En una escuela secundaria, donde los estereotipos están más que marcados. Y quizás no hablamos tan de los típicos estereotipos porque viven en la actualidad, donde se están rompiendo muchas cosas y lo normal pasó a ser anticuado (no en todos lados claramente, pero si en la escuela de los chicos). Siguen criticandote o haciendo bromas más inofensivas si sos gay, lesbiana o trans pero está socialmente más aceptado, por lo que tampoco es constante. “Bromas más inofensivas” en el sentido que son hirientes pero sin intención más que una homofobia internalizada. “Aceptado” porque está bien que salgasque salgas con una persona de tu mismo sexo, pero solo buscandole un parecido a las parejas heteros. En una pareja de lesbianas, tiene que haber un hombre y en una pareja de chicos Apenas ven una pareja catalogan un pasivo o pasiva y un activo o activa.
Y dentro de este microuniverso de escuela secundaria con estereotipos muy bien marcados, bromas más inofensivas y “aceptación” de parejas del mismo género existen Zora y Mirko. Quienes después de haberse conocido en una fiesta, comenzaron a verse más y más seguido, hasta tener una relación estable como la que mantenían al momento.
Zora leía sobre amor libre, no tenía práctica en realidad, pero si era algo que le interesaba. Antes de conocer a Mirko si había tenido citas pero con ninguno de esos chicos se le dio la oportunidad de verse más de cinco veces y comenzar a hablar de lo que eran o dar lugar a ese tipo de conversaciones en general. Había leído un par de libros y unos artículos, cuando comenzaron a hablar más con Mirko sobre el tema, le dijo que odiaba a las parejas, que estaba en contra de lo intensas que eran a veces. Y Zora no pensaba exactamente igual pero estaba todo bien si solo era no ser intensos juntos a veces. Decidieron que sí, eran novios y que le gustaba llevar ese ritmo de relación acelerado. En el que rápidamente se quisieron tanto.
Zora es dulce con todos, siempre llamaba bebé, amor, o cariño a sus amigos y amigas, es cariñoso y un poco cargoso también, siempre teniendo abrazos y besos que dar a todo el mundo. Tiene una mirada tranquila y una sonrisa adorable. El cabello castaño oscuro a la altura de los hombros, unos ojos verdes y una tez pálida clara, sus ojeras levemente marcadas. Su cuerpo era esbelto y desde la primera vez que lo ves sabes que es torpe. Generalmente viste de colores claros, aunque tiene algunos jeans negros que sabe combinar muy bien para no verse para nada como alguien que usa colores oscuros. Lleva muchos accesorios como cadenas delicadas colgadas de su cuello o varios anillos en sus dedos. En ocasiones se maquilla sutilmente, no porque no quiera que se note que está maquillado, sino porque le gusta agregarse mucho rubor pero poco contorno. Y lucir más tierno que tajante con su maquillaje.
Siempre lleva buenas notas y una muy buena conducta en la preparatoria, pero lo que más lo caracteriza es la diferente corona de flores que él siempre llevaba encima de sus rizos, una diferente cada día, no las hace él, sino su hermana, Gemma, que es una niña. No las hace él porque es torpe para todo y eso no iba a ser la excepción, tiene dedos largos y manos grandes, ha intentado mucho pero le resulta difícil de practicar siquiera. Pero a él no le molestaba no saber, ni poder hacerlas, porque siempre elegía las flores con las que su hermana las hacía, amaba llevar coronas de flores, se sentía bonito con ellas, hacían resaltar sus rizos y lo que más le gustaba de su cuerpo eran sus rizos.
Aunque claro que cada cosa tiene algo malo, y su corona de flores siempre traía burlas hirientes de parte de sus compañeros, que iban desde preguntas si se creía un nene de primaria o de jardín de infantes, a decirle nenita, suavecito junto a otros apodos tontos de ese estilo. Cuando más arriba hablaba de escuela llena de estereotipos, entraba de este tipo, una persona que tuviera pene no podía usar una corona de flores, ni identificarse de otra manera que no fuera hombre o en masculino. Asumen también que era pasivo solo porque le gustaba usar la corona cotidianamente.
Generalmente no le molestaba, particularmente porque su novio siempre estaba para defenderlo. No importaba lo que pasará o si incluso se estaban burlando de él en ese momento, Zora siempre era dulce, tierno y lindo, en cualquier ocasión. Había veces que sufría las consecuencias, solía pasar en esos días en que estaba inseguro y dudaba de cómo lucía a partir de lo que las personas le habían dicho, pero por lo general no le afectaba por mucho tiempo. Y siempre que iba a la escuela era con su corona de flores. En un momento se dio cuenta que no es su problema, el
Si había que aclarar pronombres a Zora le gustaba mucho el femenino, principalmente por esa razón no le molestaba cuando le decían nenita. También se sentía cómodo con el masculino, el pronombre inclusivo, elle, era con el que más encajaba, sin embargo, el que menos usaban para referirse. Se podría decir entonces que Zora era genero no binario, lo leyó una vez en un blog pero no lo decía publicamente, solo se lo contó a su novio Mirko y a Gemma su hermana. Tampoco había investigado mucho al respecto así que le parecía lo más razonable no decirle a todo el mundo cuando no sabía bien de qué trataba.
Por otro lado, muy opuesto a Zora, estaba Mirko, su novio, quien no era para nada amistoso con nadie, siempre contestaba mal cuando alguien le hablaba, era sarcástico y hacía chistes de mal gusto e hirientes todo el tiempo. Tenía un solo amigo, que era con el que se juntaba además de su novio. En su cuerpo tiene un millón de tatuajes y perforaciones, algunos que ni recordaba habérselos hecho, seguramente estando borracho o drogado, porque así era como pasaba la mayoría de sus fines de semana, borracho o drogado en alguna fiesta, o cuando eran un pocos más tranquilos solo la pasaba en la habitación de Zora o en la suya, teniendo sexo duro, porque así era como le gustaba al castaño y Zora no se quejaba en absoluto, es más, le gustaba, él era a quien más le gustaba el sexo duro, Mirko amaba eso de su novio, porque definitivamente no te lo esperas cuando lo ves con una corona de flores en la cabeza. Tampoco Mirko era el tipo de persona que espera algo por la apariencia de las personas y hasta le molestaban que hicieran eso con él.
Hablando de tatuajes, su cuerpo está lleno, el estilo y la temática es super variada, tiene algunos con mucho significado, que pensó y llevó a que le diseñen con tiempo, otros que hizo de impulsivo, y hasta algunos que hizo de borrachos. Uno de esos tatuajes sin pensar fue tatuarse a sí mismo cayendo sobre arbustos, el diseño salió de un video borroso y de mala calidad que le habían grabado la noche anterior en una fiesta, pasó despierto hasta las diez de la mañana del otro día, donde se tatuó. Otro tatuaje sin tanto significado fue unos garabatos que hizo en clases en lugar de tomar apunte de lo que decía la profesora, se lo hizo al salir de la escuela. No se arrepiente e incluso le parecen los más divertidos, los que tienen mucho significado les parece pesado, sigue pensando o siendo consistente con la persona que era pero lo volvería a pensar.
La gente solía pensar que era insensible, solo porque se mostraba así ante la mayoría. Era lo que interpretaban de él por su apariencia principalmente, porque no era amable de primera pero en general nadie lo es. Solo se mantiene serio al comienzo, no es de tomar confianza rápido. No es grosero más que con los profesores, porque hay varios que se lo merecen. No entiende la razón para que trabajando de docente te esfuerces en ser agresivo o un imbécil tratando a alumnos que son jóvenes todavía. Porque ni siquiera les pagan tanto para que se les justifique ser unos imbéciles. Y sí, Mirko odia a los profesores de mierda y está bien si termina teniendo problemas por su trato con ellos.
