C A P Í T U L O V: "¡Que mujer!"

1586 Words
Aunque quería irme a otro lugar y despejar mi mente, lo mejor era irme a casa, ya estaba lo suficientemente hecha pedazos como para terminar de destruirme con alcohol. Solo veía al fin el momento de tirarme en mi cama a llorar. ¿Cuanto más daño podrías hacerme Alessandro? Supongo que nunca es suficiente para que cosas malas me pasen ¿Es una señal del destino? ¿Acaso la vida me está diciendo que no debo ir en contra de la marea? Una vez alguien me dijo que si desobedeces, cosas malas te pasan. A veces pienso que desobedecí al dios de las desgracias y este me estaba haciendo pagar cada cosa. Le pedí a mi chófer que me llevará hasta mi edificio y así lo hizo. Al llegar un hombre alto y bien vestido se encontraba en la entrada de la recepción, podía verlo debido a la transparencia de los vidrios. Baje del auto y camine despacio hasta ahí. La mirada del hombre se posó en la mía a través de los inmensos ventanales cuando repentinamente se dió la vuelta y se dedicó desvergonzadamente a escudriñar cada centímetro de mi cuerpo que estaba a su vista. Una sonrisa ladeada de su parte me hizo estremecer. Suspiré y dije: — Buenas noches, aunque sería más buena si mi ropa logrará quedarse en mi cuerpo allí dentro en su mente. — dije señalando su cabeza. Sonreía con su perfecta dentadura blanca y bien cuidada, yo solo me fijaba en qué su estatura me sacaba casi que dos cabezas y media. — No me culpe, muchas veces las mujeres no cumplen con mis estándares y muchas veces no se logra ver tanta armonía junta, siéntase halagada. — Su voz era tajante y a la vez tenía esa intención de coquetear. — Primero me desnuda con la mirada y ahora me ordena que debo sentirme halagada. ¡Vaya ego! Terminé de caminar el trecho hasta la recepción para adentrarme a ella y él me seguía con la mirada. — Las mujeres por lo general agradecen. ¿Ahora se le llama ego a la sinceridad? Una risa burlesca salió de mis labios ignorando por completo lo primero que me dijo. Me detuve al pie del ascensor para responderle haciendo otra pregunta: — ¿Espera a alguien señor? — A mi socia, aunque no sé exactamente cómo es. Nunca nos hemos visto. — Sí, ya veo. Se le nota, usted tiene esos aires de dejarse dominar. Debe ser una mujer imponente. Una risa estruendosa pero a la vez cálida salió de su garganta. — Voy a ignorar el hecho de que me ve como un pasivo, respondiendo a lo otro. No lo sabría, ¿Usted lo sabe? Después de todo parece ser su vecina. — Bueno me pone en una situación difícil, yo soy aquí la única mujer imponente. Los engranajes de su cerebro parecen haber hecho clic y una sonrisa adorno sus labios. — Te estuve esperando. — Un gusto conocerte al fin en persona Lucca Di Santori. * El corazón de Di Santori latía desesperado, la mujer era aún más despampanante en persona y era en extremo interesante al igual que ocurrente. Habían estado trabajando arduamente durante seis meses y al fin pudo verla, la curiosidad por saber quién era la osada mujer, le carcomía hasta los huesos. La única hasta ahora capaz de ir en contra de la marea y por supuesto en contra de la familia Coppola. No desaprovecharía la oportunidad para verla y al fin conocerla. Ahora sabía que no se arrepentía ni lo más mínimo. ¡Qué mujer! Todo en ella, hasta su caminar derrochaba ingenio, inteligencia, sensualidad y encanto. Era algo que lo volvía loco. Definitivamente ella era su tipo. Lo que Di Santori no sabía era que ella era la nieta de los Coppola. Nada más y nada menos que la chica embarazada con la que quisieron casarlo forzadamente hace cinco años atrás. * — Aunque quisiera seguir aquí con esta batalla de miradas, quiero saber ¿Que te trajo hasta aquí? — Un carro. Mi boca soltó una carcajada. Cuando al fin pude parar, le respondí: — No me refería a eso sí no al motivo. Cómo si le hubiesen dado un coquito recordó el motivo de su presencia. — Aparte de venir a ver a mi socia, también vengo con unas inmensas ganas de hablar contigo de unas cosas. También hay noticias y unas firmas pendientes. — Este no es el lugar para hablar, subamos a mi apartamento. Terminé de dar los pasos hasta las puertas de la maquinita torturadora que nos llevaría hasta arriba, llamé al fin el bien llamado ascensor que nos llevaría a mi pequeño lugar seguro. Le hice una pequeña señal para que entrara, su cuerpo era tan grande que el ascensor se sentía pequeño con