5.

3089 Words
La mano de Zora vagó un poco por el abdomen de Mirko, acariciando con las yemas de sus dedos la transpirada piel, hasta llegar a la polla del castaño. Acarició con su mano el grueso y largo pene de Mirko, de arriba hacía abajo, con movimientos lentos al principio pero luego iguales a los de sus embestidas, mientras que con la otra mano lo sostenía contra la pared. La posición no era la más cómoda para penetrarlo y mansturbarlo pero ellos se la arreglaron. Poco después de eso, Mirko se corrió, manchando la mano de Zora, parte de su abdomen desnudo y la remera blanca de su novio con su semen, su culo se apretó en torno al pene de Zora, quien gimió fuerte y ronco contra su oído y apretó sus nalgas al sentir el apretón. El rizado se corrió un poco después, luego de varias fuertes embestidas, dentro de Mirko, soltando otro gemido ronco y escondiendo ligeramente su cabeza en el hombro de Mirko. Ellos se quedaron así un rato, Zora con la cabeza apoyada en el hombro de Mirko y el castaño respirando todavía agitadamente contra suyo. Sus cuerpos estaban pegados y Zora todavía estaba dentro de Mirko, su erección bajando de a poco. Unos minutos más tarde, ellos se separaron y comenzaron a vestirse, entre risas y chistes, Zora pegando nalgadas a Mirko de vez en cuando, suaves y para nada dolorosas, sino juguetonas, mientras éste intentaba ponerse el pantalón. Zora solo se había bajado el pantalón, por lo que se vistió mucho más rápido que el castaño, así que el resto del tiempo, en el que esperaba a su novio, se dispuso a molestarlo, tocándolo, despeinandolo o solo hablándole. Lo molestó hasta que se acordó de su corona de flores, miró alrededor buscándola y la encontró a unos centímetros de sus pies en el suelo. Estaba destrozada, le faltaban varias flores, las cuales algunas todavía estaban en su cabeza y otras en el suelo, y las flores que todavía conservaba estaban rotas o sin algunos pétalos. Zora se encogió de hombros y la tomó, volviéndola a acomodar en su cabeza. Sus rizos estaban despeinados y hecho también un desastre pero mucho no le importó en el momento. Zora esperó, apoyado en el lavado de manos, revisando su teléfono, a que Mirko se terminara de colocar sus vans. —Sino te apuras no llegaremos a clases, ya comenzó— Le informó Zora con una sonrisa en sus labios. —No me interesa— Le contestó Mirko con un encogimiento de hombros y una sonrisa divertida en la boca, mientras que desaceleraba la velocidad de sus movimientos, poniéndose sus zapatillas básicamente en cámara lenta. —Eres un idiota— Murmuró Zora, rodando los ojos y sonriendo tontamente en su dirección. —Tú idiota— Mirko habló, su tono de voz bajo casi convirtiendose en un susurro, guiñándole un ojo y sonriendo divertido en su dirección. Zora se sonrojó por ello. Su reacción prácticamente no tenía sentido. Mirko no podía creer que él fuera tan tímido y que se avergonzara todo el tiempo, pero que en el sexo sea tan descarado, dos versiones muy diferentes de su persona.  Sonrió para si y se levantó del suelo, cuando terminó de calzarse. Envolvió con sus brazos el cuello de Zora y poniéndose de puntitas de pie le dio un rápido beso en los labios. —Cárgame— Le pidió Mirko, con un ligero puchero en sus labios. Zora sonrió y tomó su trasero con ambas manos. —Estás muy grande para eso, amor— Le contestó Zora, su cabeza hacía abajo, mirándolo y sonriendole. —Igual hazlo— Le dijo en cambio Mirko, sus palabras saliendo con un tono prepotente pero que Zora podía entender que era en broma. Zora resopló, rodando los ojos divertido, pero igual lo obedeció, alzándolo por sus muslos y llevándolo por el baño de ese modo, abrió la puerta, estirando una de sus manos para hacerlo, y salió fuera con Mirko todavía en sus brazos. En el pasillo no había nadie, los otros alumnos y sus amigos estaban en clases, ellos se habían tardado más de lo que hubieran debido. Mirko rió al pensarlo, mientras bajaba de los brazos de Zora. Caminaron a paso lento de la mano hasta en salón de clase, pero no llegaron a éste, ya que cerca de la puerta del salón, Zora acorraló a Mirko contra la pared y lo besó con fuerza. Una de sus manos en el costado de su cabeza y la otra en su cintura, Mirko gimió por la sorpresa, pero igual no pasó mucho hasta que le siguió el beso. Al comienzo fue solo un agresivo movimiento de labios pero segundos después también se incorporaron sus lenguas. Ellos no se besaron por mucho, ya que cuando Mirko sintió la mano de Zora descender por su cuerpo hasta su culo y se separó de golpe, cortando el beso. Zora gruñó por ello y Mirko rió. —Tenemos que ir a clases— Le avisó Mirko, con una sonrisa divertida en sus labios. Obviamente burlandose de que el rizado era quien apuraba unos minutos antes. —Cierto— Contestó Zora, haciendo un puchero apenas con sus labios. Al poco tiempo, luego de otros rápidos besos, ellos se apartaron por completo y dieron los últimos pasos para poder entrar en el salón. El primero en entrar fue Mirko y la profesora lo miró mal, pero su expresión cambió por completo al ver a Zora. Era su profesora de filosofía, Mirko siempre se dormía en esa clase, así que la profesora no lo quería mucho, pero a Zora sí, él siempre trabajaba en clases, aparte de que a veces ellos se ponían a charlar durante los tiempos de descanso que ella daba entre las clases. —Perdón profesora, Zora se sentía mal así que lo acompañe a la enfermería— Habló Mirko, tratando de que su voz fuera lo menos burlona y divertida posible, aunque no saliéndole mucho. Tenía una actitud muy relajada en lo que trataba de la escuela. —¿Es cierto eso, Zora?— Preguntó la profesora, desviando su mirada de Mirko a Zora. Zora solo asintió, nervioso y tímido, sus mejillas más coloradas de lo normal y sus labios fruncidos. Todos sus compañeros rieron, pero no por mucho, porque su profesora les hizo una seña para que todos callaran. —Está bien. Sientensen, chicos—Les ordenó su profesora, y ambos asintieron antes de obedecerla. —Pero que no vuelva a ocurrir. Mirko se fue hasta su asiento, al lado del de Stan, y Zora al suyo, al lado de su amiga Charlie. Stan tocó el brazo de Mirko y éste giró, la mirada de su amigo estaba fija en Zora. Mirko frunció el ceño. —Amigo, ¡lo follaste muy duro esta vez!— Exclamó entre susurros, medio sorprendido, medio divertido. —Lo dejaste hecho un desastre. Parece exhausto. —Stan, —reclamó en un tono de voz que aparentaba ser duro, pero termino de hablar y sonrió. —él me folla a mi—Le contestó Mirko molesto, su voz escuchándose más de lo normal. Stan abrió grande los ojos, al igual que varios de sus compañeros, aunque otros solo rieron. Zora, en su lugar, estaba más rojo de lo que nunca ha estado en su vida. —¡Tomlinson!— Le gritó la profesora enojada. —Disculpe, profesora— Murmuró Mirko, haciendo una mueca y encogiéndose un poco en su asiento, un poco avergonzado. Luego se giró de nuevo a Stan. Y continuó, susurrandole: —Sí, amigo. Nada es lo que parece— Le susurró, encogiéndose de hombros, despreocupado y divertido, y rió bajo al ver que su amigo seguía sorprendido. La corona de flores que él siempre llevaba encima de sus rizos, una diferente cada día, no las hace él, sino su hermana, Gemma. No las hace él porque es torpe para todo y eso no iba a ser la excepción. Pero a él no le molesta no saber, ni poder hacerlas, porque siempre elegía las flores con las que su hermana las hacía, amaba llevar coronas de flores, se sentía bonito con ellas, hacían resaltar sus rizos y lo que más le gustaba de su cuerpo eran sus rizos. Aunque claro que cada cosa tiene algo malo, y su corona de flores siempre traía burlas hirientes de parte de sus compañeros, aunque eso no le molestaba porque su novio siempre estaba para defenderlo. No importaba lo que pasará o si incluso se estaban burlando de él en ese momento, Zora siempre era dulce, tierno y lindo, en cualquier ocasión. Por otro lado, muy opuesto a Zora, estaba Mirko, su novio, quien no era para nada amistoso con nadie, siempre contestaba mal cuando alguien le hablaba, era sarcástico y hacía chistes de mal gusto e hirientes todo el tiempo. Tiene un millón de tatuajes y perforaciones, algunos que ni recordaba habérselos hecho, seguramente estando borracho o drogado, porque así era como pasaba la mayoría de sus fines de semana, borracho o drogado en alguna fiesta, o cuando eran un pocos más tranquilos solo la pasaba en la habitación de Zora o en la suya, teniendo sexo duro, porque así era como le gustaba al castaño y Zora no se quejaba en absoluto, es más, le gustaba, él