Lo que le pesa cada tanto es que el resto piense que es insensible o duro por ser así con sus profesores, porque ciertamente piensa que lo merecen. No es algo que le moleste demasiado tampoco o intervenga directamente, tiene sus beneficios, los demás lo respetan por ese “miedo” que dan sin siquiera quererlo.
Mirko acostumbraba a vestir siempre de n***o, algunas veces su camisetas eran grises o blancas, pero eso sucedía solo en días especiales o cuando su novio se lo pedía (pero eso no pasaba muy a menudo, solo cuando revolvía su armario y Zora lograba ver o encontrar algo que no era n***o), aunque lo que nunca variaban era el calzado n***o, ya que sino usaba sus converse gastadas negra (que se veían más como un gris sucio), usaba sus vans de ese color o a veces, cuando salía, sus borcegos. Y no tenía más calzados que ese en realidad.
Había estado preso un par de veces, unas por meterse en peleas tontas que terminaban mal, u otras por estar en fiestas en las que se usaban drogas ilegales y lo encontraban ahí, siendo menor, cuando generalmente no las consumía siquiera. Se metía en peleas tontas literalmente por tonto, se aburría en su casa y eso era algo que le traía emoción. Zora siempre lo sacaba, los policías ya hasta lo conocían, solo lo sacaban porque sabían que podía confiar en la palabra de Zora, aunque él estuviera mintiendo, no iba a hacer que su novio deje de ser tonto pero si podía entretenerlo de otras formas fisicas que no fueran peleas. Ellos vivían en un pueblo, por ello todos conocían a todos, a veces Zora no tenía ni que pagar la fianza por eso, porque o el policía conocía a alguien de su familia o algo parecido pasaba y el problema se solucionaba así de fácil. Aunque algunas veces si lo debía hacer, pero Zora siempre había salvando a Mirko, sacando el dinero de donde fuese junto a la madre de Mirko y sacando a su novio de prisión lo más rápido posible.
Zora y Mirko son muy diferentes, extremadamente diferentes. En lo que refiere al trato con los demás, Mirko es grosero, Zora amable. Incluso podes saber los diferentes que son solo con mirarlos, Mirko vestido de color negros o colores oscuros y Zora con colores claros. Incluso han tenido discusiones” tontas donde Mirko decía no entender cómo la gente usaba colores claros y que era de sucios, Zora le decía que era al revés, porque las prendas negras casi nunca las lavas porque no se ve. Nunca se llevaron mal, solo quedan como opiniones que no comparten y que no son tan importantes, no son diferencias políticas o ideológicas porque ahí sí sería un problema.
Pero tienen algo en común: ambos son impacientes, ansiosos y desesperados cuando se trata del sexo, ellos a veces no pueden ni siquiera esperar hasta estar a solas y tienen sexo en lugares públicos, siempre intentando ser los más cuidadosos posibles, claro, ellos no querían ir presos por ser unos adolescentes calientes y estupidos enamorados.
Eso era justo lo que les estaba pasando ese día, la tensión s****l casi podía tocarse entre ellos. Era como una capa no visible entre la distancia que había entre ellos, que a la vez se sentía. Ellos habían estado tocándose y susurrándose cosas desubicadas en clases, y ahora, que estaban en el almuerzo, tenían sus manos sobre el otro de una manera sutil y cariñosa pero que no dejaba de evidenciar sus ganas por eso.
—Mirko creo que debes follarte a tu novio ahora mismo— Le comentó Stan, mientras rodaba sus ojos y llevaba un pedazo de su comida a su boca. Hizo una expresión de asco dramatica por un segundo antes de continuar. —Ambos ya cansaron a todos con eso de estar tocándose y susurrándose cosas en clases. Y no se hagan los cariñosos porque evidentemente quieren follar. —Soltó una carcajada y continuó comiendo.