su presencia, un silencio nada incómodo nos embargo. No pensé que se pondría tan exquisito para la vista con el pasar de los años, sin duda ahora se le ve mucho más guapo e interesante, más maduro. Me reprendí por andar pensando en estás cosas. El sonido del ascensor indicando que ya habíamos llegado a mi departamento me hizo retomar la compostura. Lo invité a tomar asiento y este de inmediato comenzó a hablar. >> Cómo sabrás hace unos momentos toda Roma se revolucionó debido a la confesión del magnate codiciado, tengo unos documentos aquí que te harán volar la cabeza, resulta que Alessandro Fiore ha estado durante un poco más de cinco años con esta mujer— se quedó pensativo por un momento como buscando el nombre de la susodicha —…Verónica, es la misma edad que tiene el hijo que acabo de presentar al mundo. Supongamos que ella es la madre, bueno tiene que ser la madre ¿Quien si no? Lo que me parece extraño es que del niño, por más que trate y trate, no pude encontrar ni una pizca de información. No logro entender porque lo mostró al mundo así tan repentinamente. A mí me se vinieron los recuerdos de hace alrededor de una hora atrás y mi corazón se sintió de nuevo con esa opresión que me mataba, volvía a revivirme para seguir con la tortura y volver cruelmente a dejarme hecha pedazos. ¡Que linda la familia que has formado Alessandro! Una familia sin mí, mejor dicho una que me negaste. Mis ojos se sintieron borrosos debido a las lágrimas que se estaban formando para salir, las detuve casi que de inmediato cuando Lucca preguntó: >> ¿Conoces a Alessandro? Espabile y supe que me estaba dejando llevar por los sentimientos, eso no era una opción así que como es costumbre le pregunté también: — ¿Tiene él algo que ver con los Coppola? — Sé que se odian, son principales rivales solo eso. De que estén juntos, nunca he escuchado de eso. — Entonces es irrelevante, prepárate que nuestro golpe ya tiene que ir tomando impulso. * A Lucca le hacía tanta ilusión ver toda la ira contenida que surcaba el angelical rostro de su socia. ¿Cuál era el motivo para que su rencor hacia ellos fuera tan grande? Se preguntaba. La pasión que ella le ponía para hacerle pagar sus motivos a la familia Coppola eran tan grandes que resultaban ser asfixiantes. Lo que era desconocido para Lucca era que ella venía trabajando con sudor y lágrimas durante cinco años para que su poder incrementará, se había propuesto ser una mujer poderosa y lo había logrado, en el camino, sin querer descubrió que él, Lucca había abierto una nueva empresa con la familia Coppola. Investigó sin cansancio durante todo un año, hasta dar con lo que quería, él estaba ideando un plan secreto para conducir está empresa a la perdición. Él también quería vengarse de los Coppola. Sin saber sus motivos ella decidió cooperar con él. * Krista observaba cómo Lucca la miraba impresionado. Sentía el orgullo recorrer sus venas, ahora en el presente, era todo lo que se había jurado ser hace un tiempo atrás. Una mujer imponente y poderosa. — A todas estas, no me has dicho porque o cuál es tu razón para vengarte de los Coppola. — Dije con un tono interesado que llenó de dicha a Lucca. Lo sé, podía ver cómo su cuerpo se hinchaba de ego, mostrar interés y luego desplomar todo esto era un tipo de psicología destructiva que a menudo lograba darme buenos resultados. — No es una venganza, es cuestión de honor. — contesto con mucho regodeo. Lo miré interesada. — ¿Te ensuciaron? — pregunté. — Intentaron hacerlo, me juraron y prácticamente me forzaron a un matrimonio. ¿Lo malo de esto? La mujer estaba embarazada de otro. Tragué grueso a lo que él agregó: >> Solo quiero hacerles un regalo, la traición se paga con traición. — ¿Por eso condenaste una mitad de tus bienes? Es una completa locura. — Tu también tienes una razón Krista, siempre hay una. No importa como, no importa porque, razón es razón sin importar su condición. El arte de la venganza es complicado, algunas veces debemos perder cosas para recuperar otras. — ¿Qué cosa recuperarás con esta venganza? — El honor de la familia Di Santori. Suspiré y le di la razón asintiendo. Por nada del mundo Lucca Di Santori puede enterarse que el motivo de su venganza fueron los errores de mi pasado. Jamás puede enterarse que yo era la mujer embarazada con la que fue forzado a casarse. *************
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD