El regreso a la Fortaleza tras la aparición pública en el Mercado de Invierno fue abrupto. La atmósfera de familiaridad que habían proyectado hacia el mundo exterior se disolvió en el frío silencio de la mansión. El beso de Lucía en la mejilla de Alexander había actuado como un cortocircuito emocional, y él no podía permitirse reconocer el profundo efecto que había tenido. Alexander se dirigió inmediatamente a su oficina, con el pretexto de una reunión con su equipo de seguridad, dejando a Aurora y a los niños en el vestíbulo. Leo, perspicaz como siempre, notó la rigidez de su protector. —El Ejemplar está asustado —le susurró Leo a su madre. —No digas tonterías, Leo. Alexander Novak no se asusta de nada —replicó Aurora, aunque en su interior, sabía que su hijo tenía razón. El afecto inc

