, acariciándole la nuca. Charlie rió, agotado, besándola con ternura después de tanto desenfreno. —No, Emma… ahora sé que ya no voy a dormir tranquilo nunca más.
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