Mansión Fiore, Roma Italia.
Verónica desde muy temprano se encontraba en la mansión Fiore, con una revista en una mano y un café de Starbucks en la otra, se encontraba con una sonrisa de oreja a oreja leyendo la candente columna de chismes del día después del banquete. Se sentía satisfecha ya que era ella de portada, en esa y otras revistas más su espectacular familia de tres abarcaban desde la portada hasta la página tres. Se fue directo a la sala pensando que si seguía así cómo iba, muy pronto todo sería de ella incluyendo a Alessandro.
La imponente figura de Alessandro hizo acto de presencia en la sala y Verónica de inmediato se puso de pie.
— ¿Qué haces aquí? Después de todo el acontecimiento de anoche pensé que no tendrías las agallas para venir.
Le encantaba en extremo cuando su voz sonaba con ese toque de dureza, era su momento para ponerse en plan melosa y hablarle tiernamente.
— Ale querido, Max anoche quería estar contigo. Me lloraba diciéndome que quería estar contigo, le dije que por favor esperara pero él insistía en estar junto a ti. Le propuse que lo llevaría hasta donde estabas con la condición que no te diría papá a los cuatro vientos. De hecho me prometió que no lo haría, pero ya ves lo que pasó. Es un bebé después de todo, no podemos culparlo por eso. Hoy me siento un poco mal, no quisiera pelear contigo.
— Entonces bien puedes irte, hoy no te necesito.
— Ale amor, no seas tan cruel conmigo hoy. Solo me sentaré aquí un momento a esperar que mi dolor de cabeza desaparezca un poco.
Maximiliano se encontraba escuchando lo que decía Verónica y aunque él pensaba firmemente que a las mujeres había que tratarlas con respeto, se vino a su mente el mismo sobrenombre que describía a la perfección a "la amiga" de su padre: Bruja venenosa. Suspiro y esto puso sobre aviso a su progenitor.
— ¿Escuchabas a escondidas campeón? — Alessandro le preguntó, sabía que su padre odiaba que él hiciera aquello. Así que negó con su pequeña cabecita y le respondió:
— Iba al baño…— en su mente bailaban las dudas de si debía o no decirle papá a Alessandro.
— Descansa un poco, iré a acompañar a Maxi al baño. — Dijo Alessandro refiriéndose a la bruja venenosa.
Tomó la mano de su niño y fueron juntos al baño. Ya en el sanitario Maximiliano hizo lo que debía y se detuvo por un momento frente al espejo del baño, su padre lo observaba atento. Alessandro sabía que había algo que lo molestaba, pero quería dejar que fuera él quien le hablara primero.
— ¿Entonces te avergüenzas de mí y por eso no quieres que te llame papá en público? — La voz de Maximiliano que siempre se escuchaba cálida cuando hablaba con Alessandro, está vez parecían unas cuchillas de hielo.
Él no dudó en darle la vuelta a Maxi y quedar cara a cara con su pequeño príncipe.
— ¿Quién te dijo eso Maximiliano?
— Lo escuché. — En sus pequeños ojitos se estaban formando ya gruesas lágrimas.
— ¿Entonces si escuchabas a escondidas? — preguntó Alessandro notablemente molesto.
— Iba llegando cuando Verónica te decía muchas mentiras de mí— las pequeñas manos de Maximiliano jugueteaban nerviosas con los tirantes del pequeño traje que se había puesto hoy. —. Yo no hice lo que ella dijo.
— Escúchame atentamente Maximiliano, eres mi hijo, el amor de mi vida. Mis ganas de salir adelante siempre, de ser mejor persona cada día y más importante de ser el mejor papá. Yo jamás me avergonzaría de tenerte y mucho menos me avergüenzas tú, lo que eres, lo que representas, al contrario eres mi mayor orgullo mi peque.
Las lágrimas del niño ya cubrían sus ojitos azules iguales a los de su madre. Era la viva imagen de su padre, pero sus ojos eran los de Krista. Alessandro supo que toda esta situación había sido planeada por Verónica, ella había insistido antes en que Maximiliano los acompañará la noche anterior al afamado banquete. Al ver que él no iba a dar su brazo a torcer en cuanto a decirle al mundo de la presencia de Maximiliano, ella de alguna manera había manejado las cosas a su favor y antojo.
Después de llenar a Maximiliano de besos y abrazos, le preguntó:
>> ¿Cómo pasó todo?
— Yo estaba viendo la tv cuando ella entró en mi habitación del Santorini, me dijo que debía vestirme elegante y seguirla obedientemente y así obtendría de una vez por todas a una excelente madre para mí.
Alessandro escuchaba atento y se llenaba a la vez de una inminente irá, saber que Verónica estaba engañando a Maximiliano de la manera más cruel para su propio beneficio era algo muy ruin de su parte.