—O tal vez él debería follarme a mi— Murmuró mirando hacía Zora, quien se sonrojó violentamente por ello, soltando una leve risita.
Había creído que nadie aparte de Zora lo había escuchado, porque no había hecho ningún comentario al instante y habia hablado bastante bajo, queriendo prescisamente eso, que Zora sea el único que lo escuche, sabía que era tímido y se sonrojaba facilmente, pero luego, cuando varios terminaron de tragar lo que fuera que habían llevado a su boca, vinieron las fuertes carcajadas de los demás en la mesa y supo que sí fue escuchado. Mirko no se preocupó en pelear sobre el punto de vista de otras personas, a él no le importaba, por lo que solo rodó los ojos y se dispuso a terminar su comida. Por otro lado, Zora, se hundió levemente en su asiento, encorvandose apenas.
A él seguía sorprendiéndole que pensaran que era quien la metía, porque él amaba tener una buena polla dentro suyo y que lo follen duro. Antes de Zora, había tenido algunas discusiones con personas con las que solo quería solo una follada casual y todo eso paso por su aspecto, ya que por éste, los chicos creían que él iba arriba en el sexo y solo asumían que tenían que ser los que recibían o simplemente siempre intentaban ligar con él chicos a los que les gustaba recibir, cuando él era quien recibía, siempre, ya que no le gusta dar. Se le hacía incómodo, siempre pensaba que debía cuidar de más a las persona con la que estuviera y él no era para nada cuidadoso, nunca quiso terminar haciendo que a algún chico le sangre el culo. Sabía que estaba exagerando con eso, pero tampoco quería replantearse la idea, le gustaba que se la metiera y ya. Ni que fuera el imbecil de Froyd para buscarse razones a porque le gusta el sexo como le gusta.
Quizás también por su actitud, pero jurando por lo que quieras o creas, la gente es muy idiota y se deja llevar rápidamente por las primeras impresiones, Mirko odia eso. Tener que estar explicando como es sexualmente para que asuman algo que no es. Al fin y al cabo, las personas gays no dejan de ser heterosexualmente normado solo porque le atrajeran las personas de su mismo sexo. Seguían siendo cerrados igual.
Con Zora, cuando se conocieron, le pasó pero al revés, se sintió inmediatamente mal porque pensaba examentemente como las personas de las personas que siempre se quejaba. Vio al rizado por primera vez en la fiesta, luciendo incómodo y como que no pertenecía allí, tenía un vaso rojo de cerveza en su mano, el cual era apretado por sus largos dedos (Mirko se había quedado mirando éstos por más tiempo de lo que fue necesario), y mordía fuertemente su labio inferior. Tenía una corona de flores rosas en la cabeza, sus rizos desordenados debajo de ésta, se notaba que se había peinado hace poco pero que no había durado para nada su cabello desenredado, y estaba vestido con unos pantalones ajustados negros, una remera lisa blanca y unas botas marrones.
Mirko supo en cuanto lo vio que él no acostumbraba a ir a fiestas, así que aprovechó eso para hacerle bromas sobre su aparente inocencia, Zora no le mostró incomodidad en ninguna de ellas, le había contestado y se había reído con él. Así que, luego, una hora más tarde o tal vez un poco más, Mirko llevó a Zora escaleras arriba, para ese entonces Zora estaba un poco borracho, pero no lo suficiente para no saber que estaba haciendo, dejo en claro eso en cuanto entraron en una habitación vacía, ya que Zora lo había tomado de la cintura agresivamente y lo había besado de la misma forma. No tardó mucho en que Zora se lo terminara follando y mucho menos para que Mirko supiera que él era el indicado, quizás no para casarse o para ninguna de esas estupideces, pero sí para tener más que una sección de sexo.
