Me rio.
Tiene razón, la maternidad se ha vuelto para mi un extraño juego en el que crio a dos personas que no sepan lo horrible y desastroso que es el mundo, me esfuerzo a diario por ellos y espero que ellos se esfuercen a diario por lo que quieren. A lo largo de mi vida he aprendido que si finges que las cosas van bien, siempre terminan bien.
Termino de preparar la comida y me siento a comer solo con Asher. Ederne se ha quedado dormida, debió estar cansada por estar todo el día jugando con las muñecas. No llevo mucho tiempo en Massachusetts, todavía no me adapto a las costumbres de las personas de aquí, en los seis meses que he pasado no he conocido a mi jefe, cuando entre estaba de vacaciones en Londres, me dijeron que regresaría hoy y que quería a todos los nuevos empleados en fila. Me asusta pensar que voy a conocer al hombre del que todo Massachusetts habla.
—Cuando Ederne se despierte le dices que baje a comer, no te quiero volver a ver fumando dentro de la casa ni trayendo a chicas a escondidas porque si me entero voy a molestarme y no tendrás más permisos.
—Muy bien.
—Hablo enserio, Asher.
El asiente y ruedo los ojos.
Puede que no me haga caso, conociéndolo hará lo que digo por un par de días y luego va a desaparecerse, me gustaría pensar que Asher tendrá un buen futuro o que sus días están asegurados, pero a veces me preocupan los comportamientos que tiene. Ser madre soltera de dos hijos no me resulta para nada sencillo.
Subo las escaleras de la casa y me encierro en la habitación, le paso el pestillo a la puerta, pongo música a todo volumen con la corneta que está allí y enciendo el televisor.
Es mi momento de un poco de paz y relajación.
Introduzco un dedo dentro de mí y empiezo a acelerar un poco la penetración, me remuevo y abro más las piernas, la sensación hace que el estrés que tenía hace un rato disminuya. No he tenido sexo en días y eso me ha afectado. Cuando termino me quedo dormida con la música sonando y en ropa interior.
La mañana siguiente continuo con mi rutina habitual, le hago el desayuno a los chicos y le pido a Asher que lleve a Ederne a la escuela antes de irse. Leon viene a buscarme y hace que el camino al trabajo no sea tan tedioso.
—Buenos días, preciosa.
—No son tan buenos.
—¿Ha empezado mal?
—No, pero siento curiosidad de saber cómo luce el jefe.
—Vas a sorprenderte —se ríe y frunzo el ceño.
—¿Por qué?
—Es joven, guapo y millonario.
—Suena como un buen partido.
—Y va a postularse para alcalde.
Alzo las cejas sorprendida. Vaya no esperaba que nuestro jefe fuera el sueño húmedo de toda mujer con las cosas claras, me sorprende que existan hombres así aquí. Siempre he pensado las cosas más veces de lo que me gustaría, todo lo sobre pienso, debo tener un plan antes de llevar a cabo una acción porque si no lo hago me sentiré culpable o insegura.
—Es el hombre que necesito en mi vida.
—¿Quieres a un hombre millonario para sentirte realizada?
—Quiero a un hombre millonario para sentir que he hecho algo bueno con mi vida, es así y no hay más.
—Las mujeres a veces son tan superficiales.
—¿Tu no lo eres, Leon?
Lo observo esperando su respuesta, se que no es coincidencia que se haya interesado por mí. Soy una mujer joven, rubia, de ojos azules y sonrisa brillante. Basándome en el estereotipo americano soy la chica perfecta de muchos. Ser bonita me ha servido mucho en la vida, he conseguido varias cosas gracias a eso, desde pequeña he aprendido que los hombres mueren por una mujer joven y con curvas.
—Lo hago, pero no es eso lo único que importa o resalta en una persona.
—Me siento intrigada por saber qué crees que deben hacer las mujeres para ser personas decentes y dignas de un hombre como nuestro jefe.
—Si lo dices por ti, pienso que eres genial.
—No has respondido mi pregunta —contesto incomoda apartando la mirada.
—No se que decirte, una mujer puede conseguir lo que quiere incluso con una buena personalidad no es solo ser bonita.