>> La seguí como dijo y fue entonces cuando te ví bailando con la chica misteriosa, me alegré por un momento y pensé que ella sería mi mamá. Por eso te llamé papá, yo también quería bailar con ella. Pero después ella se fue y Verónica dijo esas palabras a esas personas y yo… yo no quiero que ella sea mi mamá papá.
El corazón de Alessandro se achicaba y de inmediato volvía y se agrandaba. El fuerte palpitar causado por las palabras de su niño lo invadieron de una fuerte tristeza y de una frustración que era capaz de alcanzar la estratósfera.
Era el tema más difícil cuando se hablaba.
— Maximiliano, nada ni nadie podrá jamás quitar a tu madre de su puesto. Ella siempre será tu mamá, mi pequeño y pronto estarás junto a ella porque te prometo que la encontraré. Recuerda que nadie nunca puede obligarte a hacer lo que ellos quieren si no es lo que tú deseas.
Maximiliano asintió y sonrió ante la promesa de su padre, aunque ya llevaba un tiempo escuchando aquella promesa, cada vez le daba más ilusión. Alessandro era su super papá y él muy en el fondo sabía que su padre cumpliría en algún momento su palabra.
*
El día en la mansión Fiore pasó volando, más rápido pasaba cuando Alessandro y Maximiliano simplemente ignoraban a Verónica. Está se harto y terminó marchándose. Llegó la noche y con ella también el sueño, Maximiliano se quedó dormido escuchando una canción de cuna que su padre solía cantarle desde que tiene memoria.
Debido a que era su día libre, Alessandro decidió sentarse un rato en el balcón de su propiedad cuando el timbre de su teléfono móvil lo sacó de sus pensamientos.
¿Quién será a esta hora?
Se preguntó. Era un mensaje de Karim, su mejor amigo y heredero de la familia Labriola. Era el vídeo del Santorini que le había pedido horas antes.
En dicho material se podía observar como evidentemente Veronica entraba a la habitación del pequeño Maximiliano y le entrega un pequeño traje que era muy igual al de su padre la noche del banquete, después que Maxi estuvo listo arreglo su cabello, lo saco al pasillo y lo cargó entre sus brazos. Lo demás es ellos llegando al gran salón del banquete.
La sangre de Alessandro hervía, ya tendría tiempo de poner a Verónica en su lugar. Por su cabeza rondaba una pregunta que no dudo en hacérsela a su amigo, testeo el mensaje y lo envío:
" ¿Cuál y cómo está la relación entre Krista y la familia Coppola? ¿Aún no sabes nada?. "
Espero pacientemente un par de minutos para recibir la respuesta que ya muy en su corazón sabía.
"No hermano, aún nada. Hay mucho dinero involucrado o simplemente un trabajo bien hecho, por más que he intentado son cinco años sin dar con nada".
Maldijo por lo bajo ¿Cómo podía defender a Krista? ¿Cómo defendía su ausencia? Habían más pruebas en su contra que a favor. Aunque en su corazón aún había esa pequeña esperanza de que todo fuera mentira.
" Debe haber algo, un fallo. Algo que demuestre que paso, yo la conozco mejor que nadie y no la creo capaz de hacer algo así. Ella simplemente no es capaz de vender a su hijo."
La respuesta de su amigo no se hizo esperar mucho está vez:
" Tienes que aceptarlo ya Alessandro, ella simplemente usó a Maximiliano para su beneficio, exactamente por dinero".
Con lágrimas en sus ojos Maximiliano negaba aquello, se negaba a aceptar esas acusaciones.
"Yo la ví, ella volvió Karim. Exactamente en el banquete. "
Alessandro se cuestionaba si había sido buena idea o no contarle a su amigo, pero no pudo negar que en la respuesta que le envío todo se conecto y supo que tenía razón.
"Piénsalo Alessandro, quizás ya se quedó sin dinero y volvió por más. Ella te busco en el pasado para embarazarce de ti y luego venderte a tu hijo".
Las lágrimas ya surcaban el rostro molesto de Alessandro, eran lágrimas amargas, tan amargas como el día en qué Krista se fue y lo abandonó. Ese día ella insistía mucho en formalizar la relación y también mencionaba sospechosamente a los niños. Todo fue un maldito plan desde el principio. ¿Cómo olvidar la llegada de Maximiliano a mi vida? Recibí a mi hijo junto a una factura de cinco millones de dólares, cuando debía de estar recibiendolo de los brazos de su madre.
" La haré pagar desde el sufrimiento de Maximiliano hasta los cinco millones".
La respuesta de Karim llegó acompañada a unas caritas riendo:
"Solo no te engañes a ti mismo Alessandro ".
Y aunque él no le creyera, iba a hacerlo. En verdad iba a tomar acciones contra la mujer misteriosa.
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