Y así fue, solo sexo, por un tiempo, hasta que Mirko se dio cuenta que quería más de esas charlas que tenían desnudos luego de tener sexo, más de esas sonrisas que se dedicaban mientras se quitaban la ropa, de esas charlas tontas que tenían cuando estaban borrachos o fumados en fiestas en las que asistían los dos, de esas sutiles caricias que se dedicaban rara vez cuando estaban en grupo con sus amigos en común, de esas risas bajas y roncas que Zora le dedicaba a cada uno de sus tontos chistes. Hasta que Mirko se dio cuenta que quería más de Zora. Y viceversa, claro. A el rizado también le había ocurrido algo similar y estaba más que feliz de tener a Mirko con él ahora, no solo porque en lo s****l coordinaban a la perfección, claro que no, sino por mucho más que eso, ellos coordinaban en todo }lo que hicieran. Si se burlaban de Zora, Mirko lo defendía. Si a Mirko se iba mal en la escuela, Zora sabía exactamente como ayudarlo. Y así eran con todo, aunque muchos no podían entender como personas tan diferentes estuvieran juntos, ellos se entendían entre sí y era todo lo que importaba.
Mirko nunca hubiera pensado que él y Zora iban a terminar siendo novios, Zora no era el tipo de chico con el que él acostumbraba a salir. Él acostumbraba a salir con hombres grandes, fuertes, que vestían casi siempre de negros e igual que él, estaban llenos de tatuajes y perforaciones. Los chicos como Zora siempre eran los que terminaban pidiéndole que les folle y él los terminaba rechazando de la peor manera. Eso había pensado que pasaría con Zora la noche que se conocieron pero se alegro terriblemente cuando no fue así. Aunque cuando le preguntaban sobre si tenía un tipo que le gustaba más sobre los otros, decía que no, ahora le gustaba poder admitir que no de verdad.
De repente Mirko, levantó una de sus manos y tiró con ella de un mechón de rizos de Zora, haciendo que su corona de flores se inclinara hacía un lado, él riera por lo bajo y se girara hacía Mirko.
—¿Sí, amor?— Preguntó Zora, sus ojos verdes atentos a los movimientos de su novio.
Mirko solo le sonrió lascivamente e hizo un movimiento de cabeza como respuesta, señalándole que debía levantarse, Zora lo hizo, con sus mejillas más rojas de lo normal y una pequeña sonrisa en sus labios. Cuando se levantaron y comenzaron a caminar hacía la salida del comedor de la mano, todos en la mesa bramaron exclamaciones e imitaron gemidos, insinuando lo que iba a pasar dentro de poco. Mirko solo rodó los ojos y rió al escucharlos, pero Zora se sonrojó aún más de lo que ya estaba.
De la mano, Mirko llevó a Zora hasta uno de los baños del edificio en que se encontraba el comedor dentro de la escuela, éste no era muy grande, ni el lugar más cómodo para follar, pero era lo mejor cuando uno estaba caliente en la escuela, o por lo menos lo era para Zora y Mirko (aunque de seguro eran los únicos que estaban tan desesperados por follar que no podían siquiera esperar hasta salir del horario de clases).
Ellos lo habían hecho hace unos meses en una aula vacía, casi cuando estaba terminando sus últimas horas de clase, y no funcionó, casi los descubren, por suerte llegaron a vestirse rápidamente antes de que llegará un profesor que justo pasaba por allí, de no ser así hubieran sido expulsados. También habían follado en el armario del conserje y había resultado peor, ya que el conserje apareció y lo encontró en acción, al tiempo renunció. Ninguno sabía con certeza si había sido por ellos pero lo creyeron así, ya que antes de que eso pasara el conserje siempre los miraba con desprecio y disgusto. A ellos nunca les importó mucho su homofobia, siempre lo vieron y recordaron que se vaya de la escuela por ellos como algo gracioso, así que no pensaron mucho en ello.
Cuando llegaron a la puerta del baño, Mirko abrió ésta un poco desesperado y torpe, Zora rió por ello, luego ambos entraron y Mirko trabó la puerta, no muchas personas iban a querer entrar porque todos los alumnos estaban almorzando, pero ellos no sabían cuánto iban a tardar. El baño para hombres del segundo piso era largo pero un poco angosto para tratarse del baño de una escuela, tenía unos cinco cubículos a un costado y del otro estaban los urinarios, uno al lado de otro.
Luego de que Mirko trabara con éxito la puerta, Zora lo acorraló contra la pared al lado de ésta, en un brusco y agresivo movimiento, alzando sus muslos con sus grandes manos y posicionándose entre sus piernas. Mirko gimió fuerte y agudo, cerrando los ojos y cerniendo sus piernas en la cintura de Zora, juntando sus pies en su espalda baja. Zora sonrió de lado, lascivamente.
—Te encanta estar así, ¿no?— Zora habló, mientras que con sus labios acariciaba los de Mirko suave, sus palabras retumbando ligeramente contra su piel. Paseaba su bocapor sus mejillas hasta llegar a su oreja. Mirko inhaló bruscamente, su cuerpo temblando apenas. —Gimiendo para mi. Eres una putita, mi putita— Su voz sonaba mucho más ronca y gruesa de lo normal y que incluso hace treinta minutos cuando estaban comiendo con sus amigos.
Deslizó sus manos desde los muslos de Mirko hasta su trasero, apretó éste fuerte. Mirko gimió agudo nuevamente, y Zora volvió a sonreír de lado, travieso. Y luego, sorprendiendo y dramatizando pero en base a la expresión del castaño, deprimiendo a Mirko, Zora se separó, dejando a Mirko parado. Mirko resopló y le dedicó un puchero con sus labios. Zora rió.
—Desnúdate— Le ordenó Zora, su voz ronca y gruesa pero también sonando con un deje de diversión. Pasó una mano por detrás de la cabeza de Mirko, apoyándola en la pared y se inclinó un poco en ésta. Para poder observar con mayor comodidad como su novio se desvestía para él.
Mirko asintió efusivamente, su mirada abierta y pareciendo incluso inocente o aniñado, y llevó rápidamente sus manos a su pantalón, lo desprendió y lo bajó de un tirón, y se lo quitó, luego de quitarse las vans que llevaba ese día, lo dejó tirado encima de sus zapatillas, después prosiguió con su bóxer blanco el cual se translucía levemente. Zora mordió su labio inferior mientras miraba cómo el pene de su novio escapaba de su ropa interior, al igual que su piel.
—Tan bonito mi bebé— Murmuró Zora y gruñó leve, a la vez que acariciaba el trasero de Mirko con una de sus manos y con la otra uno de sus costados.
Mirko gimió y se terminó de quitar el bóxer rápidamente, Zora le sonrió, justo cuando las manos del castaño se estaba dirigiendo a la terminación de su remera, estaba por quitársela pero Zora no le dejo.
—No— Susurró el rizado, negando con un movimiento de cabeza. —Baja mi pantalón primero.
En vez de contestarle, Mirko le hizo caso inmediatamente, bajando su pantalón hasta sus rodillas, Zora no acostumbraba a usar ropa interior, por lo que solo hacía falta bajar su pantalón para que su pene saltara fuera, rebotando casi imperceptiblemente contra su estómago. Mirko se quedó mirando su polla un poco encantado y perdido, Zora sonrió, mientras agarraba nuevamente los muslos de Mirko con sus manos, sus manos apretando fuerte la piel bronceada. Mirko gimió agudo y arqueó su espalda contra la pared.
—Me encanta cuando gimes así— Zora gruñó y levantó de nuevo a Mirko por sus muslos, sosteniéndolo contra su cuerpo fuertemente. Sus pollas se estaban rozando, Mirko juntó sus pies cerca del trasero del rizado.
Tanteó en su bolsillo y de éste, sacó un pequeño paquete de lubricante, lo abrió con su boca bruscamente y volcó un poco de éste en sus dedos. Mirko lo miraba atento y con deseo, sus ojos lejanamente humedos, brillosos y concentrados solos en su novio. Mordiendo su labio inferior, Zora le sonrió y luego de colocar la cantidad necesaria de lubricante en sus dedos, acercó estos a la entrada de Mirko, pasando sus manos por sus muslos correctamente y mojando un poco estos con lubricante.
Presionó su indice contra su agujero, primero sintió su textura por unos segundos, tanteandolo, acariciando suavemente, para luego comenzar a introducirlo, lento y siendo desesperante para Mirko, quien gimió en protesta. Zora soltó una carcajada ronca y luego lo metió del todo, rápidamente agregó otro dedo, sabiendo que no lastimaría a Mirko, sino que le daría más placer, cosa que pudo confirmar cuando el castaño volvió a gemir. Apoyó su cabeza contra su hombro, con la mirada hacía arriba, en un escorzo de su rostro confuso pero que le gustaba mucho.
—Eres una putita desesperada— Zora susurró, sonriendo entre divertido y caliente. Y Mirko asintió efusivamente, apretando su culo alrededor de los dedos de Zora, quien gimió ronco por ello. —Tan... tan desesperado y hambriento— Zora habló entrecortadamente, su tono de voz bajo y gimió al final de la frase.
Mirko no pasó mucho tiempo con los dedos de Zora dentro suyo, ya que cuando Zora sintió que estaba lo suficientemente preparado para él, quitó sus dedos y los reemplazó con su polla, lenta y suavemente, luego de haberla lubricado correctamente. Mirko gimió fuerte, arqueando su espalda contra la pared y cerrando fuerte sus ojos.
Las embestidas de Zora fueron lentas y fuertes al principio, pero a medida que los minutos pasaban éstas se iban convirtiendo en unas con más velocidad y agresividad. La polla de Zora cada tanto tocaba la próstata de Mirko, a veces tocándola apenas y otras con golpes bruscos, Mirko gemía fuerte y tiraba del cabello de Zora cada vez que eso pasaba.
Las manos de Zora apretaban fuertes las nalgas y los muslos de Mirko, dejando marcas rojas en la sensible piel, mientras que las de Mirko tiraban de su cabello y a veces, sostenían la corona de flores, para que no se cayera. Ya se habían caído varias flores de la corona, pero igual sabía que a Zora siempre le gustaba llevarla, así que trataba de que no terminara de arruinarse del todo.
De repente, una de las manos de Zora comenzó a recorrer más allá de su nalga y muslos, subiendo por su abdomen y levantando su remera cada vez que avanzaba por su cuerpo. La levanto hasta dejar al descubierto sus pezones, los cuales lamió y mordió repetidas veces. Los gemidos de Mirko fueron más fuertes cuando esto sucedió, sus manos tiraron más de sus rizos y fue ahí cuando la corona de flores cayó al suelo. Mirko gruñó levemente en protesta y Zora rió por ello, mientra que con sus labios ascendía por el pecho de Mirko, hasta su boca, la cual besó con ganas, mordiendo sus labios y metiendo su lengua dentro.
Mirko era un desastre de gemidos agudos y fuertes, su cabello del todo despeinado, sus ojos cerrados, su espalda arqueada y la piel de pecho, cuello y clavículas roja y brillante a causa de la saliva que los labios de Zora dejaron. Por otro lado, Zora también gemía, pero sus gemidos eran roncos y gruesos, contrastando perfectamente con los de Mirko. La larga y angosta habitación era una mezcla de gemidos, respiraciones agitadas, jadeos y de los sonidos que producía la piel de Zora al chocarse con la de Mirko en sus embestidas.