era a quien más le gustaba el sexo duro, Mirko amaba eso de su novio. Mirko acostumbraba a vestir siempre de n***o, algunas veces su camisetas eran grises o blancas, pero eso sucedía solo en días especiales o cuando su novio se lo pedía (pero eso no pasaba muy a menudo, él aceptaba y amaba a Mirko como fuese), aunque lo que nunca variaban era el calzado n***o, ya que sino usaba sus converse gastadas negra (se veía más como un gris sucio), usaba sus vans de ese color o a veces, cuando salía, sus borcegos. Había estado preso varias veces, unas por meterse en peleas tontas que terminaban mal, u otras por estar en fiestas en las que se usaban drogas ilegales. Zora siempre lo sacaba, los policías ya hasta lo conocían, solo lo sacaban porque sabían que podía confiar en la palabra de Zora, aunque él estuviera mintiendo. Ellos vivían en un pueblo, por ello todos conocían a todos, a veces Zora no tenía ni que pagar la fianza por eso, porque o el policía conocía a alguien de su familia o algo parecido, aunque algunas veces si lo debía hacer, pero Zora siempre había salvando a Mirko, sacando el dinero de donde fuese y sacando a su novio de prisión lo más rápido posible. Zora y Mirko son muy diferentes, extremadamente diferentes. Pero tienen algo en común: ambos son impacientes, ansiosos y desesperados cuando se trata del sexo, ellos a veces no pueden ni siquiera esperar hasta estar a solas y tienen sexo en lugares públicos, siempre intentando ser los más cuidadosos posibles, claro, ellos no querían ir presos por ser unos calientes adolescentes. Eso era justo lo que les estaba pasando ese día, la tensión s****l casi podía tocarse. Ellos habían estado tocándose y susurrándose cosas en clases, y ahora, que estaban en el almuerzo, tenían sus manos sobre el otro. "Mirko creo que debes follarte a tu novio ahora mismo" Le comentó Stan, mientras rodaba sus ojos y llevaba un pedazo de su comida a su boca. "Ambos ya cansaron a todos con eso de estar tocándose y susurrándose cosas en clases" "O tal vez él debería follarme a mi" Murmuró mirando hacía Zora, quien se sonrojó violentamente por ello, soltando una leve risa. Había creído que nadie aparte de Zora lo había escuchado, porque no había hecho ningún comentario al instante, pero luego, cuando varios terminaron de tragar lo que fuera que había llevado a su boca, vinieron las fuertes carcajadas de los demás en la mesa y supo que si fue escuchado. Mirko no se preocupó en pelear sobre el punto de vista de otras personas, a él no le importaba, por lo que solo rodó los ojos y se dispuso a terminar su comida. A él seguía sorprendiéndole que pensaran que era quien la metía, porque él amaba tener una buena polla dentro suyo y que lo follen duro. Antes de Zora, había tenido algunas discusiones con personas con las que solo quería solo una follada casual y todo eso paso por su aspecto, ya que por éste los chicos creían que él iba arriba en el sexo y solo asumían que tenían que ser los que recibían o simplemente siempre intentaban ligar con él chicos a los que les gustaba recibir, cuando él era quien recibía, siempre, ya que no le gusta dar. Se le hacía incomodo, siempre pensaba que debía cuidar de más a las persona con la que estuviera y él no era para nada cuidadoso, nunca quiso terminar haciendo que a algún chico le sangre el culo. Sabía que estaba exagerando con eso, pero tampoco quería replantarse la idea, le gustaba que se la metieran y ya. Quizás también por su actitud, pero por Dios, la gente es muy idiota y se deja llevar rápidamente por las primeras vistas, Mirko odia eso. Con Zora, cuando se conocieron, no le pasó. Vio al rizado por primera vez en una fiesta, luciendo incomodo y como que no pertenecía allí, tenía un vaso rojo de cerveza en su mano, el cual era apretado por sus largos dedos (Mirko se había quedado mirando éstos por más tiempo de lo que fue necesario), y mordía fuertemente su labio inferior. Tenía una corona de flores rosas en la cabeza, sus rizos desordenados debajo de ésta, se notaba que se había peinado hace poco pero que no había durado para nada su cabello desenredado, y estaba vestido con unos pantalones ajustados negros, una remera lisa blanca y unas botas marrones. Mirko supo en cuanto lo vio que él no acostumbraba a ir