—¿Te fijaste en mi porque tengo una personalidad atractiva? —pregunto irónicamente.
—Me fije en ti porque no he conocido a ninguna mujer que tenga tan en claro sus metas y lo que quiere, por eso me fije en ti, porque se que cualquier cosa que te propongas puedes tenerlo y eso es genial Ginny.
—Joder, por poco te lo creo.
Va a rechistar pero alzo la mano para que se quede callado, no necesito que me mienta o que me ponga excusas de algo en lo que no estoy interesada. Llegamos a la oficina y me bajo del auto, el viento choca contra mi rostro y suspiro.
Pase toda la noche investigando sobre él, quería tener hasta la más mínima cosa bajo mi poder, me convenia, sus gustos, saber lo que disfruta o lo que le disgusta me podría ayudar a caerle mejor. Cuando tienes una buena relación con tu jefe y eres cercana a el obtienes beneficios que los demás no. Es bueno tener ventajas sobre las demás personas, te ayuda a resaltar y vivir mejor.
Leon me sonríe e intenta agarrarme del brazo, pero me aparto.
—No aquí.
—Vas a meterte con él.
—No, pero quiero que sepa que estoy soltera y con ganas de tener a un hombre como el en mi cama asi que necesito que por hoy te mantengas un poco lejos.
—Ginny, estas actuando como una perra por un hombre que ni siquiera conoces y no has visto.
—Siendo como soy he llegado hasta aquí, apártate Leon.
—No vas a volver a buscarme si me ignoras en todo el día.
Frunzo el ceño.
—¿No vas a apoyarme en esto?
—¿Y si te arrepientes?
—No voy a arrepentirme.
—Prométeme que no lo harás.
—Lo prometo —miento, no estoy segura de que vaya a salir bien el hecho de acercarme a él, tengo en mente algunas de las cosas que podríamos hablar, pero no necesariamente va a funcionar. Hacer esto e intentar acercarme a él es jugar con parte de mi trabajo.
—Te llevare en la noche, si consigues algo con el me avisas para no esperarte o estar preocupado.
—Gracias —susurro.
León entra primero y me acomodo un poco la ropa, tengo la esperanza de encontrarme con el antes de entrar, pero eso no sucede. La oficina esta revuelta, todos los empleados caminan de un lado a otro acomodando y limpiando la estancia. Llega en una hora y las cosas nunca se habían visto tan limpias y ordenadas como hoy. Me pregunto cuanto tiempo les durara la esperanza de mantener todo ordenado.
Algunas de mis compañeras de trabajo lo conocen, son un pequeño grupo selecto de chicas que no han dejado de maquillarse y cuchichear entre ellas, por otro lado, yo me limito a sentarme en mi puesto de trabajo y a ir adelantando lo de hoy. Cuando llegue puede que sea a única que haya terminado sus labores.
Las horas avanzan y el jefe no llega, nos hemos quedado esperando a un hombre que no aparece, su nombre estuvo sonando todo el dia pero no apareció, fue invisible, no le tomo importancia a que todos estuvieron pendientes de el ni que cada uno se apresuro con sus labores solo porque el llegaría hoy y no querían disgustarlo. Ocasionalmente le lance algunas miradas a Leon para hacerle saber que la situación me causaba gracia.
Leon niega con la cabeza.
El horario laboral termina y todos recogemos nuestras cosas, es hora de irse a casa, el plan de hoy ha fallado por completo y ninguno de nosotros sabe si Aegan sea capaz de venir mañana.
—Voy al baño y después nos vamos, dame un momento.
—No te preocupes, ve.
—¿Me esperas afuera?
—Bien, quiero caminar un poco de todas maneras —respondo con sinceridad.
Alejarme de Leon me sirve un poco para pensar, ese hombre ha tenido los huevos para hacer que sus empleados se carcoman la cabeza un dia entero y no aparecer. Supongo que al menos podría haber avisado, no le costaba tanto. Camino por el estacionamiento y veo a un chico ebrio con una botella en la mano, un auto se esta acercando a el pero no se quita, mi cuerpo no reacciona, parpadeó con lentitud hasta que reacciono y salgo corriendo en su dirección.
No se si voy a llegar a tiempo, pero no quiero sentirme culpable por su muerte.