a fiestas, así que aprovechó eso para hacerle bromas sobre su aparente inocencia, Zora no le mostró incomodidad en ninguna de ellas, le había contestado y se había reído con él. Así que, luego, una hora más tarde o tal vez un poco más, Mirko llevó a Zora escaleras arriba, para ese entonces Zora estaba un poco borracho, pero no lo suficiente para no saber que estaba haciendo, dejo en claro eso en cuanto entraron en una habitación vacía, ya que Zora lo había tomado de la cintura agresivamente y lo había besado de la misma forma. No tardó mucho en que Zora se lo terminara follando y mucho menos para que Mirko supiera que él era el indicado, quizás no para casarse o para ninguna de esas estupideces, pero sí para tener más que una sección de sexo. Y así fue, solo sexo, por un tiempo, hasta que Mirko se dio cuenta que quería más de esas charlas que tenían desnudos luego de tener sexo, más de esas sonrisas que se dedicaban mientras se quitaban la ropa, de esas charlas tontas que tenían cuando estaban borrachos o fumados en fiestas en las que asistían los dos, de esas sutiles caricias que se dedicaban rara vez cuando estaban en grupo con sus amigos en común, de esas risas bajas y roncas que Zora le dedicaba a cada uno de sus tontos chistes. Hasta que Mirko se dio cuenta que quería más de Zora. Y viceversa, claro. A el rizado también le había ocurrido algo similar y estaba más que feliz de tener a Mirko con él ahora, no solo porque en lo s****l coordinaban a la perfección, claro que no, sino por mucho más que eso, ellos coordinaban en todo lo que hicieran. Si se burlaban de Zora, Mirko lo defendía. Si a Mirko se iba mal en la escuela, Zora sabía exactamente como ayudarlo. Y así eran con todo, aunque muchos no podían entender como personas tan diferentes estuvieran juntos, ellos se entendían entre sí y era todo lo que importaba. Mirko nunca hubiera pensado que él y Zora iban a terminar siendo novios, Zora no era el tipo de chico con el que él acostumbraba a salir. Él acostumbraba a salir con hombres grandes, fuertes, que vestían casi siempre de negros e igual que él, estaban llenos de tatuajes y perforaciones. Los chicos como Zora siempre eran los que terminaban pidiéndole que les folle y él los terminaba rechazando de la peor manera. Eso había pensado que pasaría con Zora la noche que se conocieron pero se alegro terriblemente cuando no fue así. De repente Mirko, levantó una de sus manos y tiró con ella de un mechón de rizos de Zora, haciendo que su corona de flores se inclinara hacía un lada, él riera y se girara hacía Mirko. "¿Sí, amor?" Preguntó Zora, sus ojos verdes atentos a los movimientos de su novio. Mirko solo le sonrió lascivamente e hizo un movimiento de cabeza como respuesta, señalandole que debía levantarse, Zora lo hizo, con sus mejillas más rojas de lo normal y una pequeña sonrisa en sus labios. Cuando se levantaron y comenzaron a caminar hacía la salida del comedor de la mano, todos en la mesa bramaron exclamaciones e imitaron gemidos, insinuando lo que iba a pasar dentro de poco. Mirko solo rodó los ojos y rió al escucharlos, pero Zora se sonrojó aún más. De la mano, Mirko llevó a Zora hasta uno de los baños de la institución, éste no era muy grande, ni el lugar más cómodo para follar, pero era lo mejor cuando uno estaba caliente en la escuela, o por lo menos lo era para Zora y Mirko (aunque de seguro eran los únicos que estaban tan desesperados por follar que no podían siquiera esperar hasta salir de la escuela). Ellos lo habían hecho hace unos meses en una aula vacía, casi cuando estaba terminando sus últimas horas de clase, y no funcionó, casi los descubren, por suerte llegaron a vestirse rápidamente antes de que llegará un profesor que justo pasaba por allí, de no ser así hubieran sido expulsados. También habían follado en el armario del conserje y había resultado peor, ya que el conserje apareció y lo encontró en acción, al tiempo renunció. Ninguno sabía con certeza si había sido por ellos pero lo creyeron así, ya que antes de que eso pasara el conserje siempre los miraba con desprecio y disgusto. A ellos nunca les importó mucho, siempre lo vieron y recordaron como algo gracioso, así que no pensaron mucho en ello.
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